Luis Alberto García / Cdmx
*A Mamá Mimi y Papá Melchor, los bisabuelos londinenses.
*La frase para el bronce de Guillermo “Tigre” Sepúlveda.
*Un inolvidable y amargo 10 de mayo londinense.
*Seis décadas y media entre los estadios de Wembley y Azteca.
* “Por algo será”: Javier Aguirre, Bellingham y Kane.
*Inglaterra 1966: goles de Charlton y Hunt un 20 de julio.
Revisemos primero la derrota mexicana del 5 de julio de 2026, enmarcada en la Copa FIFA 2026 que tuvo como anfitriones y organizadores a Estados Unidos, Canadá y México, en la cual participaron 48 equipos que desvirtuaron el torneo, a no ser porque en el caso de la sede situada en la capital mexicana brillaron intensamente dos futbolistas.
“Por algo será que Jude Bellingham y Harry Kane andan en España y Alemania”, dijo Javier Aguirre, el DT de México en la conferencia de prensa posterior al partido de las ilusiones perdidas de ese domingo de julio, y luego de que le recordamos que, con sus goles, esos dos ingleses se abrían cobrado así la afrenta del 2-1 de mayo de 1961.
Humillados, los isleños, que en esos años dirigía Walter Winterbottom, se llevaron esa tarde un par de goles firmados por Raúl Cárdenas a los 26´ del primer tiempo y de Salvador Reyes a los 67´ del lapso final.
No está demás contar que aquélla fue una remontada también inolvidable: Kenneth Kevan abrió los cartones a los 14´ de iniciado el match al más puro estilo inglés, con un pase filtrado del gran defensa central Billy Wright, la muralla eterna que, luego, heredó su brazal de capitán a Bobby Moore, el noble y recio león de la Gran Bretaña.
Nos obstante el paso de los años, hubo que aguardar hasta el 20 de julio de 1966 para que, en el estadio de Wembley ante 92 mil espectadores, el equipo anfitrión del Campeonato Mundial de Futbol de 1966 también se desquitara de la derrota (2-1) sufrida cinco años atrás en la capital mexicana.
Inglaterra, ubicada con Francia, Uruguay y México en el grupo A del certamen, ganó ((2-0) a su rival latinoamericano con goles de Bobby Charlton y Roger Hunt validados por el juez italiano Concetto Lo Bello, sin que la armada invencible de los tres leones y las nueve rosas cayera en juegos eliminatorios.
Empató (1-1) con Francia y (0-0) contra Uruguay, venció (2-0) a México con facilidad y, a paso de vencedores, a cañonazos y con Geoffrey Hurst como su artillero mayor, se enfiló y ganó la gran final al derrotar(4-2) a Alemania.
Al volver al México de 1961, hay que recordar el encuentro que acabó (2-1) el 24 de mayo de ese año en el estadio de la Ciudad Universitaria y que no tuvo su reivindicación o vendetta sino hasta el 20 de julio de 1966, al enfrentarse ambos equipos nacionales en la fase de grupos en Wembley.
En su juego más reciente -en la eliminatoria mundialista de 2026 y con una alineación que no satisfizo a los cerca de noventa mil pagantes incluidos los propietarios de palcos que pretendieron ser timados mediante el contrato que firmó la empresa Ollamani de Emilio Azcárraga Jean con la Federación Internacional de Futbol (FIFA) que los excluía de su posesión original- hubo pronósticos inciertos.
En él -confiados, los mexicanos cifraban enormes anhelos de un triunfo que resultó vanamente esperado, finalizado 3-2 a favor de los visitantes con goles de Jude Bellingham y Harry Kane a los 35´, a los 37´ y a los 59´con un penal-, Javier Aguirre usó tres centros delanteros, centros al “ollazo” y una estrategia final en la que, sin pena ni gloria, usó curitas y se curó en salud.
Los mexicanos anotaron con tantos de Julián Quiñones a los 41´ y a los 68´, dejando ver que la selección de Thomas Tuchel se clasificara gracias a anotaciones, que pusieron cuesta arriba la epopeya mexicana, el quinto partido buscado desde 1930, para así poner fin al sueño de miles de creyentes frente a un cuadro inglés que aspiró a todo.
No bastó el tesón ni el empuje de los patriotas que pagaron por ver caer a los suyos, entre ellos Gilberto Mora, quien a sus diecisiete años es el segundo futbolista más joven en disputar como titular un juego de eliminación directa, solamente detrás de Edson Arantes do Nascimento, Pelé, que lo hizo en 1958.
Con el peso y el desconsuelo de una derrota gloriosa más, los jóvenes del Vasco Aguirre desfilaron hacia el vestidor con la cabeza gacha: Raúl Rangel, Jorge Sánchez, César Montes, Johan Vásquez, Jesús Gallardo, Gil Mora, Erik lira, Luis Romo, Roberto Alvarado, Raúl Jiménez y Julián Quiñones.
Los once jugadores de Thomas Tuchel, por su parte, seguramente escucharon de sus mayores la historia y el antecedente del tristísimo y trágico del 8-0 que Inglaterra le aplicó a México el 10 de mayo de 1961 en Londres.
Sin afán de exhibir a nadie, hay que viajar al 1 ese sábado para consolar y dar el más sentido pésame a Antonio Mota, Gustavo Peña, Guillermo Sepúlveda e Ignacio Jáuregui; Alfonso Portugal y Raúl Cárdenas; Alfredo del Águila, Salvador Reyes, Carlos González, Tomás Reynoso y Sigifredo Mercado, algunos de ellos repetidores de la alineación del 24 de mayo anterior.
“Ese 10 de mayo nos partieron la madre”, dijo quejumbroso el “Tigre” Sepúlveda al rememorar los ocho goles de Hitchens, Charlton (3), Robson, Douglas (2), Kevan y Flowers, quienes en compañía de Springett, Armfield, Swan, McNeil y Haines tocaron una sinfonía más estruendosa que la “1812” de Ludwig van Beethoven que honraba la entrada de Napoleón Bonaparte a Moscú ese año.
Estas crónicas también son algo para recordar, cuando a punto estábamos de cumplir trece años de edad y recién nos iniciábamos en la cuestión de las pelotas, porque, como consignó el buen Juan Villoro -fanático del Necaxa y Barcelona desde que se acuerda-, el mundo es redondo como un balón.
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