Por EDGAR GONZALEZ MARTINEZ
Los medios masivos de comunicación están enfrascados en una guerra de contenidos, algunos malos, otros no tanto y, sí, también algunos excelentes. Son las once de la noche. Acabas de terminar el último episodio de una serie. No fue mala, pero tampoco te cambió la vida. Mañana, apenas recordarás nombres o giros en la historia.
Por supuesto, el entretenimiento moderno: infinito, inmediato y la mayoría, efímero. La curva del olvido de Ebbinghaus lo explica: sin refuerzo, perdemos hasta el 90% de lo nuevo en pocos días. El consumo masivo de series y programas de televisión acelera la caída: con una retención intensa al ver el contenido, pero fugaz con el paso del tiempo.
Antes, existían momentos clave que creaban valor: esperar episodios, comprar discos o planear ir al cine. Esa espera forzaba la atención y la emoción. Hoy, tenemos catálogos infinitos y algoritmos que eliminan barreras, además de gran parte del impacto duradero. Aun así, seguimos consumiendo a grandes cantidades porque lo necesitamos: en un mundo acelerado, en nuestro refugio cotidiano, una compañía que nos ofrece un escape momentáneo, y lo tomamos.
Por qué las series son un progreso ficticio (y cómo elegir las que sí recordamos). Las series encajan en rutinas poco establecidas: un capítulo mientras cenas, un maratón de alguna serie el fin de semana. Cada episodio genera una sensación de “progreso ficticio”, de satisfacción inmediata cuando la vida empieza a ser monótona.
Por eso toleramos, consumimos y recomendamos series que no son las mejores: con una estructura predecible, pensada en generar entretenimiento al instante.
Las series que perduran, como: The Bear (caos visceral), Succession (ambiciones dolorosas), The Last of Us (tragedia humana) equilibran confort y sorpresa. Nos hacen pensar, sentir y recordarlas.
¿Por qué recordamos más las películas que vemos en las salas de cine? Este tipo de largometrajes ofrecen una experiencia sin distracciones: algo inédito en la actualidad.El cine auténtico exige atención plena. Muchas películas en streaming no se ven de manera continua, por lo que su paso por nuestra memoria es efímero.
Entregarte por completo, en tiempo y mente, a la visualización de un filme, te permite experimentar y entender, de manera plena, la trama, el contexto, el guion, la musicalización, el desarrollo de los personajes. Parásitos, Oppenheimer o Past Lives, son obras que perdurarán en nuestro imaginario cultural durante muchos años.
¿Por qué olvidamos la mayoría de la música que escuchamos todos los días?. La música es una constante en nuestras vidas: nos acompaña en el trabajo, en el entrenamiento, cuando cocinamos o nos trasladamos. Ahora, con las nuevas aplicaciones, incluso puedes tener playlists basadas en un algoritmo que intenta recomendarte canciones según tu estado de ánimo. Todos los días consumimos decenas de canciones, que, muchas veces, terminan en el fondo de nuestra memoria. Se convierten en una anestesia auditiva para evadir el silencio. Naturalmente, existen excepciones: piezas musicales que rompen el estándar, al generarnos emoción, evocarnos algún recuerdo, generarnos paz, tranquilidad o euforia en el momento que reproducimos esa obra sonora.
La paradoja de tener demasiado entretenimiento. No falta calidad, sobran opciones. Elegir implica renunciar, lo que genera fatiga e incertidumbre. Por eso volvemos a lugares comunes, vemos las mismas temporadas de series una y otra vez, o reproducimos las mismas playlists de años anteriores.
Al respecto, Alan Elías Zayat lo dice con claridad: “A veces, la mejor película es la que eliges sin pensarlo tanto. Si investigas una hora antes de verla, ya perdiste su magia”.
3 reglas para consumir entretenimiento con intención. En la época actual, el entretenimiento puede ser nuestro oasis; sin embargo, no se trata de consumir más, sino de hacerlo mejor. ¿Cómo lograrlo? Pon en marcha lo siguiente:
1. Elige los contenidos según tu estado emocional: ¿quieres relajarte, reflexionar, sentir euforia? Busca eso, aunque no esté de moda, ni sea lo más consumido.
2. Enfoca tu tiempo y tus sentidos: Evita las distracciones, no hagas múltiples tareas al mismo tiempo, déjate llevar por la película o canción que decidiste disfrutar.
3. Acepta que no verás ni escucharás todo lo que se produce: Pon pausas, date un momento para elegir los contenidos que son mejores para ti, no para el resto del mundo.
Al final, el entretenimiento no es sólo una forma de pasar el tiempo, es una manera de desconectarse, una pausa para compartir referencias comunes y encontrar, en historias ajenas, algo que coincide con tu propia experiencia.
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