*Son las palabras y los hechos las que determinan su modelo de actriz. La soberanía como argumento único y último ante esa adversidad que nos transforma en una nación cada vez más dependiente, como lo exhiben la narco economía, el desastre energético, el desestructurado sector salud, la dependencia científica y tecnológica, la caída del poder adquisitivo del peso, lo nulificación del proyecto educativo, las inexplicables desapariciones y, como la multiplicación de los panes, la de las fosas clandestinas
Gregorio Ortega Molina
Las apariencias parecen inequívocas. La doctora Sheinbaum Pardo reúne en sus manos todos los símbolos constitucionales, jurídicos e incluso metaconstitucionales, pero la pregunta es ineludible: ¿es ella la que gobierna?
Recordemos. Es ella la que se sienta en la silla del águila, la que se tercia la banda presidencial, la comandante (con E, no con A) en jefe de las Fuerzas Armadas, la que juró cumplir y hacer cumplir la Constitución, la que vive en Palacio Nacional y aspira a convertirse en el símbolo de ser la primera presidente de México, pero, insisto, ¿es ella la que gobierna?
Los hechos y los actores de reparto indican que ella es la protagonista principal, tiene la responsabilidad administrativa, política e histórica, pero no dice la última palabra, no decide en última instancia, no manda, porque sobrevive una fuerza exógena a las instituciones que dan cuerpo a la República y, en los hechos, impone su voluntad para impulsar el ensueño de la república bolivariana, de convertirse en otro Fidel, o al menos en otro Daniel Ortega o en un postrero Miguel Díaz-Canel…
Los hechos son irrefutables. Su imagen política, la que se difunde en la propaganda y la desinformación no es la que ella concibió para sí misma, sino la que Andrés Manuel López Obrador ideó para que no opacara su legado y la que le impone por medio de las huestes de Jenaro Villamil y Jesús Ramírez Cuevas. La transformaron en el clon de Ana Elizabeth García Vilchis, con el propósito de que sea el santo patrono de Palenque el director de escena, el aspirante al Óscar.
Son las palabras y los hechos las que determinan su modelo de actriz. La soberanía como argumento único y último ante esa adversidad que nos transforma en una nación cada vez más dependiente, como lo exhiben la narco economía, el desastre energético, el desestructurado sector salud, la dependencia científica y tecnológica, la caída del poder adquisitivo del peso, lo nulificación del proyecto educativo, las inexplicables desapariciones y, como la multiplicación de los panes, la de las fosas clandestinas.
¿Produce ternura o conmiseración la sedicente titular del Ejecutivo? No, ella eligió desempeñar ese papel y alimentarse de la fama, más que del éxito que le exige su investidura constitucional.
@OrtegaGregorio
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