La UNAM en su laberinto

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Por Rafael Serrano

El desastre en los “exámenes” de admisión de la UNAM es uno de los síntomas  del ya prolongado deterioro institucional que padece  nuestra “Máxima Casa de Estudios”. Se ha empantanado. Perdió su vocación, su dirección y sentido: ser garante del conocimiento como un bien público: gratuito, incluyente, de calidad y al servicio de la Nación. Para rescatar su noble misión cuenta con una inmensa masa crítica de docentes y alumnos esperando que la Universidad de la Nación vuelva a ser el faro humanista que se requiere en estos tiempos turbulentos y oscuros y no un espíritu blandengue que olvida el designio de la raza cósmica de Vasconcelos.

La  paradoja universitaria

En esta coyuntura de cambios no solo estructurales sino civilizatorios, la UNAM muestra que es una vetusta estructura corporativa oligárquica enmascarada de autonomía y que ha dejado de ser nacional y pública: una institución en manos de elites académicas gremiales que siguiendo a Pareto, se renuevan a sí mismas  para sostener una burocracia dorada que determina qué enseñar, qué investigar y qué conocimientos difundir, atada al pasado con una pobre retórica del porvenir, miope; anclada todavía  en los modelos napoleónicos de facultades del siglo XIX  y cerrada a escuchar la realidad social emergente (la virtualización del mundo); de espaladas a los reclamos de miles de jóvenes que piden acceso a la sociedad del conocimiento sin numerus clausus; que reclaman una renovación radical de los currículos, de las prácticas docentes ancladas en una pedagogía solipsista, ciega y sorda ante la secularización del conocimiento. Una universidad con magníficos profesores y científicos aletargada ante las profundas revoluciones científicas que vivimos y en las que una minoría privilegiada de académicos crea un abismo entre ellos y miles de profesores precarizados que sostienen una docencia “como se puede y con lo que hay”.

A pesar de la retórica “libertaria” de la nomenclatura académica, el divorcio con respecto a los sentimientos de la nación es real, se ha perdido en el laberinto de una  “autonomía” perversa  y una  libertad de cátedra libertina;  olvidando  lo que significa servir a la Nación y estar cerca  de la vida social, comunitaria, realmente existente; distante de los profundas transformaciones de México y de su reclamos para resolver problemas estructurales y enfrentar los nuevos desafíos:  el deterioro ambiental, el nuevo orden mundial, las guerras neocoloniales salvajemente extractivistas, la virtualización de mundo; y sobre todo, la emergencia de la ignorancia como sustituto de la razón.

Internamente, nos encontramos con una institución escindida y paquidérmica, donde estudiantes y profesores sostienen una docencia con planes de estudio y pedagogías del siglo pasado: un desierto de pobreza pedagógica con  oasis  donde  emergen centros y espacios de reflexión con  producción científica de alto nivel que conviven con espacios donde la calidad académica es fruto del heroísmo de algunos profesores mal pagados y vilipendiados por los señores de la razón que habitan en CU. Un  desierto viviente donde habitan 380 mil alumnos y 43 mil profesores. Más del 60% profesores con bajos salarios (28 mil) y una minoría que alcanza salarios de más de 100 mil pesos  al mes.

Cada año la Universidad rechaza a miles de estudiantes esgrimiendo incapacidad para absorber la demanda y para “garantizar” la calidad académica.  Y cada año se reducen las plazas para profesores.  La UNAM ha olvidado  las demandas del 68, el legado de los rectores Ignacio Chávez y Javier Barros Sierra; las propuestas innovadoras de la universidad de masas del Rector Pablo González Casanova, las luchas estudiantiles por la gratuidad de la educación, contra el numerus clausus y la exclusión. Más de medio siglo y el aggiornamiento burocrático ha sido retórica; en la práctica,  la UNAM es un feudo conservador.

Datos duros

Aumenta la matricula escolar a ritmo  lento: 2% anual y entonces se usa la navaja del numerus clausus https://ampliacioncobertura.anuies.mx/indicadores

La matrícula total de la Universidad Nacional Autónoma de México es de aproximadamente 380,000 estudiantes distribuidos en los niveles de bachillerato, licenciatura y posgrado. En un cuarto de siglo la matricula  ha crecido 50%; un 2% anual: de 240 mil alumnos en el año 2001 a 380 mil en el 2026 . La demanda educativa de educación media superior, a nivel nacional, ha crecido  a un ritmo de casi 4% anual en un período de 20 años. En el caso de la educación superior la demanda ha crecido en algunas instituciones a un ritmos del 10% anual. De los aspirantes a ingresar a la UNAM se rechaza al 40%.

