Ante una temporada activa de ciclones, CADENA llama a México a dejar atrás la respuesta reactiva y fortalecer la prevención

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CIUDAD DE MÉXICO.- México enfrenta uno de los periodos de mayor actividad de la temporada de ciclones tropicales. Para organizaciones humanitarias como CADENA, el principal desafío no es responder cuando ocurre una emergencia, sino fortalecer las capacidades que permitan reducir el impacto de estos fenómenos hidrometeorológicos.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronosticó para 2026 entre 18 y 21 sistemas tropicales con nombre en el Pacífico, se estima que entre 4 y 5 podrían alcanzar categorías 3, 4 o 5. Asimismo, en el Atlántico se prevén entre 11 y 15 sistemas, con uno o dos huracanes mayores. El Pacífico, además, tendrá una actividad por arriba del promedio climatológico.

En este contexto, CADENA advierte que prepararse sólo cuando un ciclón ya representa una amenaza concreta reduce el margen de acción de familias, comunidades e instituciones. La experiencia de los últimos años, con fenómenos como Otis en 2023 y John en 2024, mostró que la intensidad y los efectos de un sistema pueden modificar el escenario de riesgo en forma acelerada.

“La preparación no debe comenzar cuando aparece el primer aviso de un huracán. En ese momento, el tiempo es un recurso crítico. Una comunidad preparada es aquella que conoce sus riesgos, sabe a dónde acudir, tiene mecanismos de comunicación y cuenta con capacidades para actuar desde las primeras horas”, señala Jack Tronllan, Director de CADENA México.

Otis y John: dos episodios que ponen en la mira la necesidad de prevenir

La experiencia de México confirma que considerar la trayectoria prevista de un ciclón no es suficiente. En octubre de 2023, el huracán Otis se intensificó rápidamente mientras se aproximaba a Guerrero, alcanzó la categoría 5. Un año después, el huracán John volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta en Guerrero y Oaxaca. El fenómeno alcanzó la categoría 3 y provocó lluvias extraordinarias, inundaciones y afectaciones a infraestructura y comunidades.

Para CADENA, estos episodios dejan una lección fundamental: el nivel de riesgo no depende de la intensidad de un fenómeno meteorológico, responde a las condiciones de vulnerabilidad existentes en cada territorio y de la capacidad para responder de manera oportuna.

“El fenómeno natural no es, por sí mismo, un desastre. Un huracán, una inundación o un sismo forman parte de los procesos naturales; el desastre ocurre cuando ese fenómeno interactúa con una población expuesta y vulnerable que no cuenta con las capacidades suficientes para enfrentarlo. Por eso, el riesgo no depende únicamente de la intensidad del fenómeno. También está relacionado con las condiciones sociales, económicas, ambientales y de infraestructura de cada territorio. Reducir estas vulnerabilidades es una parte fundamental de la prevención”, agrega Tronllan.

De la reacción a la anticipación

La evolución de la atención humanitaria apunta cada vez más hacia modelos de anticipación, en los que el monitoreo y la evaluación de escenarios comienzan antes de que ocurra el impacto.

CADENA mantiene vigilancia permanente de fenómenos que pueden generar emergencias y cuenta con equipos especializados que pueden movilizarse para realizar evaluaciones, apoyar operaciones de búsqueda y rescate e identificar necesidades en las comunidades afectadas.

“La información sólo es útil cuando las personas saben cómo convertirla en una acción. La educación comunitaria permite que la población reconozca sus riesgos, interprete las alertas, sepa cuándo evacuar, identifique a las personas que pueden necesitar apoyo y conozca los mecanismos de coordinación disponibles. Una comunidad preparada no depende exclusivamente de que alguien llegue a ayudarla: cuenta con capacidades para actuar desde los primeros momentos”, finaliza el directivo de CADENA México.

México necesita fortalecer una cultura de prevención que vaya más allá de las campañas durante la temporada de ciclones. La preparación debe formar parte de la vida cotidiana de las comunidades y de las instituciones. Esto implica un trabajo permanente que permita mejorar los sistemas de alerta y comunicación, realizar ejercicios de preparación, incorporar el conocimiento local y mantener capacidades de respuesta listas antes de que ocurra una emergencia.

La temporada 2026 vuelve a colocar a México frente al reto de prepararse para escenarios que pueden cambiar rápidamente. Para CADENA, la mejor respuesta humanitaria comienza mucho antes de que llegue el ciclón: con información, organización, coordinación y comunidades capaces de actuar.
AM.MX/lm

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