10 C
Mexico City
martes, enero 20, 2026

El Imperio contraataca

Rafael Serrano

Los yanquis izan su bandera en Veracruz (1914)

“Las agresiones han sido una constante en la política de quienes formaron y dirigieron a la nación norteamericana desde sus orígenes… Con sus agresiones, Estados Unidos inició la dominación que más tarde le permitiría convertirse en el país imperialista más potente del mundo por medio de la hegemonía económica.”
Gastón García Cantú

Como diría nuestro más importante historiador sobre las invasiones e intervenciones extranjeras en México, Gastón García Cantú: “ayer como hoy” el sino de los Estados Unidos es la guerra, la dominación y el despojo de las tierras de cualquier país o región del mundo; sea en “su patio trasero” o en el mundo entero, que también lo considera “suyo”. Estados Unidos es, como decía Octavio Paz, una democracia imperial y actúa como tal. No es novedad la intervención en Venezuela y tampoco sus estrategias de corto, mediano y largo plazo que ahora se orquestan desde el complejo industrial militar y de las agencias de inteligencia (CIA y DEA), combinando la fuerza letal con proyectos subversivos para cooptar, reprimir o suprimir estructuras de poder o grupos sociales que consideran adversos.

La democracia imperial
Estados Unidos ha lanzado cerca de 400 intervenciones militares desde su independencia en 1776 hasta 2019 (…)la mitad de éstas se han llevado a cabo entre 1950 y 2019, y 25% de ellas luego del fin de la Guerra Fría.
“Introducing the Military Intervention Project: A New on US Military Interventions, 1776-2019”. Universidad Estatal de BridgeWater https://misionverdad.com/

Estados Unidos no es solamente una democracia imperial perversa sino un imperio en decadencia cuya práctica política sigue siendo el despojo. A lo largo de la historia se ha confirmado el dicho: comportamiento predice comportamiento. Como decía Toynbee: EUA y los estadounidenses son una sociedad de soldados; pero aclaraba, no necesariamente una “sociedad militarizada”, siempre dispuesta a disponer del mundo con sus “fuerzas de tarea”. García Cantú nos señala:

“…el imperialismo se apoya en las burguesías nativas y cuánto depende su sistema del poder político ejercido contra la soberanía nacional y el desarrollo autónomo del país, sujeto a sus inversiones o explotación exhaustiva de sus recursos naturales”. Con esa ayuda, el imperialismo norteamericano se ha desbordado en América Latina; conoce el mecanismo de sus burguesías, lo indeciso, lo inestable de su posición; sabe que su juego es cambiar radicalmente de posición cuando la situación lo amerite; algunas veces fungirá como aliado y otras como el peor enemigo.” Las invasiones norteamericanas en México (1971).

En su origen la democracia “americana” fue un espacio donde se defendían las libertades individuales (garantías) como las libertades religiosas y personales (de creencia, transito y asociación) y ahora es una democracia nativista, racista y ensimismada en su pasado White-anglo-saxon-protestant (wasp) que ejerce una segregación solo equiparable a la de las comunidades afro en el siglo XIX y que dio origen a la Guerra de Cesión, que confrontó a un capitalismo agrícola salvaje esclavista con un capitalismo industrial liberal. Ambos finalmente nefastos.

En su fase terminal, la que estamos viviendo tiempo real, Estados Unidos es también una sociedad segregada, nativista y ahora militarizada; agresiva y confrontada consigo misma. En su origen fue una sociedad de migrantes europeos construyendo una utopía democrática; ahora es una olla convulsa y al borde del estallido, una melting pot compuesta de latinoamericanos, indios, asiáticos, afros, etcétera que no son aceptados por las comunidades wasp. Pasaron de Rousseau a Hobbes: del buen salvaje al hombre lobo del hombre. Y puede ocurrir lo mismo una implosión social, una guerra civil posmoderna, que una explosión mundial, producto de la pérdida de la hegemonía mundial. Ayer fue una crisis de crecimiento del proyecto capitalista industrial; hoy, es la decadencia y fin de la hegemonía norteamericana: el capitalismo se ha hibridado en sistemas que combinan la libertad del mercado con una economía centralmente planificada (China).

