Por EDGAR GONZALEZ MARTINEZ
El principal problema seguirá siendo la política migratoria del gobierno de Trump y sus diversas ramificaciones. Las aristas sobre las cuales las acciones gubernamentales tienen efectos, son variadas e inclusive contrapuestas. Del lado negativo resaltamos la caída de la población mexicana inmigrante en Estados Unidos. De hecho, el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos estimó que este grupo se redujo en medio millón de personas entre 2015-2024.
Considerando las últimas cifras, el Instituto Nacional de Migración contabilizó 160,192 connacionales deportados en 2025. Aunque representa una moderación vs. los 206,232 del 2024, no necesariamente contempla salidas voluntarias. Además, dichas políticas probablemente también han afectado las nuevas entradas hacia EU. Si bien no contamos con el dato puntual de cuántas personas llegaron a dicho país el año pasado, los datos de encuentros con migrantes en la frontera suroeste de EU. son bastante claros. Desde la toma de protesta de Trump han bajado sustancialmente, promediando 8,090 por mes. Con todo esto en mente, es probable que la población que envía remesas seguirá contrayéndose, implicando riesgos a la baja para los flujos.
Otro factor adverso es el miedo que pueden tener los trabajadores, tanto documentados como indocumentados, por la presencia de fuerzas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE en inglés) o de redadas en sus ciudades. Nuestra hipótesis es que esto ha inducido ausentismo laboral, lo cual se traduce en menores ingresos para los trabajadores que han mantenido su empleo. A su vez, esto limita su capacidad de envíos a nuestro país.
Como resultado de la contracción de la población mexicana migrante en Estados Unidos, creemos que podría haber mayores presiones salariales por la falta de mano de obra. En el margen, esto podría ayudar a compensar de manera parcial las pérdidas en el número de trabajadores. En otro frente, se ha hablado de la posible eliminación de empleos por la inteligencia artificial (IA). Sin embargo, los sectores en donde se han empleado los migrantes (e.g. agricultura, construcción, servicios de preparación de alimentos y hospitalidad) probablemente están a salvo de este fenómeno por el momento. Otro tema que es necesario tomar en cuenta es la relativa fortaleza del peso frente al dólar desde el año pasado. Para 2026 esperamos cierta estabilidad de la cotización, en particular durante el primer semestre. Esta dinámica podría incentivar a los migrantes a enviar más dólares con la finalidad de sostener su poder adquisitivo en moneda local.
Sin embargo, existen posibilidades de que los flujos se estabilicen, fundamentalmente por nuestra expectativa de crecimiento del PIB de EU en 2.4% –con una aceleración moderada respecto al 2.2% del 2025, sobre todo por las inversiones en IA–; así, anticipamos cierta estabilidad en las remesas. En específico, creemos que el total anual podría ubicarse entre US$61.0-62.5 mil millones (-1.3% a 1.1%). En la dinámica mensual, las fuertes tendencias estacionales seguirán dominando a los flujos, aunque no descartamos mayor volatilidad ya sea temporal o estructural, en caso de disrupciones relevantes en el frente migratorio que resulten en cambios de comportamiento entre los remitentes.
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