NUEVA YORK.- La inteligencia artificial ya no aparece en la industria del libro únicamente como una herramienta que cada profesional decide probar por su cuenta. En 2026, su incorporación empieza a tomar una forma más institucional: las organizaciones adoptan herramientas, definen políticas, establecen usos permitidos y buscan delimitar qué información puede compartirse y para qué tareas.
Ese es uno de los principales datos que surge de AI Use Across the North American Book Industry 2026, el estudio realizado por el Book Industry Study Group (BISG) y BookNet Canada a partir de una encuesta a 771 profesionales de la industria editorial de Estados Unidos y Canadá, realizada entre junio y julio de 2026.
El 63% de los encuestados afirma que su organización utiliza IA. La adopción es particularmente alta en las empresas más grandes: alcanza al 88% de las organizaciones con más de 100 empleados, frente al 64% entre aquellas de 51 a 100 empleados.
Del experimento a los flujos de trabajo
¿Para qué se está utilizando la IA? Principalmente para tareas vinculadas con los procesos de trabajo y no tanto para reemplazar las funciones centrales de creación editorial.
Administración y operaciones aparecen entre los usos más frecuentes, seguidos por marketing, investigación, análisis de datos y metadatos y optimización de títulos. Las aplicaciones más específicas, como gestión de derechos y licencias, control de calidad, traducción o narración de audiolibros, todavía tienen una presencia menor.
El problema no es solamente qué puede hacer la IA
El crecimiento del uso convive con un nivel elevado de preocupación. El copyright continúa siendo la principal preocupación: el 86% de los encuestados menciona cuestiones vinculadas con el uso de materiales protegidos y la incertidumbre sobre la protección de contenidos generados por IA. También aparece con fuerza el impacto sobre los creadores: el 80% expresa preocupación por la pérdida de empleos o los efectos negativos sobre autores, ilustradores y otros profesionales.
Hay además una segunda capa de problemas: la confianza. El 89% manifiesta preocupación por la precisión de la información producida por la IA y el mismo porcentaje por la posibilidad de que libros generados por IA, fraudulentos o de baja calidad, inunden las plataformas de venta.
El desafío que queda planteado ya no es solamente entender qué puede hacer la IA. Es decidir en qué partes del trabajo editorial tiene sentido incorporarla y bajo qué condiciones puede hacerse sin dejar de lado los valores que sostienen al sector.
AM.MX/lm
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