LA COSTUMBRE DEL PODER: Un enfermo nos gobierna

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Por: Gregorio Ortega Molina

Se discute en abundancia sobre las enfermedades físicas del presidente de México, y sus posibles implicaciones en la capacidad intelectual que se requiere para dirigir una nación en crisis. Creo que lo que suceda con su cuerpo no debe alterarnos, lo que realmente nos concierne es lo que ocurre con su emotividad, sus sentimientos, su mente. ¿Está en sus cabales?

La actitud y la palabra con la que resolvió su rechazo a Tatiana Clouthier nos motivan a dudarlo. ¿Puede, un hombre que dice gobernar para todos, mostrarse tan duro? La fotografía del beso a una niña, o las respuestas cuando de su hijo Jesús Ernesto se trata, indican que padece trastornos anímicos y que es una respuesta a los rechazos -supuestos o reales- por él sufridos en la vida. Pasa de la irascibilidad a la sonrisa, lo que lo muestra como un maestro en la impostura social. Vive en la fantasía de su proyecto personal, que de ninguna manera es el de la República.

Negar lo que está a la vista de todos, y asegurar que lo blanco es rojo, como ocurre con la corrupción de sus familiares, equivale a empeñarse en modificar la inmodificable, cuando menos por la palabra, pues la actividad militar siempre es y será disuasiva, de ninguna manera preventiva, y en ese engaño le concedieron, desde el Congreso, una prolongación del mandato, como lo ensayó con Jaime Bonilla Valdez, primero, y después con Arturo Zaldívar Lelo de Larrea. Intentará llevar su gobierno hasta 2028 sobre los hombros de los generales.

El desbordamiento del gasto sin beneficio económico para el desarrollo, si no es el de su ego; la cancelación de proyectos imprescindibles, como el del AICM; su obsecuencia con Donald Trump y su tozudes para poner trabas a Biden y obstaculizar el TMEC con el argumento de una soberanía que dejó de existir en cuanto la globalización determina la conducta de Occidente, indican que desconoce o rechaza la ubicación geopolítica de México y trata de modificar el destino con las uñas, en lugar de con la inteligencia, la razón y la ley.

La desfachatez con la que incumple y viola su mandato Constitucional, documento al que desprecia, como lo indicó desde que decidió mandar al diablo a las instituciones.

No lo quisimos ver. Desde el momento que sostuvo que primero son los pobres, debimos comprender que su proyecto y su palabra abrevan en Lucio Sergio Catilina. Evaluemos la actitud de quien nos gobierna.

www.gregorioortega.blog
@OrtegaGregorio

 

 

 

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