Debemos recordar la impronta de los EUA: comenzó expandiéndose desde el noreste en la costa del Atlántico (las 13 colonias) despojando a los pueblos originarios, exterminándolos; en su Go West llegó al Pacifico y mutiló a México despojándolo de los inmensos territorios de California, Nuevo México, Arizona, Texas, etcétera. Ya en el siglo XX, EUA siguió expandiéndose y después de la Segunda Guerra Mundial tomó el control económico y militar del mundo sustituyendo al Imperio Británico. Nada nuevo bajo el sol: lo suyo es y ha sido la expropiación de los recursos, el despojo, bajo la narrativa de que ellos, la tribu gringa elegida por Dios, es la heredera de Grecia, Roma y la guardiana del cristianismo. Como decía José María Pérez Gay: en Atenas se inicia el largo camino hacia Washington. Más de dos siglos los contemplan.

La expedición punitiva en tierras mexicanas (1916)

Hasta principios del siglo XXI esta agenda imperialista la gestionaron las elites norteamericanas de NY y las oligarquías financieras europeas asentadas en la City de Londres. Le llamaron agenda Wok o globalista teniendo como Foro el de Davos, un club de oligarcas planetarios enfundados en la creencia del fin de la historia de Fukuyama y de la guerra de las civilizaciones (Huntington). Esta agenda se hundió cuando la era neoliberal periclitó. La llegada de Trump o el movimiento MAGA (Make America Great Again) es la reacción ultra conservadora al “liberalismo wok”; una versión restauradora radical del capitalismo salvaje del siglo XIX, enfrentada al “globalismo” y su “agenda wok” con sus “Objetivos de desarrollo Sustentable” (ODS) de “fin y principio de Milenio”. Ambas ahora confrontadas, en “lucha de poderes”.

La agenda paleo-libertaria, proteccionista, nativista, racista, negacionista de MAGA/Trump descree y refuta/niega la agenda wok, la cual califica de una agenda hecha por una casta de tecnócratas del Deep State y de los lobos de Wall Street. Los cuales, dicen los trumpistas, han marginado al pueblo “original” (blanco) y fundador del sueño americano colocando sus intereses por encima del pueblo wasp norteamericano. A esta agenda le atribuyen el ascenso de las economías de Euro-Asia y al olvido/renuncia de la grandeza americana. Proponen una agenda reaccionaria, un revival, del imperialismo norteamericano del siglo XX y “recuperar” liderazgo del mundo. Para ello demandan restaurar el poder imperial americano. Llama la atención que en ambas posturas el espíritu bélico persiste, así como su aterradora estructura: el complejo industrial militar que se acompaña de un control social de la conciencias y de la opinión pública. Se habla de una guerra híbrida: las batallas militares para aplastar a los que se oponen a sus agendas y las batallas “culturales” para controlar las opiniones de los individuos (la guerra cognitiva).

Las narrativas que acompañan estas estrategias o proyectos son, tanto en la agenda globalista como a la agenda MAGA, profundamente reaccionarias y conservadoras. La posmoderna, globalista, se basa en el designio de que el capitalismo es el fin de la historia: no hay otro modelo en el porvenir. Por sus parte, la agenda MAGA se hunde y atrinchera en una vuelta al pasado, paleo-libertario, que devuelva a los individuos libres el poder que una casta de burócratas les expropió construyendo un Estado que “roba al pueblo” a través de impuestos que mal administra. Cuya utopía se llama “Liberland”, la tierra libre.


