WASHINGTON, D.C.- El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, aseguró recientemente que el gobierno mexicano consintió el uso del término Golfo de América para referirse al cuerpo de agua tradicionalmente conocido como Golfo de México.
Durante una rueda de prensa celebrada este viernes, el mandatario estadounidense señaló que, aunque las autoridades mexicanas “no están encantadas” con la decisión, finalmente aceptaron el ajuste sin mayores inconvenientes. Esta declaración surge tras un año de tensiones diplomáticas derivadas de la orden ejecutiva que Trump firmó al inicio de su gestión en enero de 2025.
En primer lugar, el presidente fundamentó su postura en un cálculo sobre la extensión de la línea costera que rodea estas aguas. Según su perspectiva, Estados Unidos posee el 92 por ciento del litoral, mientras que a México solo le correspondería un pequeño porcentaje restante. No obstante, expertos en geografía y organismos internacionales cuestionan estas cifras, ya que los registros cartográficos tradicionales otorgan una proporción significativa de costa a la nación latinoamericana y a otras islas del Caribe.
Posteriormente, el líder republicano bromeó con la posibilidad de haber bautizado la zona con su propio apellido, aunque finalmente optó por una denominación nacionalista. Por otra parte, la medida ya surte efectos prácticos en diversas plataformas tecnológicas y documentos federales. Empresas como Google integraron el nombre de Golfo de América en sus servicios de mapas digitales, lo que provocó una reacción inmediata de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien incluso analizó acciones legales contra la compañía de tecnología por este cambio.
Consecuentemente, el gabinete mexicano mantiene una postura de prudencia pero firmeza ante lo que consideran una alteración unilateral de la nomenclatura geográfica. El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, minimizó la relevancia del debate nominal y enfatizó que el nombre histórico prevalecerá en el imaginario colectivo y en el uso cotidiano de la región. Asimismo, el funcionario destacó que la prioridad del país consiste en proteger la relación bilateral y los acuerdos comerciales vigentes por encima de las disputas retóricas.
Finalmente, la controversia genera un clima de incertidumbre sobre cómo las organizaciones internacionales de navegación y meteorología adoptarán esta nueva terminología en el futuro. Mientras Washington instruye a sus funcionarios para utilizar el nuevo nombre en toda la papelería oficial, en México se mantiene el rechazo institucional a una medida que califican como un capricho político. El mundo observa con atención cómo este desacuerdo simbólico impacta en la cooperación transfronteriza y en los tratados de seguridad marítima entre ambos socios norteamericanos.
AM.MX/fm
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