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miércoles, febrero 1, 2023

Pedro Castillo confió en su inocencia para gobernar perú, frente a una responsabilidad que no admite titubeos

Pascacio Taboada Cortina/Jorge Martínez Cedillo

A Pedro Castillo Terrones, recientemente derrocado de su cargo de Presidente de Perú, no bastó ser profesor de instrucción primaria para gobernar un país de 33,4 millones de habitantes, en tiempos en que la preparación académica, la experiencia y las buenas relaciones nacionales y extranjeras, son requisitos indispensables para conducir a la población de un país, como el Andino, a mejores niveles de vida por la vía de la educación, empleo, inversiones, desarrollo industrial y pesquero, turismo… entre otras muchas potencialidades que tiene ese país.

Es obvio que al profesor Castillo le faltaron relaciones con dirigentes empresariales, financieros, políticos, dirigentes laborales, fuerzas armadas y demás sectores sociales nacionales –y extranjeros también, para el intercambio comercial y financiero— y, de esa forma, llevar al Perú a estratos superiores de desarrollo social y económico.

Para un presidente, este tipo de relaciones son imprescindibles, junto con el desempeño laboral, ya sea en el sector público o privado, a fin de ser capaz de conducir el crecimiento y desarrollo de un país llamado a figurar en contextos internacionales, y no precisamente de nota roja, como es el caso de un derrocamiento de facto.

En realidad, no se trata de discriminación racial o de otro tipo de menosprecio por tratarse de un hombre que surgió del medio rural para incorporarse al magisterio peruano, sino que, para el resto de los sectores políticos, económicos y sociales, la exigencia para ser Presidente de una Nación, se sustenta en la capacidad académica y habilidad para enfrentar exitosamente problemas de diversa naturaleza.

A partir de estas premisas y promesas incumplidas de Castillo, quien asumió como presidente de Perú, el 28 de julio de 2021, pocos peruanos confiaban en un hombre –con sólo 53 años de edad y con una carrera en el magisterio peruano “de la montaña”—sin antecedentes políticos en el ámbito nacional, pudiera concluir de manera satisfactoria su periodo de gobierno.

Cuando el profesor Castillo Terrones asumió la Presidencia de Perú, no percibió que recibía “una papa caliente”, después de que, en los últimos 8 años, por el máximo puesto político de este país, habían “desfilado” 11 presidentes. Y en el breve periodo de 16 meses y días de su gobierno, sustituyó Castillo a 78 ministros, equivalentes a 5 gabinetes; solamente mantuvo su cargo Roberto Sánchez, como ministro de Comercio Exterior.

El Congreso peruano es unicameral, equivalente a la Cámara de Diputados; es decir, no existe lo que en México y en muchos países del mundo, se denomina Senado del país de que se trate. Este Congreso cumple con las responsabilidades para legislar y ser parte del gobierno de esa nación, Perú.

Sobre la forma de gobierno del Presidente Castillo y sus relaciones con los distintos sectores del pueblo, se sabe que una buena cantidad de familiares del presidente, realizaba gestiones para el cumplimiento de determinadas acciones y programas institucionales. Esto, por la falta de confianza del mandatario en los funcionarios del propio gobierno, y de los demás sectores.

En esas condiciones, dada la desconfianza entre el presidente, su gabinete y el Congreso del país, Pedro Castillo se convenció que solamente a través de un “golpe de Estado”, podría tomar el poder y asumir las obligaciones de su gobierno. Decidió desconocer al Congreso Nacional y determinó que, en adelante, se gobernaría en Perú mediante Decretos – Ley.

Entonces, a instancias del Congreso, que oficialmente fue disuelto por el mandatario, tomó la decisión de destituir al presidente Pedro Castillo, con el argumento de “incapacidad moral” para gobernar.

En tan solo cuatro años, seis presidentes de Perú –incluido el de Castillo—han truncado sus respectivos gobiernos por renuncia forzada o por golpes de Estado. Todos son acusados por corrupción y cumplen condenas en la cárcel; otros tienen juicios pendientes en libertad y, uno de ellos, Alan García, quien había sido presidente de esa nación en dos periodos, se suicidó cuando fue requerido para afrontar un juicio por corrupción.

Además, el periodo de 16 meses en que gobernó el profesor Pedro Castillo, por su gabinete de Gobierno pasaron 78 funcionarios y solamente permaneció uno solo, Roberto Sánchez, secretario de Comercio Exterior.

Desde el primer momento de la decisión de disolver el Congreso, éste lo consideró un “golpe de Estado” de parte de Castillo, y procedió a nombrar a la vicepresidenta con el cargo de Presidenta de la República de Perú, a una dama, Dina Boluarte, para ocupar el puesto hasta 2026, en tanto se avanza en la elección de un nuevo presidente. Las Fuerzas Armadas se inclinan a favor de las medidas emprendidas por el Congreso

Algunos países de América Latina, entre ellos Argentina, Bolivia, Colombia y México, a través de sus mandatarios, han intercedido por Pedro Castillo, para que se respeten sus derechos humanos. Concretamente, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha señalado que, en lo personal, considera a Pedro Castillo como presidente de la República del Perú.

Mientras tanto, en varias ciudades de dicha república, ha habido inconformidades sociales por la interrupción gubernamental, lo cual arroja más de 24 muertos en diversos encuentros con la policía.
AM.MX/fm

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