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jueves, enero 8, 2026

La importancia de llamarse Eréndira

Luis Alberto García / Pátzcuaro, Mich.

*Nombres importantes para las investigaciones históricas.
*María Eréndira Anguiano Roch, entre las primeras.
*Repaso a la genealogía de una familia de Parangaricutiro.
*El saber de las dimensiones y envergadura de una leyenda.

Eduardo Ruiz Álvarez, escritor, político, ideólogo, guerrillero michoacano, mente luminosa enmarcada en la restauración liberal juarista de la década de 1860 del siglo antepasado, dice que en su afamada historia que “ya no sólo vemos el drama de Eréndira, el caballo blanco, los purhépechas y los españoles en 1522”.
Va más a fondo y reflexiona en el sentido de que vemos el drama de la representación masculina del ideal liberal femenino a finales del XIX y cómo, selectivamente, en el XXI se destaca uno u otro aspecto de un personaje complejo.
Finalmente, veremos cómo las mujeres de carne y hueso responden al reto de nombrarse Eréndira en las llamadas Eréndira, pues para Ruiz los nombres personales son siempre interesantes para las investigaciones en historia y antropología.
Imponer un nombre es un acto obligatorio, pero la elección del nombre se realiza con relativa libertad, y por ello son un instrumento interesante para el estudio de los cambios sociales a lo largo del tiempo.
En el archivo histórico del Registro Civil de Uruapan -uno de los municipios en donde hay más Eréndiras-, encontramos sólo dos niñas así llamadas en 1920; luego no aparece el nombre nuevamente sino hasta 1936.
De ahí en adelante se registra al menos una vez casi todos los años, y conforme avanzamos en el siglo XX se vuelve más y más frecuente.
Una de las primeras, si bien no nació ni fue registrada en Michoacán, sino en el Distrito Federal en 1935, es María Eréndira Anguiano Roch, hija del licenciado Victoriano Anguiano Equihua, abogado purépecha originario de San Juan de las Colchas o Parangaricutiro, el pueblo que destruyó la erupción del volcán Paricutín el 21 de febrero de 1943.
Su padre murió en combate contra los cristeros en 1928, lo cual lo obligó a dejar sus estudios de Derecho en el Distrito Federal y continuarlos en Morelia; pero Anguiano ayudó al joven general Cárdenas en su campaña para ser gobernador de Michoacán ara el periodo 1928-1932 como orador en mítines, intérprete y consejero.
Durante el gobierno de Benigno Serrato, entre 1932-1935), Anguiano fue Secretario de Gobierno, y también ocupó cargos de diputado federal, profesor en la UNAM de Historia Universal e Historia de América, Rector de la Universidad Michoacana, y hombre cercano José Vasconcelos y al gobierno del general Félix Ireta en sus inicios.
Sin duda, Victoriano Anguiano estaba perfectamente al tanto del relato de Eduardo Ruiz y su significado épico nacionalista cuando eligió nombrar María Eréndira a su hija.
Probablemente fueron parientes suyos por su lado materno (Margarita Equihua Gallegos), los varios Equihua que Eduardo Ruiz refiere en el prólogo al primer volumen de Michoacán. Paisajes, leyendas y tradiciones.
Entrevistada, Eréndira Anguiano, comentó:
“Me hace sentir orgullosa llevar, como una parte de mi herencia paterna, el nombre que mi padre me puso. Nunca hablamos de ello, pero siempre entendí que para mí él era significativo, pues sabía las dimensiones s y la envergadura de una leyenda tras mi nombre.
“Uno de sus hermanos, mi tío Luis, se casó con Consuelo Martínez López, quien fuera por más de cuarenta años una maestra querida en Paracho, y lo más notable es que, todas sus hijas, llevan nombres purhépechas: Janikua, Yurítzkiri, Erandi, Ireri, Yunuén.
Su abuelo paterno, Hermenegildo Anguiano, era un hombre instruido, había estado en el seminario, y obre lo inusual que resultaba su nombre en los años cuarenta, María Eréndira Anguiano Roch comenta:
“Al principio, cuando estaba chiquilla en la primaria, me sentía rara, todo mundo preguntaba de dónde era ese nombre, qué quería decir, por qué me llamaba así […] entre la secundaria y la preparatoria me encontré con una compañera que se llamaba Guadalupe Eréndira Hoyo.
“Ella venía del estado de Hidalgo, de gente intelectual, de gente que actuaba en la política. Su padre era gobernador de Hidalgo, contemporáneo, más o menos, de mi padre”.
Y por último, recuerda que, viviendo en la India en una estancia diplomática de su esposo, Eréndira Anguiano fue madrina de una niña a la que sus padres llamaron Eréndira, nombre que sonaría en aquel país como una variante de Indira, como la señora Gandhi, quien murió en 1984 como gobernante de la gran tierra de los marajáes.

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