 

La mayoría de los docentes de la UNAM trabaja por asignatura con ingresos limitados y alta incertidumbre laboral

https://www.facebook.com/ScieloMexicoOficial

Publicado el 26 de julio 2026

 

·       Hasta 2025, la UNAM contaba con 43,156 docentes, de los cuales 28,025 (64%) eran profesores de asignatura, contratados de acuerdo con las materias y horas que les son asignadas cada semestre.

·       La mayoría trabaja por horas y ganan hasta 590 pesos semanales por materia; dependiendo de la carga docente, mientras que una profesora entrevistada reportó un ingreso aproximado de 2,500 pesos mensuales por impartir una asignatura de cuatro horas semanales, sin considerar prestaciones.

·       La  diferencia entre los ingresos de profesores de asignatura y los de profesores o investigadores eméritos, quienes, considerando estímulos académicos, pueden percibir entre 154 mil y 215 mil pesos mensuales.

·       Los estímulos académicos pueden incrementar considerablemente los ingresos de algunos docentes de tiempo completo, ampliando las diferencias salariales dentro de la propia universidad, aun entre profesores con la misma categoría.

·       Los profesores de asignatura constituyen la mayor parte de la planta docente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este modelo de contratación implica bajos ingresos, contratos temporales y limitadas oportunidades de estabilidad académica, una situación que también se observa en buena parte de la educación superior del país.

·       Los académicos entrevistados señalaron que la remuneración no contempla el tiempo destinado a preparar clases, elaborar y calificar exámenes, asesorar estudiantes y realizar otras actividades docentes, lo que incrementa la carga laboral sin un pago adicional equivalente.

·       Los profesores de asignatura también enfrentan incertidumbre sobre la continuidad de su empleo, ya que muchos trabajan con nombramientos temporales y dependen de que cada semestre se les asignen nuevamente materias. Algunos permanecen durante años sin acceder a la definitividad.

·       Entre las actividades con remuneraciones específicas se encuentran la participación en exámenes profesionales y de posgrado, así como el pago de 18 pesos por alumno en exámenes extraordinarios. En contraste, la asesoría de tesis no genera una compensación económica adicional.

·       A nivel nacional, el Programa Nacional de Educación Superior 2026-2030 indica que 332,297 de los 489,811 docentes de educación superior (67.8%) trabajan bajo el esquema de asignatura, y plantea recuperar el propósito original de esta figura como complemento de una actividad profesional, en lugar de sustituir plazas de tiempo completo.

 

Jubilarse es perder ingresos y estímulos económicos; pero también obtura la renovación de la planta docente

lajornadaonline

Cifras recientes de la UNAM muestran que el 18.3% de su plantilla (casi 8 mil docentes) tiene 30 años o más de antigüedad, quienes incluso podrían jubilarse, pero no lo hacen porque ello implica perder estímulos y bonos económicos o porque no cuentan con una plaza de profesor de carrera para obtenerla. No obstante, este proceso de retiro ha dado paso a que el segundo grupo de docentes con mayor prevalencia esté conformado por los que apenas cuentan con dos años de antigüedad, ya que suman 6 mil 976, equivalente a 16% de toda la plantilla académica de la universidad nacional.

La UNAM va tarde:  1) en la formación de personas y ciudadanos para vivir y habitar el siglo XXI; 2) en la democratización y secularización del conocimiento ; 3) en la renovación  radical de la vida académica y sindical  ahora apresadas en una burocracia parasitaria; 4) en la apertura a las culturas juveniles que ni las escucha ni las reconoce; 5) en el aplazamiento o contención de una transformación profunda, no reforma, de la UNAM;  más que necesaria, urgente.

Panorama desolador: una oligarquía académica ciega y sorda

El panorama es desolador: miles de profesores jóvenes precarizados no cuentan ni contarán con una plaza para sobrevivir; sosteniendo a una minoría de profesores o investigadores con sueldos altos y exigencias mínimas. Esta “asimetría” es perversa. Pone a profesores que legítimamente han logrado obtener buenos sueldos contra los profesores que no pueden acceder a un sistema de estímulos mal diseñado; en ese sentido, el Sistema Nacional de Investigadores (SIN) se convierte en un instrumento de exclusión pervirtiendo su propósito: premiar el  mérito académico y garantizar la conservación de la excelencia académica.

Mientras poblaciones estudiantiles crecientes que demandan educación  de calidad y que se someten a un examen excluyente que pone en duda sus estudios de bachillerato bajo el pretexto de “seleccionar a los mejores”. Ya en la Universidad se enfrentarán con planes de estudio para habitar el siglo pasado; con un gobierno de exquisitos, “de los mejores”, que cada 4 años eligen a uno de los suyos como Rector a través de un caduco Consejo de Ancianos eméritos (Junta de Gobierno) en procesos providenciales en donde la comunidad es solamente consultada y “oscuramente” (voto calificado) tomada en cuenta. Hace tiempo que la oligarquía académica que controla el campus universitario no entiende ni quiere comprender que ya comenzó un cambio social radical, civilizatorio; que ha postergado su renovación. Los cambios civilizatorios que anuncia la virtualización del mundo exigen una transformación que democratice la vida académica vía la secularización plena.

