Conoce cómo reducir la huella ecológica con la alimentación

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Como consumidores podemos reducir nuestro impacto en la huella ecológica que dejamos en nuestro paso por el mundo. Esto lo podemos lograr seleccionando responsablemente los alimentos que compramos y cómo nos comportamos respecto a ello. 

La producción de alimentos como frutas, verduras y derivados de animales (carne, lácteos, huevos), así como la pesca de productos provenientes del mar tienen severas consecuencias ambientales al adquirirse de manera descontrolada y a gran escala. 

El uso desmedido de agroquímicos e insecticidas en la agricultura, la producción confinada y el uso de anabólicos en el ganado o la sobrepesca; contaminan el mar y esto amenaza la salud de todos (ecosistemas y humanos). 

Existen diversas alternativas que resultan en una contaminación menor y que pueden ayudar al medio ambiente, a nuestros bolsillos y las personas que nos rodean. Hay algunas maneras muy sencillas y todos tenemos posibilidad de llevarlas a cabo:

-Planificar nuestra alimentación diaria ayuda significativamente a nuestros bolsillos: no hay desperdicios o se reducen al máximo. Al planear nuestras comidas de una o dos semanas, los alimentos que compramos son los que requerimos y esto ayuda a consumir alimentos frescos y tener una dieta más balanceada y sin los desperdicios, no compramos “de más”. 

-Diversificar nuestros alimentos ayuda a que se mantenga una biodiversidad en el planeta. Es bueno que probemos y consumamos distintos alimentos puesto que ayudamos a los productores a mantener sus cultivos. Lo que vuelve al campo un sitio fértil al haber rotación en cultivos y demanda de diferentes productos. 

-Reducir el consumo de alimentos de origen animal como carnes rojas y aves como el pollo. Las granjas que producen estos alimentos tienen una impacto negativo en el medio ambiente que también afecta la salud de las personas que viven alrededor de estos lugares. Al reducirlo, también se minimiza la desigualdad social. 

-Consumir productos locales no sólo ayuda a la economía del lugar, sino a los ecosistemas de la misma. Esto siempre y cuando sean productos que respeten la temporalidad del campo y sean de manera sustentable para no afectar a la tierra y que esta pueda seguir siendo fértil.

-Comprar diferentes variedades de mariscos. Al comprar diferentes tipos de pescados, también contribuimos a que se diversifique nuestra alimentación. Por lo que la pesca irracional de un solo producto se detiene y con ello, se previene la extinción de esa especie y algunas otras que dependan de la misma.

-Si no nos gusta un producto, podemos probarlo de otra forma. Esto hace también que se diversifique nuestra alimentación al usar otras técnicas de cocina o ingredientes. Hay miles de alimentos que podemos cocinar y nos limitamos a una decena de ellos. ¡México es un país megadiverso!

-Respetar la temporalidad de nuestros alimentos es imprescindible porque de esta forma no actuamos como “depredadores” al obligar al campo a producir ciertas cosas. Por esto es importante consumir los alimentos únicamente cuando es su temporada. Es decir, comprar un mango en diciembre será mucho más caro, más difícil de conseguir y no tendrá un sabor tan agradable como sería si se adquiriera en su temporada ideal. Cabe recordar que si hacemos esto, también orillamos a ciertas especies vegetales y animales a la extinción, pues no cumplen su ciclo de reproducción ideal.

-Tener una dieta balanceada que incluya productos de origen animal también es importante para la economía de muchas personas. Mucho se escucha de que las carnes son malas, pero esto no es necesariamente cierto. Hay cientos de estudios científicos que prueban las bondades de una alimentación en la cual se incluyan carnes. Incluso, hay nutrimentos que no podemos obtener sin el consumo de ella.

-Hay que procurar consumir alimentos que tengan trazabilidad (que sepamos de dónde vienen, quién los produce y cómo los produce) para que tengamos la certeza de que es algo bueno para nuestra salud. Esto nos encamina hacia una seguridad alimentaria.

Hay mucho que podemos hacer para nuestra transición hacia un cambio climático consciente que no nos afecte de manera catastrófica y que nos ayude al desarrollo integral del ser humano de manera cultural, social y sanitaria.