Un blindado norteamericano en la intervención en Panamá (1989)
(Foto: Public Domain)

La diferencia narrativa con la agenda globalista radica en la estridencia de sus alegatos verbales y en temas como el cambio climático, las epidemias como instrumento de control político, la transición energética, la supremacía de la razón instrumental sobre la ciencia, las libertades de cuarta generación, entre las más significativas. En el enjambre mediático que habitamos cientos de influencers y de ONGs disfrazados de neutralidad luchan por dominar la cognición de los públicos. Algunos analistas serios y estrategas de mucha experiencia han señalado que este enfrentamiento es el fondo del problema o el nudo para construir un nuevo orden mundial. Las “locuras discursivas” de Trump son disruptivas para el entramado discursivo de los globalistas. Los cuales habían inventado e impuesto, después de la segunda Guerra Mundial, un “orden mundial basado en reglas”; las reglas del Foro de Davos o las del capitalismo financiero de la City de Londres que llamaban “democracia cimentada en un mercado globalizado”. Se hablaba de la emergencia de un Derecho Internacional que era más o menos respetado por las economías hegemónicas, controlado por el G7 que permitía un “gobierno del mundo” más allá de la ONU. Este modelo se hizo trizas con los movimientos paleo-libertarios, ultra derechistas que ahora encabeza Trump y su pandilla.


Tropas gringas en Santo Domingo (1965)
(Foto: Public Domain)

La doctrina Monroe es un remake pos-guerra fría que busca una restauración del orden mundial: mezcla el neocolonialismo añejo con el supremacismo que se alcanzó con la caída de laURSS y que se recrea en discursos y narrativas que abrevan en la pos-verdad o en la tergiversación de los hechos.
Se rige por la codicia y la ambición y se esconde con el velo de la “lucha por las libertades” y por un enrevesado “combate” a ciertas “dictaduras” o “tiranías”; específicamente de signo izquierdista o de gobiernos progresistas o nacionalistas que simplemente defienden su soberanía (tierra, cultura e idioma). Toda intervención militar o de desestabilización se acompaña de una tormenta informativa generalmente falsa o de medias verdades que llena de ignorancia a los públicos del “mundo libre”. Se sigue la máxima de Maquiavelo: el poderoso debe imponerse claramente y trabajar a los dominados, invadidos/sometidos sin gastos ni esfuerzos superiores, ofreciendo a los que están de parte del invasor, la venganza contra los que han sido defenestrados. Late un espíritu reaccionario imprevisible dado el liderazgo narcisista del presidencialismo norteamericano.

Tropas estadounidenses ocupan ilegalmente el noreste de Siria
(Foto: Getty Images)

Si bien todo este escenario no es novedad, lo que si es “nuevo” es que en un mundo en donde EUA esta perdiendo su hegemonía retome con prepotencia sus rasgos autoritarios, incluso fascistas. Y lo más significativo: los Estados Unidos se debilita, vive internamente una descomposición social cuyo desenlace es impredecible. Surge un “nuevo orden” que algunos llaman “multipolar” donde el capitalismo intenta reinventarse. En este proceso, de cambios socio-históricos que presagian un nuevo modelo civilizatorio, se minan los cimientos de los Estados nación, sus soberanías.

El modelo aparentemente caduco del imperialismo (capitalismo del despojo) se revive en su versión más autoritaria, incluso fascista (nativista, integrista, supremacista) e intenta oponerse al capitalismo emergente que propone la globalización. El nuevo orden no termina por configurarse porque entraña el fin del capitalismo del despojo y pasar a otras formas dominación no necesariamente de emancipación. Ahora con los arrebatos de Trump, las Corina Machado, los Milei, los Noboa, los Katz, los Salinas pliego, los Bukele, los Abascal, los Ayuso hablan y discursean sobre “La justicia” del Imperio al cual se someten. Son aves de paso. Se los tragará el Tsunami social que viene. Bienvenidos a estos tiempos inciertos, caóticos y sin rumbo fijo.

 

 

The post El Imperio contraataca appeared first on Almomento | Noticias, información nacional e internacional.

Artículos relacionados

NOTICIAS