Teresa Gil
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Los cambios en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que se llevaron a cabo a partir de una elección, siguen vigentes. Es un hecho concreto legalmente realizado que plantea una transformación dentro de ese poder que está ya inscrita. Y que el que dentro de ese poder haya traiciones, cambios no autorizados legalmente y se desvíe en algunos el propósito fundamental, no cambia las cosas. Ahora se trata de seis ministros que violaron los acuerdos por los que se llegó a ese cambio y retomaron viejos derechos que no solo afectan al pueblo, sino que vulneran los principios por los que llegaron. Pero hay que recordar que ante un grupo de traidores, hay gente en ese poder que se mantiene incólume en su postura y que apegada sigue adelante con el cambio. Los ministros en cuestión son Yasmín Esquivel Mossa, Loretta Ortiz Ahlf, María Estela Ríos González, Giovanni Azael Figueroa Mejía, Irving Espinosa Betanzo y Arístides Rodrigo Guerrero García. Qué se va a hacer con los ministros que violaron los acuerdos de un cambio, es otra cosa, más cuando hay leyes concretas que fijan la negativa de lo que apoyaron.
EN TODO PROCESO DE CAMBIO PUEDE HABER TRAICIONES.
Cuando se propone un cambio profundo como el que se ha planteado desde hace casi ocho años, siempre hay que tomar en cuenta que nada es perfecto. El propio Andrés Manuel López Obrador se dio cuenta con personajes cercanos y en los errores graves que cometió al elegir a ciertas mujeres como Lily Téllez. Eso se ha visto en los regímenes recientes con personas que enseñaron la cara y otros que han sido descubiertos en pleno desvío. En el manejo de un poder hay que tomar en cuenta que así como en el poder legislativo hay personas de diferentes orígenes, en los otros dos poderes el ejecutivo y el judicial, puede ser lo mismo aunque se expongan falsamente algunas de ellas. Puede tratarse de personas que siempre fueron así y lo ocultaron o que llevadas por la atracción del poder y los recursos, traicionaron sus posturas.
ANTE EL CASO, LAS VIVENCIAS DE UN JURISTA-ACTOR, HECHAS PÚBLICAS
No me voy a leyes nuestras sino a las que tenía el gran actor y autor que fue, como jurista que era, Erle Stanley Gardner, en su proyecto La Corte de ultimo recurso, del que publicó más de 700 narraciones algunas parecidas al caso mexicano, 127 novelas, utilizando un gran número de seudónimos. Fue el creador del abogado penalista Perry Mason, que mantuvo expectantes a los televidentes tras los enigmas que descubría el actor canadiense Raymond Burr. El proyecto de la Corte buscaba tratar errores judiciales. Los títulos eran muy ingeniosos, con jueces llevados por la pericia del penalista que era el propio Gardner. Hay en sus programas mucha maraña, mentiras de los personajes, suplantaciones y cambios no previstos. Gardner era un genio, maestro del misterio, conocedor aparte del derecho, de geología, zoología marina, medicina forense, arqueología, historia natural, fotografía, entre muchas disciplinas. Pero siempre luchó por otorgar justicia en contra de los que olvidando su papel de verdaderos jueces, traicionaban sus principios.
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