Los gobiernos conservadores de la UNAM

https://www.milenio.com/politica/comunidad/rectores-de-la-unam-quienes-han-sido-a-lo-largo-de-109-anos

 

A lo largo de 109 años, la Universidad nacional ha tenido más de 40 rectores tanto elegidos por la Junta de Gobierno como interinos. La UNAM ha sido regida principalmente por abogados y médicos, incluso, desde 1972 la Rectoría ha sido ocupada mayoritariamente por el gremio médico: Soberon, Rivera Serrano, De La Fuente, Narro, Graue. También ingenieros civiles, arquitectos, biólogos y un sociólogo han sido rectores. Algunos fueron radicalmente conservadores como Barnes y Carpizo o francamente grises y opacos; otros brillantes como Vasconcelos, Caso, Gómez Morín, Castro Leal pero muy conservadores. Los rectores progresistas que destacan fueron Chávez, Barros  Sierra y González Casanova (1966-1972). Tanto Chávez como González Casanova renunciaron después que porros de la derecha y del priato los humillaron.   Al hacer renunciar a González Casanova, a golpe de porrismo, emerge una nomenclatura de los gremios, donde destaca el gremio médico. De hecho, Soberón es un rector restaurador de los usos y costumbres de la estructura napoleónica  que desoye, acota y reprime las demandas del 68; con él, se inicia un largo periodo (más de 50 años) donde se instala una hegemonía académica rancia, supremacista y de élite bajo el discurso de la calidad académica y el “gobierno de los eruditos” cuyo timbre de orgullo es el rectorado del psiquiatra  De la Fuente que coloca a UNAM como “una de las mejores universidades de Latinoamérica” poniendo la miseria académica amplia extendida debajo del tapete. Durante estos años, el movimiento estudiantil demanda una reforma estructural de la Universidad, se realizan huelgas y paros para exigir que la universidad se renueve y se democratice, propone un congreso incluyente que ponga al día a la Universidad de la Nación. Nunca se cumplió con la propuesta de reformar la ley Orgánica de la UNAM y refundar la institución. Actualmente, el Rector es un economista que responde al grupo conservador que hegemoniza el gremio de abogados. Sus propuestas son restauradoras y conservadoras.

La retórica de la alta burocracia de la UNAM  es cancina y vieja. Jerigonza de algunos investigadores de “alto rendimiento” que sólo se miran así mismos para sostener sus prebendas/privilegios académicas y desprecian a los alumnos que “no saben pensar científicamente” y que vienen “mal preparados” y con “carencias cognitivas sistémicas” y  que se desentiende de los jóvenes, de sus habilidades y de sus modos de existir (sus culturas juveniles) haciendo caso omiso de sus demandas tanto de apertura y de libertad como de sus reclamos existenciales (los cuidados del cuerpo y la mente); a los cuales algunos profesores responden en posmoderno:  “gobernar la clase” como si fuera un micro-cosmos del poder político. No observan que tenemos muchos estudiantes golpeados por la violencia estructural y que llegan con dolores que obstruyen su desarrollo.

 

 

20% de los estudiantes padece algún trastorno emocional

https://www.orienta.unam.mx/senda/7/art5/

 

 

“Un estudio llevado a cabo en 21 países (entre ellos México) para examinar la prevalencia de desórdenes mentales en estudiantes entre 18 y 22 años, se encontró que el 20.3% de esta población presentaba indicios de padecer alguno de los trastornos indexados en el DSM-IV (Manual de diagnóstico estadístico de trastornos mentales). De ese porcentaje, únicamente el 16.4% de los casos habían recibido algún tipo de atención especializada en salud mental en los últimos 12 meses. Los padecimientos más comunes detectados en esta población fueron: ansiedad, desórdenes del estado de ánimo, consumo de sustancias y desórdenes de comportamiento (Auerbach, et al. 2017).”

Los olvidos del discurso de la nomenclatura académica

Olvida que se vive un periodo de transición civilizatoria que se extenderá hasta mediados de este siglo, momento en el que se espera comience una nueva época. Los utopistas hablaban de superar la era del “talón de hierro” para pasar a la “edad del hombre”. Los distópicos lo ven con escepticismo. Surge la necesidad de superar la modernidad hacia otras alternativas. Actualmente se debate entre el humanismo inscrito en todas las filosofías (occidentales, orientales; de los pueblos originarios o de los pueblos mestizos) y las posturas pos-humanistas que plantean ir más allá de lo humano. Ambas debaten lo que significa la Mejora Humana. Se trata, además, de integrar saberes ancestrales con tecnología, o modelos de producción socialmente justos y ecológicamente sostenibles.

