MOSCÚ, RUSIA.- Moscú controla hoy casi el 20% del territorio ucraniano, pero su ofensiva se ha ralentizado de manera drástica —apenas ganó un 0.79% adicional en el último año— y a un costo descomunal. Una estimación reciente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) sitúa en hasta 1.8 millones las bajas militares combinadas —muertos, heridos, desaparecidos y capturados— de Rusia y Ucrania, incluidas hasta 325 mil muertes rusas. La ONU ha confirmado más de 15 mil civiles fallecidos, y 2025 fue el año más mortífero desde el inicio de la invasión.
En el campo de batalla, los drones definen la lucha. Antiguamente utilizados para reconocimiento, ahora atacan tanques, refinerías y aterrorizan ciudades. Los bombardeos rusos han destrozado la red energética de Ucrania durante inviernos sucesivos; Kyiv ha respondido con ataques de largo alcance en el interior del territorio ruso.
La diplomacia no ha tenido la mejor suerte. El presidente Trump, quien prometió poner fin a la guerra rápidamente, ha organizado cumbres y enviado representantes, pero las conversaciones siguen estancadas sobre el Donbás y las garantías de seguridad. Putin insiste en que Ucrania se retire de las regiones parcialmente ocupadas y abandone las ambiciones de unirse a la OTAN.
El presidente Zelenski rechaza las concesiones territoriales, advirtiendo que el líder ruso “no ha quebrado a los ucranianos” y que seguramente aprovecharía cualquier pausa para reagruparse y atacar de nuevo en pocos años. “¿Perderemos? Por supuesto que no”, dijo a la BBC, argumentando que detener a Putin es un imperativo global.
Europa ha intensificado su apoyo a medida que la ayuda militar estadounidense disminuía, y el G7 —con Trump incluido— ha reafirmado su “apoyo inquebrantable a Ucrania”. Sin embargo, las tensiones son visibles en ambos lados. Ucrania se enfrenta a una deuda creciente y a un desplazamiento masivo (5.9 millones de refugiados en el extranjero), mientras que el crecimiento de Rusia se ha desacelerado al 1% debido a las sanciones y el gasto bélico.
En Rusia, la represión se ha intensificado y los precios han subido, incluso cuando las encuestas muestran un supuesto amplio respaldo a la “operación militar especial”. Putin se comparó una vez con Pedro el Grande, recuperando territorios perdidos. En cambio, su apuesta ha rediseñado el mapa de seguridad de Europa, aumentado la membresía de la OTAN y sumido a ambas naciones en una costosa guerra de desgaste sin un final claro a la vista.
AM.MX/fm
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