CIUDAD DE MÉXICO.- En una de sus columnas más recientes, Andrew Rhomberg, analista y consultor con larga trayectoria en la industria editorial internacional, propone una idea tan simple como inquietante: el mercado del libro ya no avanza como un bloque único, sino que se está dividiendo progresivamente en dos grandes universos.
De un lado, un mercado orientado al volumen, al bajo costo y a la escala; del otro, un mercado que apuesta por el valor, la curaduría y la diferenciación. No se trata solo de precios o formatos, sino de lógicas económicas y culturales distintas que conviven bajo la misma etiqueta de “industria editorial”.
De acuerdo con proyecto451, esta fragmentación se vuelve especialmente visible en áreas como el audiolibro, donde coexisten producciones de alto presupuesto —con narradores profesionales, elencos múltiples y un fuerte trabajo editorial— junto a contenidos generados o asistidos por inteligencia artificial, pensados para ser rápidos, abundantes y baratos. Para Rhomberg, no es una batalla entre “lo bueno” y “lo malo”, sino una señal de que el mercado se está reorganizando para responder a públicos con expectativas muy diferentes.
La misma dinámica aparece en el libro digital, en los modelos de suscripción y en la circulación de contenidos a gran escala. Mientras el segmento masivo privilegia el acceso inmediato y el precio, el segmento premium construye valor a partir de la experiencia, la marca editorial y la relación con lectores dispuestos a pagar más. El error, advierte, es pensar que uno desplazará al otro: ambos crecen, pero no de la misma manera ni para el mismo público.
Este diagnóstico funciona en relación con el segundo análisis de Rhomberg, centrado en el futuro de la edición hacia 2026 y más allá. Allí, el foco se amplía y la fragmentación del mercado aparece como parte de un conjunto de transformaciones estructurales que ya están en marcha. En este punto, el autor identifica varias tendencias clave que ayudarán a definir el rumbo del sector:
La IA como infraestructura, no como novedad: deja de ser una herramienta puntual para convertirse en una capa transversal que impacta en adquisiciones, traducción, producción, marketing, descubrimiento y análisis de lectores. La IA deja de ser diferencial: no usarla es quedar fuera de mercado.
Mayor polarización de modelos de negocio: crecerá la distancia entre proyectos orientados a escala y eficiencia y aquellos que apuestan por identidad, catálogo y valor cultural.
Presión sobre el concepto tradicional de derechos de autor, especialmente en relación con el entrenamiento de modelos y la reutilización de contenidos existentes. Y aparece un riesgo para editoriales con contratos antiguos o derechos muy fragmentados.
Reducción o estancamiento de la base lectora en mercados maduros, combinada con la aparición de nuevos lectores en otras regiones (África y Asia), con hábitos, expectativas y formatos de acceso distintos (no ligados al libro impreso).
Consolidación y alianzas estratégicas como respuesta a un entorno más competitivo y tecnológicamente complejo.
Webtoons: el formato que sí funcionó: un negocio de cerca de 10.000 millones de USD que se consolida.
Un rol editorial más estratégico, menos centrado en la mera producción y más en la toma de decisiones sobre posicionamiento, marca y público.
El sector no se encamina hacia una solución universal, sino hacia un ecosistema fragmentado, con múltiples capas y velocidades. En ese escenario, la clave no será “adaptarse a todo”, sino entender con claridad en qué parte del mercado juega cada actor y qué reglas rigen allí.
Para Rhomberg, el futuro del libro no dependerá solo de la tecnología disponible, sino de la capacidad de la industria para leer sus propias transformaciones y actuar en consecuencia.
AM.MX/fm
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