 

Este proceso se percibe no solo como una amenaza de colapso, sino como una oportunidad de redefinir la relación entre la humanidad, su tecnología y la ecología del planeta. Resulta preciso reflexionar sobre lo que hoy significa la transformación y la reconversión que estamos viviendo y que refiere a la virtualización del mundo y cómo esta virtualización está transformando el orden social y anunciando la emergencia de un nuevo paradigma social. Se presenta como disrupción más que como innovación o reforma y pone en crisis a las organizaciones sociales. El malestar en nuestros recintos universitarios es un síntoma de esa disrupción. Y por tanto, exigen cambios en la enseñanza, la investigación y la difusión de la cultura. Con las herramientas de las tecnologías de la información el currículo, el aula y el rol del profesor o del investigador se sustituyen por otras formas de aprendizaje basado en exo-memorias e inteligencias artificiales.  El aula, el trabajo docente y la investigación no se empobrecen se enriquecen.

 

Reflexión final: que hable el espíritu de nuestra raza

La universidad nacional es ahora una estructura que habita en el pasado. Sorda, ciega y prepotente. El numerus clausus es un ejemplo, de como después del movimiento estudiantil de 1968, las reformas para construir una universidad pública democrática, fraterna y solidaria se han acotado, reprimido y los movimientos de finales del siglo XX para reformar la universidad, se han postergado para las calendas griegas (ad calendas graecas). Es decir, se han aplazado de forma indefinida o “nunca van suceder”.

Todavía estamos esperando un Congreso Universitario abierto y plural para renovar la estructura de poder de la universidad y diseñar una universidad desde abajo con la participación de toda la comunidad universitaria (profesores, investigadores, trabajadores y sobre todo alumnos) de cara a los cambios  socio-históricos que estamos viviendo. La democracia no ha llegado a la Junta de Gobierno de la UNAM y el Rector sigue siendo elegido por una junta de notables que llegan ahí por la fuerza de los gremios. Y tiene atribuciones de príncipe absolutista con las arrogancias propias de habitar el sexto piso de la Torre de Rectoría que mira hacia el Ajusco y poco hacia nuestros volcanes eternos. Ciego, mudo y sordo ante el tsunami social que tiene enfrente. La Rectoría es una especie de Partenón de patricios académicos; una gerentocracia llena de privilegios y muy ajena al mundo que vivimos.

Los profesores históricos hablan

https://www.jornda.com.mx/noticia/2026/07/30/opinion/a-examen-maquillar-o-resolver-la-crisis

“Por otro lado, la UNAM debe promover una amplia discusión nacional, entre universidades públicas y gobierno federal, para la creación de nuevas instituciones de educación superior de alto nivel. Estas deberían ser universidades de docencia e investigación que cumplan con las expectativas juveniles de formación: con buena parte de sus plantillas académicas de tiempo completo y con estabilidad laboral, con instalaciones adecuadas y recursos suficientes, con formas de gobierno colegiadas y participativas, y que impartan las carreras que los estudiantes buscan. La UNAM tiene ante sí una prueba más determinante que cualquier examen de admisión: la de reafirmar su credibilidad institucional. Las autoridades pueden seguir administrando la opacidad, dosificando soluciones parciales pensadas para minimizar el costo político, y apostando a que el tiempo diluya la indignación”.  Imanol Ordorika

Recordemos que después de cancelar el proyecto de universidad de masas propuesto por don Pablo González casanova para responder a las demandas del 68, sobrevino una era muy conservadora basada en lo que una elite  o unas elites intelectuales corporativas (gremios) consideraban que era la misión de la Universidad Nacional. Recordemos los afanes de los  exquisitos gremios de médicos, abogados e ingenieros que fueron rectores y sostienen y sostuvieron una visión de universidad anclada en el pasado o alineadas a los proyectos del gobierno-estado. Para ello se ejercía “la autonomía” aunque en la era del priato era otro aparato más del Estado, del ogro filantrópico. Y durante el neoliberalismo, varios rectores contribuyeron a escindir a la comunidad académica  creando  modelos perversos para el ingreso, la permanencia, la promoción y la jubilación de los docentes. El concepto de rentabilidad/productividad como único parámetro para medir la calidad académica.  Se ha amenazado varias veces con abandonar la gratuidad de la educación y restringir más el acceso a la educación. Se han librado muchas batallas en medio siglo de rectorados conservadores. Y la estructura medieval sigue más o menos intacta. Tiempo de desmontarla para que la Universidad recupere su misión y su visión humanista. Que vuelva hablar el Espíritu de nuestra raza…

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