Aletia Molina
Ayer, miércoles, mientras miles de trabajadores marchaban, el IMSS anunció un milagro: el aumento de 6.8% a 8%, aprobado por su Consejo Técnico. Con la solemnidad de quien acaba de descubrir la penicilina, Zoé Robledo explicó que “este incremento escucha a los trabajadores”. Qué oído tan fino. Tardó tres semanas, una puerta derribada, siete secciones tomadas y una consulta perdida, pero escuchó.
Porque ese 8% no es un 8%, son dos 4%. Cuatro por ciento al salario tabular y otro cuatro por ciento a la ayuda para el pago de renta de casa habitación. Una mitad entra al sueldo, la otra entra por la ventana. Y la oferta anterior que los trabajadores rechazaron traía 2.9% al tabular y 3.9% en prestaciones. Es decir, el gran cambio fue pasar de 2.9 a 4 en salario, y de 3.9 a 4 en prestaciones. Una negociación a la medida del titular, no de la quincena.
Y aquí entra el Gobierno, que llegó tarde y con aplauso puesto. El 15 de octubre, la presidenta Sheinbaum informó que Robledo revisaría las posibilidades presupuestales para una nueva oferta. Ayer, en la mañanera, explicó cómo: se pudieron disminuir gastos del IMSS para poder darle un mayor aumento salarial. Robledo lo remató con el eslogan de temporada: el aumento sale de eficiencias, economías y “austeridad republicana” que, aseguró, no afecta la atención médica. Qué tranquilizador. Los hospitales llevan semanas denunciando falta de medicamentos e insumos, y la solución es recortar gasto. Y, por supuesto, la Secretaría del Trabajo fue “pieza clave” en el proceso, aunque a los trabajadores nadie los vio en esa foto.
Porque ni la mesa los incluyó. Los trabajadores acusaron no haber sido convocados a la renegociación y el Gobierno, tras pedirle al sindicato que “coopere”, celebró un acuerdo con el mismo sindicato que sus agremiados desconocen. Hasta el diario El País, citado por otro medio, notó que el nuevo acuerdo sólo aborda la parte salarial. El resto, el desabasto y las plazas, quedó para el Plan Integral de Compromisos, ese documento que se presenta “esta semana” con plazos y responsables. Ya veremos si los plazos son de calendario o de promesa.
Ojo: tampoco todo es humo. La basificación de 10 mil 939 trabajadores, incluidos los contratados durante la pandemia, es una demanda real que por fin se menciona. Y el IMSS señala que el 4% tabular supera la inflación. Pero al Gobierno le toca explicar por qué se necesitó una megamarcha para encontrar el dinero, y por qué la oferta que lo hizo posible llegó el mismo día de la protesta.
Resultado: el vocero del Comité de Movilización, Rafael Soto, calificó de “inaceptable” el 4% tabular. Los disidentes anunciaron una nueva movilización nacional para el 30 de octubre, con marchas, bloqueos y una asamblea constituyente. Piden lo mismo que la semana pasada: 10% y la salida de Rafael Olivos.
Un acuerdo se mide por los que lo firman y por los que lo aceptan. Cuando una dirigencia lo celebra, un Gobierno lo anuncia y los trabajadores salen a la calle contra él, nadie ganó la negociación. Lo que quedó fue una foto bonita, una calculadora y un 30 de octubre en el calendario.
@AletiaMolina
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