Por Patricia Ornelas
CIUDAD DE MÉXICO.- El pianista mexicano celebra 50 años de trayectoria con una certeza construida frente al teclado: el talento importa, pero sin disciplina, estudio y constancia difícilmente se sostiene una carrera. El próximo 10 de octubre celebrará cinco décadas dedicadas a la música con un concierto en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, acompañado por su hermana y sus hijos.
Cinco décadas frente a un piano no se explican únicamente por el talento.
Detrás de cada concierto, cada interpretación y cada escenario hay miles de horas que el público nunca ve: estudio, repetición, preparación, frustraciones, correcciones y una disciplina que debe mantenerse incluso cuando no existen aplausos de por medio.
Claudio Herrera lo sabe bien. A punto de celebrar 50 años de trayectoria artística, el concertista mexicano mira hacia atrás y encuentra una constante, trabajar.
El 10 de octubre ofrecerá un recital en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, con un programa dedicado principalmente al Romanticismo, integrado por obras de Franz Liszt, Frédéric Chopin, Franz Schubert, Piotr Ilich Chaikovski y Edvard Grieg.
Pero más allá del aniversario, Herrera habla de lo que significa construir una carrera artística en un mundo en el que la competencia es cada vez mayor.
Después de 50 años de carrera, ¿qué ha sido más importante: el talento o la disciplina?
La disciplina es fundamental. Cuando trabajas duro, las cosas llegan solas. Evidentemente necesitas condiciones y talento, pero una trayectoria no puede construirse únicamente con eso.
La música exige preparación constante. Nunca terminas de estudiar ni de aprender. El repertorio para piano es tan grande y tan exigente que necesitaríamos muchas vidas para poder interpretarlo todo.
Por eso el trabajo cotidiano termina siendo parte de tu vida.
Desde afuera, muchas veces se observa solamente el concierto terminado. ¿Qué hay detrás de llegar a un escenario?
Muchísimo trabajo.
Interpretar una obra al piano es emocionante, pero también representa una enorme responsabilidad. Tenemos un repertorio verdaderamente inabarcable y cada obra requiere técnica, sensibilidad, conocimiento y madurez.
El público escucha el resultado, pero detrás existen muchas horas de preparación.
Con el paso de los años también entiendes que no solamente se trata de tocar correctamente las notas. Hay que encontrar el fraseo, el carácter y aquello que el compositor quería expresar.
¿La disciplina cambia después de tantos años de carrera?
Creo que cambia la manera de aproximarte a la música, pero no desaparece la exigencia.
Cuando eres joven existe una preocupación muy importante por desarrollar la técnica. Con los años buscas también profundidad, madurez y una mayor comprensión de las obras.
Hoy los jóvenes músicos tienen acceso inmediato a los mejores intérpretes del mundo. ¿Eso hace más difícil construir una carrera?
Muchísimo.
Vivimos en un mundo vertiginoso y tecnológico. Todo se recibe muy rápido y existen muchas expectativas. Los jóvenes pueden ver inmediatamente qué está sucediendo en cualquier parte del planeta y compararse con músicos de todo el mundo.
Por eso actualmente no se trata simplemente de desarrollar una carrera en México. Estás compitiendo en un ámbito global.
Cuando estuve dando clases en el Conservatorio de Beijing, muchos jóvenes me decían: “Quiero ser el mejor del mundo”.
En China existen alrededor de 20 millones de estudiantes de piano. Eso permite dimensionar el nivel de competencia que existe actualmente.
La exigencia es extraordinaria.
Entonces, ¿trabajar mucho sigue siendo suficiente en un mundo tan competitivo?
Es indispensable.
Naturalmente hay muchos factores que intervienen en una carrera, pero sin trabajo difícilmente puedes avanzar.
Ahora vemos intérpretes con niveles técnicos impresionantes. Los concursos también se han transformado. El Concurso Chopin de Varsovia, por ejemplo, es muy diferente de lo que era hace 20 o 30 años, y muchísimo más respecto de hace 50 años.
¿Existe el riesgo de que tanta exigencia técnica produzca músicos demasiado perfectos?
Sí. En cierta medida estamos haciendo máquinas para tocar el piano.
La técnica es indispensable, pero la música no puede reducirse a tocar perfectamente.
Tiene que haber sensibilidad, emoción y una comprensión profunda de lo que estás interpretando.
Ese equilibrio entre rigor técnico y expresión artística es uno de los grandes retos para cualquier músico.
Para celebrar sus 50 años eligió fundamentalmente compositores románticos. ¿Por qué?
Porque son autores que me han acompañado durante prácticamente toda mi vida.
Estuvieron conmigo desde mi juventud y continúan conmigo ahora, en una etapa de mayor madurez.
El Romanticismo permite expresar muchísimas emociones. Por eso este programa tiene un significado muy especial para mí.
Hay obras íntimas y poéticas como las Consolaciones de Liszt y los Impromptus de Schubert; está también la elegancia y melancolía de los valses de Chopin, además de la Barcarola de Chaikovski y el Nocturno de Grieg.
Son obras que exigen técnica, pero sobre todo sensibilidad y madurez.
Este concierto también tiene un componente familiar.
Sí, y eso lo vuelve especialmente emocionante.
Participará mi hermana, con quien formo un dúo de dos pianos desde hace más de 30 años. Es un proyecto que nos ha dado enormes satisfacciones.
También estarán mis hijos, quienes están comenzando su propio camino dentro del arte y de la música.
Nunca imaginé que después de 50 años de trayectoria tendría la posibilidad de compartir un concierto con ellos.
Para mí representa un enorme orgullo.
Después de medio siglo dedicado a un instrumento, ¿qué sigue fascinándote del piano?
Todo.
El piano tiene alrededor de 300 años de evolución y posee un repertorio extraordinario.
Actualmente vemos conciertos presentados de muchas formas, con propuestas escénicas, luces, velas e incluso combinaciones con otros géneros como el rock. Se ha convertido en un instrumento extremadamente popular.
Quizá en México no siempre dimensionamos su alcance, pero cuando uno viaja por Europa o por otras ciudades del mundo se da cuenta de que el piano sigue siendo el rey.
Es un verdadero fenómeno internacional.
¿Qué significa llegar a los 50 años de carrera?
Es profundamente satisfactorio.
También es un momento para mirar hacia atrás y reconocer todo lo que implicó llegar hasta aquí.
Una trayectoria tan larga se construye poco a poco. No existe una fórmula mágica. Hay que estudiar, prepararse, adaptarse y seguir trabajando.
Por eso poder celebrar estos 50 años en uno de los recintos más importantes del país para la música y las artes tiene un significado enorme para mí.
Y poder hacerlo acompañado de mi familia lo vuelve todavía más especial.
Al final, después de tantos años, confirmas algo muy sencillo: cuando trabajas duro, las cosas llegan solas.
Claudio Herrera: 50 años de trayectoria
Fecha: 10 de octubre
Sede: Sala Manuel M. Ponce, Palacio de Bellas Artes
Programa: Obras de Franz Liszt, Frédéric Chopin, Franz Schubert, Piotr Ilich Chaikovski y Edvard Grieg.
Participación especial: Su hermana, con quien integra un dúo de dos pianos desde hace más de tres décadas, y sus hijos.
AM.MX/lm
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