● Cada partido del Mundial 2026 convertirá al Estadio Azteca en una máquina de consumo: millones de litros de agua y toneladas de residuos concentrados en solo unas horas.
● Frente a ese escenario, Somos PURA cambia la lógica del consumo en los estadios: agua en el punto de consumo, menos plástico y más control sobre un impacto que ya no puede seguir pasando desapercibido.
CIUDAD DE MÉXICO.- Más de tres mil millones de pesos costará la remodelación del Estadio Azteca rumbo al Mundial. Esa cifra ya ocupa los titulares; lo que casi no se menciona es el otro costo del proyecto: los millones de litros de agua que se consumirán durante la obra y que seguirán fluyendo, partido tras partido, cuando el estadio entre en operación.
El gasto de agua empieza mucho antes del silbatazo inicial: la preparación de los materiales, limpieza de maquinaria y las necesidades básicas de cientos de trabajadores. Luego están la climatización, los servicios sanitarios y el consumo humano. “En la construcción, el agua no es un tema menor, cuando falta, la obra se frena y el proyecto se compromete”, advierte Lucas Barrionuevo, cofundador de Somos PURA, empresa especializada en purificación de agua.
Ese es el tamaño del reto y los números lo confirman, de acuerdo con Arquima, una construcción convencional requiere en promedio 686 litros de agua potable por metro cuadrado. En una intervención de la escala del Coloso de Santa Úrsula, oficialmente llamado Estadio Banorte, cada superficie remodelada incrementa la presión sobre un recurso, del cual solo el 0.007% del total existente en el planeta está disponible para consumo humano.
Eventos masivos, cuando la demanda se dispara
El próximo 11 de junio, fecha en la que México disputará el partido inaugural de la Copa Mundial de Futbol, el inmueble enfrentará uno de los mayores retos hídricos de su historia. Con una capacidad cercana a las 90 mil personas, cada encuentro concentrará un consumo intensivo en pocas horas. A esto se suma la generación de residuos. De acuerdo con Gravity Wave, los eventos deportivos de gran escala pueden producir miles de botellas de plástico desechables por jornada, un volumen que representa un desafío ambiental adicional para los cinco partidos que se jugarán en el recinto.
“Cuando un estadio de esta magnitud opera dependiendo del agua embotellada como principal fuente de consumo, la demanda se traduce en toneladas de plástico de un solo uso, además de una mayor exposición a riesgos asociados a los microplásticos”, señala Leandro Barrionuevo, también cofundador de Somos PURA.
Hacia un modelo más sustentable
Ante este panorama, los sistemas de filtración en sitio ganan relevancia porque cambian una dinámica conocida, menos dependencia de agua embotellada, menos logística y menos residuos acumulados. El agua se consume donde se necesita, con menos plástico, mayor control e impacto.
El debate es operativo y de largo plazo. En un estadio que funcionará durante décadas, las decisiones técnicas tomadas hoy definirán costos, eficiencia y gestión para el futuro. Por ello, extender el uso de los recursos responde a una lógica práctica para eventos de gran escala.
“La economía circular no es un concepto lejano; es una forma de evitar desperdicios desde el diseño. En un recinto que recibirá a miles de personas por años, los sistemas que se instalen determinarán el impacto de su operación mañana”, concluye Lucas Barrionuevo.
AM.MX/fm
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