CIUDAD DE MÉXICO.- En el cierre de 2025 y el inicio de 2026, los datos más recientes sobre consumo de libros en México muestran un panorama complejo: existe una base amplia de población alfabetizada, pero solo una porción relativamente acotada compra libros de manera efectiva. Según el último informe sobre consumo de libros elaborado por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) junto a Nielsen (pueden descargarlo completo), alrededor del 18,5% de los adultos adquirió al menos un libro en el último año, lo que equivale a poco más de 18 millones de compradores.
El perfil del comprador de libros revela una fuerte segmentación que atraviesa edad, nivel socioeconómico y hábitos de consumo. De acuerdo con ese mismo relevamiento, el mercado presenta algunos rasgos consistentes:
La compra se distribuye de manera bastante pareja entre hombres y mujeres.
La mayor penetración se concentra en los grupos de 18 a 34 años, con una caída progresiva en edades más altas.
El nivel socioeconómico sigue siendo determinante: los sectores medios concentran la mayor cantidad de compradores en términos absolutos, mientras que los niveles altos muestran una penetración significativamente mayor.
Intensidad de compra anual: 32,4% de los lectores compraron entre 1 y 2 libros, el 32,8% compraron entre 3 y 5, y el 34,8% más de 6 libros.
El libro impreso continúa siendo el formato dominante, aunque el consumo digital —e-books y audiolibros— ya representa más de una quinta parte de las compras y se consolida como complemento estable.
El informe también pone en evidencia que el precio aparece de manera reiterada como uno de los principales obstáculos para ampliar el consumo. Una parte importante de quienes no compran libros declara que los considera caros o que accede a contenidos gratuitos, ya sea mediante préstamos, bibliotecas o archivos digitales.
En este contexto, vuelve a cobrar fuerza el debate sobre la implementación de una tasa cero de IVA para librerías, presentada como una herramienta para reducir precios al público, mejorar la competitividad del sector y sostener a las librerías físicas frente a plataformas digitales y grandes actores del comercio online (FIL, 4 minutos).
Un punto adicional que surge de los datos es la centralidad de los canales de venta y su impacto en la visibilidad del libro. Las librerías físicas siguen siendo un espacio clave para la compra, especialmente entre lectores habituales, pero enfrentan una presión creciente por parte del comercio electrónico y otros formatos de acceso.
El año 2026 se perfila como un punto de inflexión para definir si el libro será tratado como un bien cultural estratégico —con políticas específicas que acompañen su circulación— o si continuará enfrentando barreras económicas que limitan su acceso. En ese cruce entre datos de consumo, estructura de mercado y decisiones impositivas se juega buena parte del futuro inmediato del ecosistema editorial mexicano
AM.MX/fm
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