LA COSTUMBRE DEL PODER: Hambre sin alimentos III/V

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*¿Cómo agradecer que una institución de asistencia privada investigue y, además, aporte soluciones al problema del hambre y la mala nutrición? El gobierno cuenta con una herramienta que está presupuestada y dentro de las atribuciones constitucionales señaladas en su artículo 3°. Es necesario educar para comer, enseñar a servirse del “gasto” y a no echar a la basura lo que todavía es alimento

 

Gregorio Ortega Molina

La vida es un derecho al que no su puede acceder si se carece de salud. Uno de los primeros impedimentos para vivir saludablemente es el hambre. Solucionar el abasto regular y accesible de alimentos básicos, es una responsabilidad social, pero el gobierno no participa y todo lo enreda con sus programas de bienestar.

     Desde su oficina de información “el INEGI da cuenta de que el Indicador Mensual de la Actividad Industrial (IMAI) registró una caída real de (-)1.8% en mayo del año actual respecto al mes previo, con base en cifras desestacionalizadas.

     “Por componentes, la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final se redujo (-)10.2%, la Minería (-)3%, la Construcción (-)1.3% y las Industrias manufactureras (-)0.3% durante el quinto mes de 2020 frente al mes anterior.

     “En su comparación anual, la Producción Industrial retrocedió (-)29.7% en términos reales en el mes de referencia. Por sectores de actividad económica, la Construcción disminuyó (-)35.9%, las Industrias manufactureras (-)35.6%, la Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final (-)12.9% y la Minería (-)5.8 por ciento”.

     Como corolario, el mismo INEGI da cuenta de que durante el último trimestre de 2020 la economía cayó 18.9 por ciento; otras casas de análisis y otros especialistas dan diferentes cifras, pero todas en torno al 20 por ciento. Es el tamaño de nuestro gobierno.

     Si esas son las estadísticas reales, es momento de preguntarnos quiénes, hoy, tienen ingresos suficientes para adquirir la canasta básica o un poco más, y garantizar la alimentación saludable de su familia.

      En el texto que Carolina Pérez Ferrer y Mariana Jiménez Cárdenas aportan a las memorias del XXV aniversario de Alimento para Todos, nos dan cuenta de que “En el año 2012 el 41.6 por ciento de los hogares mexicanos informaron que padecían de inseguridad alimentaria leve, mientras que el 28.2 por ciento reportaron inseguridad alimentaria moderada y severa.

     “La inseguridad alimentaria, al igual que los problemas de nutrición, es más prevalente en poblaciones en desventaja social. Mientras que la inseguridad alimentaria severa se asocia con mala nutrición por deficiencias, la inseguridad alimentaria leve se ha asociado, paradójicamente, con sobrepeso y obesidad…

     “Se calcula que un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo, se pierde o se desperdicia. En tanto, de acuerdo con datos difundidos por la FAO en 2020, más de 820 millones de personas en el mundo pasan hambre y 1300 millones de personas experimentan inseguridad alimentaria en niveles moderados”.

     ¿Cómo agradecer que una institución de asistencia privada investigue y, además, aporte soluciones al problema del hambre y la mala nutrición? El gobierno cuenta con una herramienta que está dentro de las atribuciones constitucionales señaladas en su artículo 3°. Es necesario educar para comer, enseñar a servirse del “gasto” y a no echar a la basura lo que todavía es alimento.

     www.gregorioortega.blog                                          @OrtegaGregorio

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