*Quizá el valor ético y moral del ensayo en el que Héctor Abad Faciolince nos cuenta de su vida en familia y de la admiración a sus padres, está en ese breve instante en el que reconoce su cobardía. Supongo que saberse con esa debilidad es lo que modifica su actitud ante la vida. Un poco o un mucho es pasar por ese procedimiento socrático. Conócete a ti mismo. La importancia de saber de lo que somos capaces
Gregorio Ortega Molina
Es optimista el título del texto de Héctor Abad Faciolince. El olvido inicia mucho antes de las despedidas definitivas, propiciado por envidias, odios, rencores, amores y afectos no correspondidos -como el caso del hijo adolescente que grita a su padre que lo “odia” en cuanto le reconviene que haya destruido su nuevo Renault Florida en la carretera a Valle de Bravo-, aunque la tercera posibilidad no pocas ocasiones propicia respuestas que destruyen el futuro más optimista, como ahora podemos atestiguarlo.
El desbordado amor al padre modifica creencias y actitudes que pudieron ser religiosas. La fe depositada en uno o muchos humanos, es la cancelación de la posibilidad de resolver la actitud que nos define en nuestras relaciones interpersonales y, sobre todo, familiares. Sucede entonces que la imagen del padre en el santoral del hogar, es sustituida por la del gobernante. Ahí están las fotografías de Franco, Mussolini, Juárez y ahora AMLO. La deidad ajena es entronizada en casa, incluso por sobre los afectos filiales o paternos. Se deja de ser, para pertenecer -en cada respiro- a la voluntad de una persona muchas veces inferior en calidad humana del que la endiosa.
Cuando Abad Faciolince narra lo ocurrido por la muerte de su hermana, o lo visto en la morgue, perfila los motivos de desunión familiar, cuando es el fallecimiento de los seres amados y respetados lo que debiera unir en las respuestas a la adversidad, en la búsqueda de alternativas y soluciones a los problemas que no parecen tenerlas. La censura, la persecución política, el escarnio desde la cúspide del poder, la pobreza eterna combatida a cuenta gotas con los recursos fiscales, la ignorancia propiciada por el gobierno, la inseguridad, el desempleo, mientras los que disfrutan de una impunidad propiciada por el silencio absurdo favorece la tolerancia de mayores abusos, de desmanes sin calificativo, pero sí superiores a los de ayer.
Quizá el valor ético y moral del ensayo en el que Héctor Abad Faciolince nos cuenta de su vida en familia y de la admiración a sus padres, está en ese breve instante en el que reconoce su cobardía. Supongo que saberse con esa debilidad es lo que modifica su actitud ante la vida. Un poco o un mucho es pasar por ese procedimiento socrático. Conócete a ti mismo.
La importancia de saber de lo que somos capaces. Por el momento demostramos ser un país de agachones, sin respuestas articuladas a esa impunidad de la que disfrutan los del poder, cuando prometieron que todo sería diferente y es peor. Es importante leer El olvido que seremos.
@OrtegaGregorio
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