La guerra cognitiva

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Por

Rafael Serrano

 

“La historia muestra que la capacidad de utilizar la razón para entender lo que sucede en el mundo y tratar de mejorarlo, no protege, ni a los individuos ni a las colectividades, de la violencia física,  institucional o cultural. Mas bien suelen acarrear persecuciones. Pero también enseña que los  regímenes que se imponen a sus propios pueblos o a los pueblos ajenos, vulnerando los derechos humanos, comienzan su declive cuando las comunidades subyugadas, dejan de ser controlables por la violencia simbólica que padecen.”

Manuel Martín Serrano

https://revistarazonypalabra.org/index.php/ryp/article/view/1144/pdf

 

I

La infocracia y sus guerras

 

En el capitalismo tardío ha surgido una nueva y devastadora dominación. La información se convierte en un poder que controla, subordina y somete; de bajo costo y gran rendimiento: se apodera de las mentes de los públicos vulnerando sus espacios privados e íntimos y modelando sus percepciones, actitudes y comportamientos. Aunque siempre ha existido como poder blando, ahora la información cuenta con tecnologías y conocimientos sobre los procesos de conciencia (mente-cerebro) que permiten controlar e intervenir los comportamientos humanos e incluso suplantarlos o suprimirlos. Es el resultado de los avances de la ciencia y su hibridación con la cibernética que ha producido y acelerado los profundos cambios socio-históricos que ya vivimos: la virtualización del mundo y el reordenamiento del capitalismo.

 

En este proceso de virtualización del mundo, el control de la información es estratégico y el control tecnológico es el primer y necesario paso para controlar/regular el cambio social y sus avatares. Por ello la lucha por el dominio del mundo habla de guerras “híbridas” y/o  “cognitivas” que se agregan al menú bélico de los poderosos. Al igual que antes de la revolución informática, en el occidente global, el poder informático se concentra en pocas manos; una élite tecnocrática (Silicon Valley) está desplazando a las viejas oligarquías financieras (Wall Street) y militares (el complejo industrial-militar). No así en China donde el poder central tiene el control del sistema cibernético, con la diferencia de que no ha privatizado el acceso y el uso de la información (código abierto). En ambos casos han surgido nuevas oligarquías que intervienen el discurso y sus narrativas públicas y privadas, desvirtuando el carácter “orgánico” de las conversaciones públicas. Estas poseen el hardware (los instrumentos tecnológicos) y el software (programas para intervenir en las conversaciones en el ciberespacio). Es decir, son dueños de los medios de comunicación y/o de las plataformas digitales de internet. Lo que significa que la producción y reproducción de las innovaciones tecnológicas: IA, robotización, biotecnología, genoma humano, etcétera están en manos de oligarquías. Un sesgo autoritario que confisca las prestaciones emancipadoras/libertarias de la virtualización del mundo.

 

El coreano-alemán Byung Chul Han le llamó Infocracia, poder de la información. Nos describió como en las conversaciones públicas habían logrado evacuar el espíritu comprensivo y racional, aquel que busca en las opiniones de los otros la mejor explicación. Nos advirtió que el capitalismo tardío de finales del siglo XX y principios del siglo XXI había logrado que las personas se convirtieran en un “ganado consumidor”, felizmente sumiso.

 

Las portentosas prestaciones de las tecnologías contemporáneas nos anunciaban un nuevo amanecer humano centrado en la mejora humana. Sin embargo, lo que estamos viviendo y padeciendo es más bien una nueva distopía, tal como la plantea el Manifiesto Palantir (tecno-fascismo). Lo que se observa en el ciberespacio es “…un oscurantismo etno-céntrico, dogmático y agresivo que reincide en la estrategia de producir ignorancia para reproducir poder” (Martín Serrano). Se oscurece la verdad o se le coloca un velo de ignorancia. Una estrategia de dominación planetaria basada en mantener perpetuamente los conflictos sociales y “regularlos” bajo conceptos como guerra híbrida que tiene entre sus estrategias, el control de la información para imponer su superioridad: la guerra cognitiva.

