El zar perdió la guerra y conmemoró su coronación

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Luis Alberto García / Sapporo, Japón

* No obstante su triunfo total, el ganador no fue indemnizado.
* La restauración militarista exigía la aparición del chovinismo.
* “Japón, nación unificada, apoyaba a su Ejército”: Hideki Buruma.
* El mundo quedó sorprendido con la victoria de un país oriental.
* “World War Zero” y los pronósticos de John W. Steinberg.
* El Tratado de Paz Rusia – Japón lo promovió Theodore Roosevelt.

Rusia había sido derrotada en los combates navales de Tsushima el 14 de mayo de 1915, el día en que el zar Nicolás II, sin sensibilidad alguna, celebraba el décimo primer aniversario de su coronación y cuando, con la victoria asegurada, el emperador Matsuhito de Japón ya planeaba cuáles serían los territorios y el pago que exigiría a su rival.

Sin embargo, el Imperio del Sol Naciente no recibió ninguna indemnización económica, lo que provocó un descontento serio e inesperado en la opinión pública japonesa, acentuándose el nacionalismo radical que, sobre bases sólidas, se reafirmaría y consolidaría en las siguientes dos décadas.

“Venía una nueva generación alimentada por el idealismo de la restauración militarista que exigían los japoneses y la aparición de un chovinismo que había estado latente como parte de un periodo belicoso que empezó a sentirse inmediatamente después del triunfo sobre Rusia”, expresó Hideki Buruma, dirigente de una de las muchas organizaciones que integrarían el Saibatsu, la élite cívico-militar que dominaría a Japón hasta 1945.

En alguno de sus discursos, Buruma dijo que se contaba con una nación unificada que apoyaba a su Ejército bajo el símbolo del emperador Matsuhito: “Es evidente –recalcó- que la guerra contra Rusia ha marcado un punto de inflexión en el que Japón tiene que decidir cuáles serán sus siguientes pasos, una vez habiéndose librado definitivamente del riesgo de caer bajo el control de las potencias coloniales”.

Por lo que respecta a la reacción en el resto de los países, el mundo entero quedó sorprendido ante la primera victoria de un país oriental sobre un país occidental, y ese factor obligó a que se tomara definitivamente en serio a Japón.

Los japoneses habían demostrado haber aprendido cómo una nación se convierte en una potencia, y en suma, la victoria sobre Rusia potenció sentimientos nacionalistas existentes en todo el mundo, especialmente en las colonias, y con más sentido aún en Asia, donde cambió la forma en la cual los pueblos colonizados miraban a sus metrópolis.

Al mismo tiempo, se había asistido a un conflicto a escala hasta entonces desconocida, que según prensa de la época, había generado un momento histórico que frenaba las ambiciones imperialistas -en este caso y momentáneamente- de Japón y Rusia.

Y con el matiz por el lado japonés de la búsqueda de la supervivencia, objetivo prioritario de toda nación con aspiraciones hegemónicas, porque se habían combinado el potencial bélico y las nuevas tecnologías armamentistas del momento que, sin duda, estaban a disposición de todos.

Algunos autores, entre otros John W. Steinberg, se refirieron a la Guerra Ruso-Japonesa como la “World War Zero”, afirmando que “ese conflicto debe ser visto más como una Guerra Mundial que ocurrió previamente a la de 19014”.

Ciertamente, se trató de un conflicto en el que numerosas potencias mundiales estuvieron implicadas, aunque no de forma directa, sino mediante acuerdos o alianzas, ya fuera con Rusia o con Japón, además de financiar a cada uno de los dos contendientes.

Por otro lado, explicó Steinberg: “Podemos ver claramente las semillas de lo que sería la Guerra del Pacífico, con la escalada nacionalista y militarista japonesa, su papel como autoproclamado líder de Asia Oriental, así como la desconfianza hacia el creciente poder de Estados Unidos en la zona y los recelos por la forma en la que éstos habían conducido la situación durante la negociación del Tratado de Paz de Portsmouth”.

El conflicto se inició el 8 de febrero de 1904, la declaración de guerra se oficializó el 10 del mismo mes, concluyó el 5 de septiembre de 1905 y tuvo como escenarios Corea, Manchuria y el mar Amarillo, cuyas causas fundamentales se atribuyen al expansionismo que pretendían imponer ambos imperios en Asia y a su rivalidad político-militar.

Las acciones bélicas dieron como resultado la victoria japonesa luego de la rendición de Port Arthur y -el 14 de mayo de 1905- del hundimiento de la flota enviada desde el mar Báltico tras un periplo de nueve meses que incluyó África, para concluir formalmente con el Tratado de Paz de Portsmouth promovido por el gobierno de Estados Unidos.

Las consecuencias que trajo consigo esa guerra localizada en un punto preciso del planeta, marcó el fin de la expansión rusa en el Extremo Oriente y propició la Primera revolución rusa en 1905 – y doce años después la segunda y definitiva.

Ésta trajo el triunfo de los bolcheviques –con la participación fundamental del Ejército y la Marina en octubre de 1917, poniendo fin a la autocracia zarista en la batalla naval de Tsushima y permitir la ocupación japonesa de Corea y la pérdida de la mitad de la isla de Sajalín.

El responsable único de esa derrota fue el Nicolás II, comandante supremo que desde su palacio en San Petersburgo impuso órdenes fuera de lugar, de tiempo y de toda lógica a los generales Alexander Kuropatkin y Stepan Makárov, responsables de los efectivos de tierra y mar.

A pesar de oponerse a esa expedición, el sustituto de Makárov, el almirante Zinovi Rozhestvenski –quien no escapó a los caprichos imperiales ni a los cambios repentinos que se le ocurrían al zar-, no obstante ser un jefe leal y competente, con liderazgo y valor, cayó herido gravemente antes del hundimiento del Suvorov en Tsushima el 15 de mayo de 1905, cuando la guerra ya estaba perdida.

 

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