Luis Alberto García / Cdmx
*En esa colonia de la Cdmx murió el art déco.
*La causa ha sido por la gentrificación.
*Los procesos de cambio han sido avasalladores.
*Quedan algunos lugares emblemáticos, como el edificio San Martín.
Cuando el doctor Miguel García Munguía llegó a vivir en esta colonia en 1958, invitado por sus amigos Francisco Atamoros Corona y Rajak B. Kadkieff -fotógrafo profesional de origen ucraniano radicado en ella desde mediados del siglo pasado-, el barrio ya tenía más de medio centenar de años de antigüedad.
Hacia la década de 1940, la Condesa ya era una de las más cosmopolitas de la Ciudad de México, en donde convergieron y siguen convergiendo extranjeros con alojamiento definitivo y temporal, lo que ha traído consigo el encarecimiento de la zona y el consecuente desplazamiento de sus habitantes originarios.
Sus moradores ubican este fenómeno a raíz de la pandemia de 2020, cuando llegaron los llamados nómadas digitales; pero en la actualidad, dos de cada diez viviendas de la colonia, por ejemplo, se rentan por medio de la plataforma Airbnb.
Hasta junio de 2026 contaba con mil 682 de las siete mil 64 viviendas registradas en el censo 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
En las terrazas de los restaurantes, cafeterías, andadores y en el supermercado se escuchan todo tipo de idiomas: “La realidad es que cada vez somos menos los mexicanos los que aquí habitamos, se perdió el arraigo, ahora se vive en el anonimato, nadie sabe lo que pasa al lado y ni le importa”, asegura Jesús García, vecino de la colonia.
De acuerdo con el Inegi, entre los límites de las avenidas Insurgentes, Yucatán, Nuevo León, Tamaulipas y Benjamín Franklin, que conforman su polígono, viven 16 mil 900 habitantes.
Jeanette Porras, autora del libro “Condesa Hipódromo”, considera que el proceso de gentrificación ha sido avasallador, pues en años recientes resulta caro vivir en esta zona: “Hay que ver los precios en las cafeterías o en los restaurantes, pero en general todos los servicios son costosos”.
La historia del barrio se remonta a 1925, cuando Raúl Basurto y José de la Lama comenzaron a fraccionar los terrenos que ocupaba el Hipódromo de la Condesa, inaugurado en 1910 por los socios del Jockey Club, en parte de lo que era la hacienda de la Condesa de Miravalle, antes conocida como Santa Catarina del Arenal.
Su propio estilo arquitectónico, el art déco, la distinguió de las colonias vecinas Condesa y Roma, y su trazo, a cargo del arquitecto José Luis Cuevas, estuvo inspirado en la pista de carreras de caballos, por lo que tanto la avenida que rodea al parque San Martín, hoy conocido como México, tiene forma oval, al igual que la avenida Ámsterdam.
El cronista Rodrigo Hidalgo destaca que, si bien existen inmuebles de tipo colonial californiano, que en aquella época también se encontraban de moda, su particularidad es que la zona central tiene la misma estética.
“El parque, el Foro Lindbergh, el reloj en la parte sur, las bancas del camellón de Ámsterdam, las glorietas como la de Popocatépetl, con su fuente y los letreros de las calles, tienen el mismo estilo”.
Ambos cronistas, Porras e Hidalgo, coinciden que los primeros habitantes pertenecían a la clase media alta posrevolucionaria; se sumaron después las familias judías que habían vivido primero en el centro de la ciudad, además de los exiliados españoles.
Uno de los fraccionadores, Raúl Basurto, se quedó con un lote entre la avenida México y la calle Sonora: “Ahí tenía una casa que en 1944 se convirtió en un conjunto de departamentos que ha sido escenario de películas, telenovelas, videos, comerciales y es un emblema de la colonia”, cuenta Hidalgo.
Como parte de su transformación, en la década de 1960 comenzaron a erigirse grandes edificios de usos múltiples, como el conjunto Aristos –en Insurgentes y Aguascalientes– y el cine Plaza, sobre Nuevo León, que luego sería propiedad del empresario y cineasta Gustavo Alatriste, convertido con los años en casa de apuestas y centro de espectáculos nocturnos.
Sin embargo. después de los dos sismos de septiembre de 1985 la colonia decayó, pues muchos emigraron a otras zonas y entonces comenzó su deterioro, como ahora se ve en distintos puntos de un sitio que fue único, excepcional.
Las casonas se transformaron en escuelas u oficinas y muchas otras fueron adquiridas por desarrolladores inmobiliarios que aprovecharon los bajos precios.
Jesús García, quien impulsó junto con otros vecinos el plan parcial de desarrollo urbano, recuerda que a partir del año 2000 se vivió un nuevo auge que trajo consigo varias preocupaciones.
Un problema básico era la construcción anárquica de edificios, por lo que se estableció que fueran de cinco niveles, con la idea utópica de evitar que se alterara la arquitectura y el plan urbano, pero también comenzaron a surgir los restaurantes sobre Tamaulipas y Michoacán.
El Seps de cocina alsaciana de don Armando Freyermuth ya existía desde 1948 junto con otros de tradición bien recordada, como argentino El Garufa; pero los residentes originales estaban preocupados porque invadían las banquetas y generaban mucho ruido, y también por los franeleros y el comercio ambulante.
Sin embargo, nada comparado con la internacionalización que se vive en la actualidad: “Día a día hay una nueva tienda de lo que quieras, destruyen fachadas, no respetan ni el art déco ni lo moderno”, critica Porras.
El reto fundamental, coinciden los entrevistados, es encontrar un mecanismo de integración de estilos de vida y culturas sin destruir el espacio ni desplazar a sus habitantes, comentó Rafael Pérez Gay, escritor, periodista y editor .
Hermano menor del doctor José María Pérez Gay -querido y respetado diplomático, ensayista y traductor fallecido en 2014-, Rafael y su familia siempre han residido en la Condesa, en la calle de Cadereyta y en otras cercanas al Parque España y al Parque México, espacios siempre verdes, icónicos desde el pasado.
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