II

La guerra cognitiva ya opera en el traspatio norteamericano

 

La guerra cognitiva acompaña a la guerra híbrida; son acciones planificadas para intervenir y afectar percepciones, actitudes y conductas mediante “la perturbación de la cognición a nivel individual, grupal o poblacional”. Es un tipo de guerra híbrida; virtual, una extensión de lo que se ha llamado guerra de la información, basada en el uso intensivo de la propaganda y la desinformación.

 

La guerra híbrida

 

La guerra híbrida es una estrategia de dominación militar donde se utilizan no solamente un ejército y armas “convencionales” sino a toda clase de medios para derrotar al enemigo: “(…) ya sea la fuerza convencional o cualquier otro medio irregular como la insurgencia, el terrorismo, la migración, los recursos naturales e incluso otros más sofisticados mediante el empleo de las últimas tecnologías (guerra cibernética) con otros métodos de influencia como las noticias falsasdiplomaciaguerra jurídica e intervención electoral del extranjero y en las que la influencia sobre la población resulta vital.”

Ver en: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_h%C3%ADbrida#cite_note-fsanchez-1

 

El manual del Pentágono y de la OTAN es muy descriptivo y aterrador, nos ofrece un menú para lograr la “superioridad cognitiva” y mantener la “ventaja cognitiva” en la guerra híbrida: “El cerebro es tanto el objetivo como el arma en la lucha por la superioridad cognitiva. La competencia en este entorno comprende actividades militares y no militares deliberadas y sincronizadas a lo largo del continuo de la competencia, diseñadas para obtener, mantener y proteger la ventaja cognitiva”. Ver en OTAN: Cognitive Warfare: Strengthening and Defending the Mind. April 5, 2023.

 

La guerra cognitiva es el componente comunicativo que prepara, mantiene y justifica las acciones de la guerra híbrida; combina presión en los mandos militares y de la clase política con acciones subversivas, clandestinas para no asumir ninguna responsabilidad ni represalia (negación plausible). Es una propuesta poderosa y perversamente maquiavélica. Reconoce que para lograr la superioridad militar, la estrategia incluye la conquista de la mente de sus enemigos y de sus bases sociales. Se busca alcanzar la “superioridad cognitiva” a través de “ventajas cognitivas” que se basan, en un primer momento, en la negación plausible, la cual permite evadir y evitar que el enemigo le atribuya y descubra sus agresiones, violaciones y le da tiempo para debilitar sus defensas y su moral, una suerte de hipocresía diplomática. Un manera de degradar la racionalidad y los imperativos categóricos de la paz universal.

 

Ejemplos de la negación plausible son las posturas de los servicios de inteligencia ingleses y norteamericanos, responsables de la logística para lanzar drones contra los rusos, los cuales son negados oficialmente; o la negación sistemática por el sabotaje al oleoducto Nordstream, realizado supuestamente por los ucranianos con la ayuda de los británicos y la anuencia alemana. A nivel nacional, tenemos la intervención de la FBI/CIA en el secuestro del Mayo Zambada negada/omitida por el gobierno norteamericano o la intervención de agentes de la CIA en México, haciendo labores de espionaje y que ha sido omitida o negada tanto por Estados Unidos como por la gobernadora de Chihuahua.

 

La guerra cognitiva se centra en atacar y degradar la racionalidad de las poblaciones consideradas enemigas o “contaminadas” por los virus del “comunismo”; del “colectivismo” o de las “dictaduras”. Su objetivo es vulnerar los sistemas de creencias, debilitar la confianza el sistema social y político o lo que llaman “Régimen”. Lo hacen combinando el uso de tecnologías de la comunicación y las redes sociales con noticias falsas y manipulación de percepciones; así como infiltrándose en el tejido social o realizando sabotajes o actos terroristas con falsa bandera que demuestran la “violencia” en la que se “vive”. Se trata de minar la confianza pública en un gobierno o en un Régimen atacando sus fuentes de información abierta y sus núcleos de credibilidad. Usan un discurso y múltiples  narrativas de acuerdo a los acontecimientos, algunos provocados y que tienen un amplio alcance. Pueden ofensivos o defensivos bajo la actitud de “go negative”, “todo esta mal”.  Se acompañan de acciones desestabilizadoras francamente subversivas.

