CIUDAD DE MÉXICO.- Con una inversión de 5 mil 63 millones de dólares en 2024, concentrada principalmente en expansión y mantenimiento según CAMIMEX, la disciplina operativa es decisiva para proteger la rentabilidad.
Zulma Herrera advierte que sobrecostos en compras, mantenimiento reactivo y proveedores deficientes no detienen la producción de inmediato, pero sí comprometen la viabilidad financiera de los proyectos.
La minería puede operar a plena capacidad y, aún así, perder dinero sin notarlo de inmediato. Las toneladas se extraen, los contratos se cumplen y los reportes reflejan actividad constante; bajo esa superficie productiva existen fallas internas que reducen márgenes en silencio. El riesgo no siempre proviene del mercado; con frecuencia nace dentro de la propia operación.
De acuerdo con la Cámara Minera de México (CAMIMEX), en 2024 el sector minero registró una inversión total de 5 mil 63 millones de dólares, concentrada principalmente en expansión y mantenimiento de operaciones. Esta cifra confirma que el capital permanece activo, mientras la presión en costos, los procesos regulatorios más estrictos y las expectativas crecientes de clientes internacionales elevan la exigencia operativa.
“Las empresas mineras son capaces de extraer materiales del subsuelo aun cuando existen ineficiencias internas. El problema surge cuando esas fallas se acumulan y afectan costos, activos y compromisos comerciales sin alertas oportunas”, explica Zulma Herrera, empresaria e inversionista del sector minero.
En este contexto existen fracturas operativas que no detienen la producción de inmediato, pero reducen la rentabilidad de forma progresiva. Son fugas silenciosas que, cuando no se atienden, terminan por afectar la viabilidad de los proyectos.
¿Cuáles son las tres fugas silenciosas que amenazan con drenar la minería?
Compras con sobrecostos: Las mineras que carecen de controles de precio en sus procesos de adquisición enfrentan desviaciones recurrentes. Órdenes sin validación de mercado, dependencia de proveedores únicos y negociaciones sin comparación de alternativas elevan costos operativos y reducen márgenes de forma sistemática.
Mantenimiento de emergencia: Operar bajo un esquema reactivo multiplica los costos y acorta la vida útil de la maquinaria. La prioridad en la reparación frente a la prevención incrementa gastos imprevistos, reduce horas productivas y compromete contratos.
Proveedores deficientes: Un proveedor que incumple tiempos, entregas o certificaciones impacta de forma directa en la relación con compradores internacionales. Sin controles claros, la minera pierde credibilidad comercial y enfrenta penalizaciones contractuales que deterioran resultados financieros.
Tres acciones para cerrar estas brechas
La buena noticia es que las fugas se pueden evitar con una estrategia operativa sólida. Las compañías que fortalecen su posición en el mercado implementan mecanismos de control claros y sostenidos:
Auditoría constante: Detectar desviaciones de precios, monitorear equipos críticos y evaluar el desempeño de proveedores antes de que el impacto alcance la estructura financiera.
Activar controles por umbrales: Establecer límites máximos de costo por insumo, intervalos obligatorios de mantenimiento preventivo y estándares precisos de cumplimiento para cada proveedor.
Implementar alertas tempranas: Implementar sistemas que identifiquen precios fuera de rango, ciclos de mantenimiento próximos y retrasos relevantes en entregas.
“La minería no pierde competitividad por un evento catastrófico. Se pierde por pequeñas fracturas que se repiten de forma constante. Cerrar estas fugas no requiere inversiones desproporcionadas; demanda visibilidad operativa, control y decisión para actuar antes de que el daño resulte irreversible”, concluye Herrera.
AM.MX/fm
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