MÉRIDA.— Con una propuesta cinematográfica caracterizada por la empatía, la sensibilidad y la esperanza, la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (Sedeculta) presentó el Ciclo de Cineastas Yucatecas en la Cineteca del Teatro Armando Manzanero. La muestra reunió cinco cortometrajes que abordan desde la comedia negra hasta temáticas sociales complejas como la transexualidad juvenil y el entorno ambiental.
En representación de la titular de la dependencia, Patricia Martín Briceño, la coordinadora del Área de Cine y curadora de la muestra, Fernanda Camacho, destacó el compromiso de la institución por visibilizar el trabajo de las creadoras locales. Afirmó que el cine es una herramienta clave para hacer comunidad, sororidad y expresar contextos de vida desde un entorno seguro.

Las producciones y sus creadoras:
• “Los XV de Rubí” (Olinka Ávila Escárzaga): Cortometraje estrenado en premier que aborda las tensiones familiares y la identidad propia desde una perspectiva transmasculina, alejada de las narrativas tradicionales de sufrimiento.
• “Cremita de coco” (Martha Uc): Documental filmado en dos días que retrata, a través de la observación, la tierna relación de una madre trabajadora con sus hijos.
• “Áaken, soy una tortuga” (Alessandra Carrillo): Obra inspirada en el amor por la lengua maya y las vivencias de violencia escolar, enfocada en rescatar una juventud luminosa basada en la amistad.
• “Cómo cuidar de una planta” (Sandra Trinidad): Una comedia negra que reflexiona sobre las problemáticas socioambientales de la ciudad de Mérida.
• “Enraizarse” (Regina Tobón): Pieza que complementó la muestra de la fuerza creativa femenina en el estado.
Las producciones contaron con la participación de reconocidos talentos de la actuación yucateca, entre ellos Conchi León, Addy Téyer, Michelle Arrébola y Gilma Tuyub.

Al finalizar la proyección, las realizadoras yucatecas abrieron un diálogo con el público donde compartieron los retos de hacer cine independiente. Coincidieron en que, ante las limitaciones de recursos, sus proyectos salieron adelante gracias al autofinanciamiento y al trabajo colaborativo con equipos pequeños integrados por estudiantes y jóvenes creadores.
Por su parte, los asistentes manifestaron una fuerte emotividad e identificación con las historias, agradeciendo especialmente la dignificación de las identidades trans en la pantalla y la calidez con la que se retrató la vida cotidiana y familiar de la región.
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EM/dsc
