Rajak B. Kadjieff / Moscú
*Coincidencias sobre Ucrania de politólogos internacionales.
*Obsesión por la Segunda Guerra Mundial.
*Veneración oficial por la victoria sobre Alemania.
*Conflicto prolongado como ningún otro.
*Mientras, Vladímir Putin proyecta confianza.
*Plan de pacificación está lejos de realizarse.
Para mediados de enero de 2026, la intervención de febrero de 2022 -para el Kremlin “Operación Militar Especial”- de Vladimir Putin en Ucrania, se habrá prolongado más que la guerra en el Frente Oriental, que comenzó con la invasión alemana a la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 y terminó con la caída de Berlín el 8 mayo de 1945.
Putin es conocido por su obsesión con la Segunda Guerra Mundial y la veneración oficial de la victoria soviética sobre la Alemania nazi es parte del pegamento ideológico que mantiene unido al Estado ruso.
La Rusia de Putin incluso ha visto la rehabilitación de Josef Stalin, el dictador comunista que presidió una purga despiadada en la década de 1930 antes de liderar a su país en lo que en Rusia se conoce como la Gran Guerra Patria.
Casi cuatro años después de la invasión a gran escala de Ucrania, una victoria decisiva sobre Kyiv se le escapa al líder del Kremlin: Rusia controla alrededor del 20 % del territorio ucraniano, se estima que la guerra le ha costado a Moscú más de un millón de bajas, hecho que hace pensar que Rusia está cerca o ante un diagnóstico sombrío.
Esa es la idea de analistas y expertos extranjeros versados en las relaciones internacionales, y quizás el mayor golpe a los objetivos de guerra de Putin, contra el gobierno del presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, quien sigue en el poder.
A medida que 2025 terminaba, Putin proyectaba confianza en que el tiempo estaría de su lado y que la victoria era inevitable. Antes de una cumbre con el primer ministro de la India, Narendra Modi, en diciembre, concedió una entrevista a India Today donde dijo que Rusia “liberaría Donbás y Novorossiya en cualquier caso, por medios militares u otros”.
Reafirmó su demanda de adquirir todas las regiones de Ucrania que Rusia reclama, incluidas aquellas que sus militares no han logrado tomar por la fuerza.
Y esa determinación parece ser una estrategia de negociación. Putin seguramente es consciente de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está decidido a llegar a un acuerdo sobre Ucrania y el líder ruso ha hecho todo lo posible para sacar el máximo provecho del afán de Washington a poner fin al conflicto.
En su conferencia de prensa de fin de año, el presidente de Rusia dijo que su país estaba listo y dispuesto “a terminar el conflicto por medios pacíficos”, aunque no sin presumir que sus fuerzas estaban “avanzando a lo largo de toda la línea del frente”.
Y unos días después, en su tradicional discurso televisado de Nochebuena, Putin instó a los rusos a “apoyar a nuestros héroes” que luchan en Ucrania, y agregó: “¡Creemos en ustedes y en nuestra victoria!”.
Las razones de Putin para proyectar arrogancia son claras. Para empezar, el líder del Kremlin ha podido observar cómo un frente occidental antes unificado en apoyo a Kyiv mostró fracturas serias después de que Trump asumiera el cargo en enero de 2025.
En febrero, el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, sorprendió a los líderes europeos en la Conferencia de Seguridad de Múnich con un discurso que criticaba a los aliados transatlánticos de Washington.
Ese espectáculo fue seguido por una reprimenda pública a Volodimir Zelensky por parte de Trump y Vance en la Oficina Oval.
La relación entre el presidente de Ucrania, Zelensky, y Trump, fue turbulenta a principios de 2025, pero pareció mejorar a medida que avanzaba el año.
Unos meses después, otro golpe de relaciones públicas para el Kremlin siguió con la reunión cumbre en Anchorage, Alaska, entre Putin y Trump. Aunque el encuentro no logró un deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia,
Fue más que una oportunidad para una foto para Putin: el presidente de Rusia pudo ganar más tiempo en su implacable guerra de desgaste contra Ucrania.
La aparente reticencia de Putin a comprometerse más seriamente en los esfuerzos de paz después de Anchorage finalmente puso a prueba la paciencia de Trump. Una invitación a una segunda cumbre bilateral entre Estados Unidos y Rusia en Budapest no prosperó y el gobierno de Trump impuso sanciones a las dos mayores compañías petroleras de Rusia.
El presidente de Estados Unidos, quien a menudo elogia a Putin, expresó su frustración con su homólogo ruso, y aun así, parece haberse roto suficiente hielo entre Washington y Moscú como para permitir que avanzara un esfuerzo diplomático estadounidense poco convencional liderado por el exsocio comercial de Trump, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner.
Tras la visita de Witkoff y Kushner al Kremlin a principios de diciembre, siguió una oleada de diplomacia de alto nivel entre Zelensky y a líderes europeos, con muchas conversaciones sobre cómo definir los detalles de un posible acuerdo que permita contemplar desde otra perspectiva el año de 2026.
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