 

 

Ya estamos en guerra

 

Lo que sucedió en Venezuela es un ejemplo de la guerra híbrida y su guerra cognitiva. Esquema que se ha aplicado, singularizando en cada país o región; como ya sucedió en Argentina, Ecuador y Honduras y se confirmó en Chile, Perú y Bolivia. Y se intentará en Brasil y México. Y será el caso de Cuba en un camino parecido al de Venezuela. Aunque  la nomenclatura cubana no es la nomenclatura venezolana.

 

En México, la oposición, casi toda alineada a la derecha radical ultramontana, ha seguido el rumbo de participar en la guerra híbrida y cognitiva acompañada de acciones de falsa bandera con una intensa campaña informativa centrada en minar la credibilidad de la Cuarta Transformación, atacando sus núcleos de credibilidad y sus debilidades: la inseguridad producto del crimen organizado que es magnificada y la corrupción aplicada solamente a  los zurdos y para mostrar que “se vive en un Estado fallido”.

 

Me surge la suspicacia y el sospechosismo: ¿los actos violentos del Bloque Negro, los asesinatos de políticos y periodistas, los enfrentamientos de alto impacto contra los carteles, las “huelgas nacionales” que son irreductibles en sus demandas e intransigentes; los constantes accidentes en las obras de la 4T; los sabotajes, la siniestra campaña de la oligarquía mediática, etcétera… no configuran acciones propias de una estrategia de la guerra híbrida dirigida desde los nuevos centros de poder: las plataformas en manos de una  caterva de neonazis, hijos del apartheid y que hoy se apoltronan en Washington?

 

III

Cómo trabaja la guerra cognitiva en la milpa mediática mexicana

 

Se descubre que en algunas aduanas mexicanas existe una red criminal que introduce combustible de contrabando, se aprende a algunos responsables que resultan ser autoridades ligadas a empresarios que son de distintas filiaciones políticas o sin filiación. La visión conservadora señala que esta noticia “demuestra” que el gobierno, autoproclamado incorruptible, “miente, roba y traiciona” y es “hipócrita”.

 

En los medios corporativos y en las redes sociales intervenidas, las noticias sobre los acontecimientos violentos se datan desde el encuadre ideológico de la derecha: se descalifica, tiro por viaje, a todos los gobiernos y gobernantes de Morena; se señala con contundencia que Sinaloa, Tamaulipas, Baja California, Tabasco, Oaxaca, etcétera; están atravesados por los narcos y omite sistemáticamente a gobiernos y gobernadores de la oposición que tienen también serios señalamientos de corrupción y alineamiento no solo a criminales de cuello blanco de la nomenclatura prianista sino con narcos y además, ahora, con la derecha nativista norteamericana.

 

La mediocracia y sus redes sociales omiten hablar de las trapacerías de gobernadores como los de Chihuahua, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro o las bastiones numantinas del PRI de Coahuila o de Durango. Por supuesto, Morena no tiene el manto sagrado de la pureza. El problema real es sistémico y estructural pero hay dimensiones y mucha hipocresía derramada en la carpa mediática.

 

El emergente se cuela en la narrativa

 

Pero aparecen otras noticias que contradicen el discurso opositor: un connotado opositor panista (Ruffo) del club de los concertacionistas de la época del virrey Salinas de Gortari y ahora de la oposición “responsable” (PRIAN) es acusado de dirigir una gigantesca red de contrabando de combustible y probablemente de ser uno de las fuentes de financiamiento de la vieja y actual oposición; también, se descubre que el asesinato de un temerario alcalde de Uruapan fue ordenado por el cartel más sanguinario del crimen organizado (CJNG) y que para ello infiltró o se coludió con el círculo íntimo del alcalde “independiente”; lo cual muestra la capacidad del crimen organizado de infiltrar a las autoridades y abre la sospecha sobre el comportamiento de sus allegados que por cierto se niegan a colaborar con las fiscalías; y de igual manera, se evidencia la intervención ilegal del FBI y la CIA en México; como sucedió con el rapto del Mayo Zambada y la oscura participación de agentes de la CIA y probablemente del Mossad en las agrestes montañas de Chihuahua con la anuencia de una gobernadora nativista y sionista que usa la negación plausible para esconder las violaciones a la Constitución y al Pacto Federal.

