LOS CAPITALES: La colección Gelman, embajadora del arte mexicano

Por EDGAR GONZALEZ MARTINEZ

Cuando Diego Rivera pintó el retrato de Natasha Gelman, lo que empezó como un encargo especial, se convirtió en uno de los acervos de arte moderno mexicano más relevantes. La colección Gelman comenzó a reunirse desde los años 40 y hoy se integra con más de 200 obras (a las que se han añadido incorporaciones posteriores) y ha crecido bajo la idea clara de preservar y compartir.

Tras la muerte de Jacques Gelman en 1986, Natasha no solo confió la administración, sino también el destino del acervo, al curador Robert R. Littman a quien se definió como legatario, es decir, quien recibe un bien específico por voluntad de quien lo legó. En su testamento, firmado en 1993, Natasha dejó una instrucción precisa: que la colección fuera difundida en México y que también viajara al exterior para ser conocida. No decía y, vale subrayarlo, que no debía salir de México, aunque ese ha sido uno de los puntos más debatidos en los últimos años.

Durante décadas, este documento se ha interpretado de diversas formas sin conocerse a fondo. Lo cierto es que la propiedad de la colección fue confirmada legalmente en favor de Littman, y en 2023 se concretó su adquisición por parte de la familia Zambrano, en un proceso legítimo. Más allá del ruido, estamos ante una colección privada, sujeta a reglas, pero también a derechos.

Hoy, la colección vive un nuevo capítulo, por primera vez en casi 20 años se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Chapultepec, donde miles de personas ya la han recorrido admirando obras de Frida Kahlo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo, entre muchos otros.

El acuerdo con la Fundación Banco Santander para su gestión, así como la participación del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, buscan algo sencillo pero fundamental: conservar, cuidar y difundir. Las obras viajarán, sí, pero con supervisión, con reglas claras y con fecha de regreso. ¿El objetivo?: proyectar el patrimonio, mas no perderlo.

El debate de fondo no está en si las obras deben salir o quedarse, sino en cómo entendemos hoy la circulación del arte. En los últimos 25 años, la colección ha estado en decenas de museos alrededor del mundo. Esa visibilidad también es una forma de identidad y es una manera de que el arte mexicano sea conocido en el mundo. La colección es una embajadora del arte mexicano para que sea conocido y apreciado internacionalmente.

Lo preocupante es cuando la discusión se contamina con desinformación o lecturas parciales. Se confunden conceptos legales, se mezclan emociones con hechos y se pierde de vista lo esencial: la colección sigue siendo mexicana, sigue siendo visible y sigue cumpliendo, en buena medida, la voluntad de quien la reunió.

La política económica en 2027, apunta a ser responsable y prudente: BBVA México. 

Los Pre-Criterios Generales de Política Económica 2027 apuntan a hacia un marco fiscal caracterizado por una política responsable y prudente. En primera instancia, argumentan analistas de la institución crediticia, la sostenibilidad de la trayectoria de la deuda pública funge como pilar clave de la estabilidad macroeconómica. Segundo, se busca una normalización gradual del déficit público acompañada por un gasto más eficiente. Finalmente, la recaudación tributaria se fortalece al mismo tiempo que se sigue una estrategia de financiamiento de bajo riesgo enfocada en pasivos denominados en moneda nacional a tasa fija y con vencimientos de largo plazo. No obstante, en un entorno marcado por debilidad económica interna, un reducido espacio fiscal e incertidumbre externa generada por conflictos geopolíticos y la política comercial de Estados Unidos, el gobierno federal tendrá un menor margen de maniobra de materializarse un escenario con menores ingresos públicos a los previstos. Los analistas dicen que ha venido reduciendo el espacio fiscal. Después de hacer frente a los conceptos ineludibles del gasto —participaciones y aportaciones, pagos por concepto de pensiones y el servicio de la deuda—, únicamente se dispone de 32% de los ingresos presupuestarios para destinar al gasto discrecional. Esto equivale a solamente 8% del PIB. Se trata, además, de un cálculo conservador, ya que los programas sociales incorporados en la Constitución no constituyen gasto discrecional. El espacio fiscal sería menor a 8% del PIB.

loscapitales@yahoo.com.mx
Twitter: @Edgar4712

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