CIUDAD DE MÉXICO.- La figura de Alejandro Martínez Araiza, secretario general del Sindicato Nacional de Alimentos y del Comercio (SNAC), atraviesa su peor momento político y operativo. Lo que antes se gestionaba como un conflicto interno bajo la sombra de un cacicazgo heredado, hoy se ha convertido en un riesgo sistémico para la estabilidad comercial de México frente a sus socios del norte.
El dirigente, apodado en los pasillos sindicales como “El Principito”, enfrenta un aislamiento total tras confirmarse su exclusión de las mesas estratégicas del Gobierno Federal y su derrota política en la Confederación de Trabajadores de México (CTM).
Una apuesta fallida y el vacío en la CTM
La falta de oficio político de Martínez Araiza quedó en evidencia tras el reciente proceso de sucesión en la CTM. En un intento por escalar al primer nivel de influencia de la central obrera, el dirigente del SNAC invirtió cuantiosos recursos de las cuotas sindicales para financiar la campaña de Fernando Salgado Delgado. Sin embargo, la victoria de Tereso Medina Ramírez como nuevo secretario general sepultó las aspiraciones de Araiza de convertirse en secretario general adjunto.
Este error de cálculo no solo lo dejó fuera del círculo de poder cetemista, sino que lo posiciona como un “dirigente de medio pelo” sin interlocución con el liderazgo que hoy encabeza las negociaciones del capítulo 23 del T-MEC junto al secretario Marcelo Ebrard.
A pesar de proyectar una imagen de “sindicalista moderno” con supuestos aliados en Washington, la realidad se impuso cuando el Gobierno Mexicano conformó el Consejo Asesor para las negociaciones comerciales que inician este mayo. Martínez Araiza no aparece en las listas del “cuarto de junto” ni en ninguna mesa de consulta. Al ser cuestionado sobre sus vínculos en Estados Unidos, el dirigente no pudo acreditar los apoyos que presumía, revelando que su supuesta influencia era un simple “bluff” mediático.
Para las empresas estadounidenses que reciben servicios del SNAC, la permanencia de Araiza es una amenaza legal. Bajo el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida (MLRR), cualquier violación a la democracia sindical puede derivar en sanciones comerciales directas. Con la revisión del tratado en 2026 en el horizonte, la falta de legitimidad de Araiza es un pasivo que el sector empresarial ya no está dispuesto a tolerar.
Corrupción y años de ilegalidad
El descontento interno ha escalado ante la desaparición de 500 millones de pesos del patrimonio sindical, recursos de los cuales Araiza no ha rendido cuentas ni a los trabajadores ni a la Secretaría del Trabajo. A esto se suma la denuncia de trabajadores por el descuento injustificado del 5% de sus salarios.
La crisis se agrava con dos frentes adicionales:
Ilegalidad Electoral: Se cumple un año de una reelección considerada nula por abogados y disidentes, quienes señalan 11 causales de ilegalidad, incluyendo el uso de un padrón no verificado y la exclusión del 89% de los trabajadores con derecho a voto.
Simulación Tecnológica: El lanzamiento de la plataforma “La Rebel” ha sido denunciado como un mecanismo para desplazar a los delegados sindicales humanos por formularios automatizados. Además, existe incertidumbre sobre si esta tecnología fue financiada con cuotas sindicales pero registrada a título personal de Araiza, repitiendo el esquema usado con la marca del sindicato ante el IMPI.
Con oficinas de lujo en Polanco y escoltas pagados por el gremio, Martínez Araiza opera con una lógica del pasado en un entorno que exige transparencia absoluta. El margen para la simulación se ha agotado; hoy, el “Principito” se queda sin reino y sin aliados en la víspera de la renegociación comercial más importante de la década.
AM.MX/fm
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