Luis Alberto García / Cdmx
*Copa Mundial 2026: raquitismo y fanatismo a la mexicana.
*Hay omnipresentes capacidades mercantiles y ejecutivas.
*Audiencias y negocios, para que más.
*La axolotización capitalina sí fracasó.
A pesar de todo ese entusiasmo a remolque de la competencia mercantil, la participación real de México en esta Copa Mundial 2026 es raquítica: nada más se realizará aquí el 10 % de los partidos.
El equipo verde de Javier Aguirre Onaindía y Rafael Márquez Álvarez se encamina, seguramente otra vez, al fracaso de la media tabla, y como es habitual nos conformaremos con la trivia del Guiness: el estadio es único en el mundo con tres inauguraciones, y el ensortijado tortero y portero “Memo” Ochoa jugará su sexta copa.
Es recontrasabido que la Federación Internacional de Futbol (FIFA) tiene grandes capacidades políticas, ejecutivas y mercantiles, cuyo negocio implica –al menos para este torneo— un movimiento económico y comercial cercano a los 80 mil millones de dólares.
Sólo en sus arcas se mueven para este certamen, dos mil 661 millones de dólares, de acuerdo con su informe de 2025: “…La cifra, superior a lo presupuestado, confirma su fuerza en la Copa Mundial 2026, que se perfila como el evento deportivo más relevante del planeta en términos de negocio y audiencia…”
Si México queda entre los lugares 5° y 8° puesto recibirá casi veinte millones de dólares, y si queda por debajo del trigésimo tercer puesto, nada más nueve, pues la mediocridad de todos modos gana.
Con esa potencia económica la FIFA, en el sentido exacto de la palabra, dicta comportamientos a los gobiernos de los países sede; pero también a otros: por su decisión Rusia ha quedado fuera del torneo y también por su inexplicada mudanza se autorizó a última hora la participación de la República Democrática del Congo, cuya inclusión había sido vetada por la corrupción de los dirigentes africanos.
Sin embargo, y por sorpresa y a pesar del Ébola hace poco se divulgó esta noticia:
“…la FIFA tomó una medida inesperada que modifica el escenario de las eliminatorias africanas. En ese sentido, el organismo levantó la suspensión que pesaba sobre la Federación Congoleña de Futbol y habilitó a su selección para continuar con el proceso clasificatorio.
Los malos manejos de la FIFA, históricamente comprobados desde el tiempo ya lejanos del sempiterno Joao Havelange, compadre de la televisión mexicana y su federación de futbol con un grupo de burócratas ignorantes al frente, y de su sucesor Joseph Blatter, no le impiden aliarse siempre con las buenas causas y presumir su buena conciencia.
Por eso se ha declarado –entre otras cosas–, en contra del llamado grito “homófobo” usado por los mexicanos para distraer y poner nervioso al arquero del equipo rival, a quien –sin conocimiento real de sus preferencias– le gritan peyorativamente ¡eee… puttttoooo!, con un escándalo corriente y pachanguero sin fines probadamente discriminatorios.
Los mexicanos, ansiosos por acudir a la fiesta del alarido en los estadios, no podrán insultar a los porteros, pero tampoco usar máscaras de lucha libre como ha acostumbrado el folklore de sombrerotes, mascotas (axolotes igualitos a Clara Brugada, jefa del gobierno capitalino).
Y cornetas, banderas gigantes, punteros de láser y silbatos ¿El pretexto? la seguridad, pues cuando no hay razón para algo, siempre se invoca la seguridad como ocurrió al quererse saber lo que costó el dizque Tren Maya del gobierno anterior.
El control de la FIFA impide –además–, hasta el uso del nuevo nombre del estadio, Banorte, que le financió al grupo Ollamani la renovación del Coloso de Santa Úrsula con dos mil 300 millones de pesos y centavos.
Sí, pero hasta después de la Copa Mundial, cuando su inversión ya no se divulgue por el mundo, pues la inauguración se calcula en cinco o seis mil millones de espectadores. El planeta tiene 8 mil 500 millones de habitantes, y para todos ellos, al final, el estadio se llamará Ciudad de México.
“La codicia y la corrupción no frenan el balón. Con el apoyo irrestricto del gobierno (sea de derecha, neoliberal o populista), la FIFA se asocia con cualquier régimen e impone sus condiciones por encima de cualquier soberanía en el juego bifronte entre lo privado y lo público”, ha dicho el licenciado José Alberto Espinosa Ruiz, un honrado tecleador y profesor universitario de ética.
Irritado y como una muestra del orgullo condescendiente, añade que el gobierno de la ciudad capital adorna y pinta trenes, autobuses y paredes con imágenes de axolotes (con X) de caricatura, aunque luego tuviera que volver al amarillo original, porque las autoridades chilangas ignoraban los protocolos internacionales en materia de movilidad.
“La axolotización capitalina, sin duda, sí fracasó, al contrario de los mega negocios de la FIFA, que siempre sale ganando”, dice Espinosa Ruiz, ocasional cronista de un diario deportivo que, por supuesto, sabe lo que dice.
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