CIUDAD DE MÉXICO.- La sociedad actual sufre de una peligrosa “ceguera agrícola” al dar por garantizado el suministro de alimentos sin valorar a los agricultores quienes lo hacen posible a pesar del abandono que padece el campo lo que hace a esta actividad económica como inviable en el futuro inmediato de ahí que comer en México sea cada vez más costoso en la medida en que el campo se debilita, alertó Álvaro López Ríos, Secretario General de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas.
Las nuevas generaciones ya no quieren sembrar y la edad promedio del productor mexicano supera los 55 años y además la falta de rentabilidad, la falta de apoyos del gobierno, el cambio climático y el crimen organizado hacen que los jóvenes migren a las ciudades o a Estados Unidos.
Dejó en claro, el dirigente de la UNTA, que el valor del agricultor no es solo económico, es de seguridad nacional pues sin ellos, el país pierde soberanía, y capacidad para alimentar a su propia población.
Sin embargo, comentó, el consumidor urbano promedio protesta cuando sube el precio del limón, el aguacate, el jitomate o la tortilla debido a la escasez de cosechas locales lo que provoca que la canasta alimentaria urbana aumente un 5.5% anual, superando la inflación general del país.
Esto quiere decir, subrayó el dirigente de la UNTA, que la caída en la producción y el abandono del campo mexicano ya están impactando de forma directa el bolsillo de los consumidores.
Aunque el salario mínimo general se ha fortalecido, una persona en zonas urbanas necesita 4 mil 951 pesos mensuales para cubrir la canasta básica de bienes y servicios indispensables.
Pero pocas veces se piensa que el aumento en precios de productos agrícolas se debe a que el agricultor pagó más por fertilizantes, sufrió por la falta de agua o fue extorsionado en las carreteras, además al agricultor se le suele pagar una miseria en el campo, mientras que los intermediarios se quedan con las ganancias.
La sociedad mexicana valora el alimento, pero invisibiliza y menosprecia al que lo produce, el día que los estantes de los supermercados estén vacíos, la sociedad entenderá que el dinero no se puede comer.
Álvaro López Ríos advirtió que “en México, si no se garantiza un precio justo por las cosechas, acceso a tecnología ante el cambio climático y seguridad en las zonas rurales, el abandono de las tierras será definitivo”.
La crisis en el campo ha dejado de ser una advertencia teórica y se refleja en pérdidas severas si consideramos datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía a través de la Encuesta Nacional Agropecuaria junto con análisis del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.
La producción general de granos básicos en México, en los últimos 5 años, sufrió una caída acumulada del 13%, lo que equivale a casi 5 millones de toneladas menos de alimentos producidos en tierras mexicanas y esto obligó al país a romper récords de importación comprando el 58% de los granos y oleaginosas que se consumen en el mercado interno.
No se debe olvidar, dijo, que el área total cultivada para los granos principales disminuyó en más de 730 mil hectáreas pues dejaron de producir, precisó el dirigente de la UNTA.
La conclusión del sector es directa, afirmó, el campo se está quedando sin márgenes para resistir ante el acelerando envejecimiento de la fuerza laboral y la falta de incentivos económicos que convenzan a los jóvenes de quedarse a sembrar la tierra.
De acuerdo con el INEGI, los alimentos con los aumentos más severos son: la Cebolla, registró un impactante repunte anual del 89.8%, mientras que el Jitomate subió un 26.7% interanual y productos como el limón y el chayote registraron incrementos mensuales superiores al 20% en periodos de baja disponibilidad lo que ha presionado el gasto de las familias urbanas.
Asimismo, el desabasto de granos transforma un problema agrícola en un uno nutricional ya que al encarecerse el alimento que consumen los animales de engorda termina en un aumento en el precio final de la carne y el huevo.
Tan solo el kilogramo de huevo blanco promedia los 46 a 54 pesos en centrales de abasto pero en supermercados roza los 60 pesos por kilo así como en tienditas de la esquina.
Por lo que respecta al kilogramo de pechuga de pollo éste está por encima entre los 120 y 140 pesos, mientras que el pollo entero ronda los 55 o los 70 pesos por kilo según la región, limitando su frecuencia de consumo en la mesa de los hogares de menores ingresos.
Muchos productores nacionales prefieren cerrar granjas o vender sus animales antes de tiempo para no seguir perdiendo dinero comprando alimento caro y ello reduce la oferta de carne, impulsando el precio de cortes populares como la chuleta o la pulpa de cerdo por encima de los 110 pesos por kilo.
Cuando falta producción nacional, el país importa alimentos básicos y esto afecta el costo de la comida mexicana al valor del dólar y a los precios de los fletes internacionales.
AM.MX/lm
The post Mientras la producción agroalimentaria se reduce y debilita, comer en México se vuelve mas costoso para las familias: UNTA appeared first on Almomento | Noticias, información nacional e internacional.