 

Los mariachis de la información callan

 

Al romperse las narrativas de un “narco gobierno de zurdos”, los coros mediáticos callan o se rasgan las vestiduras. No buscan comprobar los datos constatables sino de reconducir las narrativas que se han anegado de realidad (objetividad). Lo que sucede realmente es que el Estado y sus gobiernos están siendo asediados por una corrupción estructural. El combate al crimen organizado es una tarea de Sísifo pero necesaria y de larga duración; lo cual implica no solo ir a las causas (pobreza, miseria y desintegración del tejido social) sino renovar la burocracia y contrarrestar de alguna manera al principal generador de violencia sistémica: Estados Unidos y su agencias como la DEA, CIA y el FBI que administran el gigantesco negocio del narcotráfico en su país, lo cual está ampliamente documentado.

 

Es precisamente de ahí que viene el discurso para desestabilizar no sólo a México sino a toda América Latina y al mundo. Un discurso anclado en el miedo a un enemigo inexistente (comunismo) o al “enemigo” que ellos administran (las mafias del crimen organizado y el negocio de las drogas). De ahí provienen los discursos sobre lo que llaman “carteles”, “narco Estado”, “migración ilegal que transporta droga”. Un breaking bad narrativo para seguir su política injerencista, supremacista y nativista. De la mano hipócrita de la negación plausible que se expresa patéticamente en los líderes de la oposición y en su infame sistema comunicativo hoy controlado por Eleon Musk y pandilla tecnocrática.

 

En el caso de México: tenemos una oposición enana que es acompañada por una cauda de intelectuales beligerantes, caterva, que siguen los designios de los capos culturales Krauze y y Aguilar Camín y que son replicadas en los medios tradicionales y en las redes de la ultraderecha mexicana que debaten en un dialogo de sordos y de vituperios que llaman “mesas de discusión”, donde los periodistas del viejo régimen han sostenido su parque jurásico, incluyendo nuevos y nuevas velociraptors.

 

En esta Ciénega podrida abrevan personajes tan probos como los presidentes del PRI y del PAN; ambos, enterradores de sus añejos y vetustos partidos; abundan los casos de corrupción, saqueo de las arcas nacionales, evasores de impuestos que hacen enjambre con los huachicoles, los asesinatos de políticos, periodistas y “daños colaterales”. Evidencian un mal sistémico y no son producto de un gobierno en concreto sino de un proceso que lleva siglos y que durante la noche neoliberal alcanzó niveles muy altos. Un mal estructural, sistémico que hay que desterrar o acotar al mínimo.

 

La narrativa somete a la noticia

 

El procedimiento narrativo es el siguiente: el acontecimiento (noticia) será sometido al encuadre del emisor institucional y a la agenda prevista. Primero se selecciona un tema o asunto del menú de la realidad, de los acontecimientos y luego se “encuadra”, se adscribe a un discurso y a una narrativa para ser difundido en un medio por un mediador (influencer o busto parlante).

 

¿Y los datos para explicar o dar cuenta de la noticia ? Los datos para referirse al hecho (objetivo) se criban en la subjetividad ideológica del emisor institucional, llámese cadena radial, televisa, plataforma digital. Se “pepenan” para colocarlos “ad hoc” al discurso: “narco-gobierno corrupto, dictatorial compuesto de zurdos de mierda que quieren imponer el comunismo al estilo Daniel Ortega, Maduro o cubano…”; de ahí derivar la necesidad de descalificar ad perpetúan todo lo que hace el gobierno: “…el gobierno no es solo un desastre financiero sino social, político, cultural y moral…”. Este discurso camina con narrativas que proliferan tanto en las redes sociales fuertemente intervenidas como en el caduco sistema de medios tradicionales; machan y tiznan. Ahora muy alineado a la estrategia de guerra cognitiva que acompaña las guerras híbridas que ha emprendido el gobierno ultra derechista estadunidense. Lo que viene no solo es más de lo mismo sino peor de lo mismo.

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