La IA no escribe mejores libros. Escribe más, y con eso alcanza para diluir el mercado

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CIUDAD DE MÉXICO.- Hemos tratado en esta newsletter, desde diferentes dimensiones, el fenómeno de los libros escritos con IA y el crecimiento exponencial del contenido disponible en las diferentes plataformas. A pesar de ello, durante años el sector editorial estuvo tranquilo. Se sostenía que la ficción sería la última fortaleza en caer y que lo que igualmente se colara sería material de descarte, fácil de reconocer y sin peso comercial. Con lo cual, el mercado editorial como tal no se vería afectado.

De acuerdo con Proyecto451, esta semana aparecieron a la vez una investigación que desmiente esta hipótesis y un caso que muestra hasta dónde llegó el problema. El paper “Generative AI floods and dilutes the market for books” llega a una conclusión: el libro escrito con IA vende peor que el escrito por una persona, pero aun así reduce los ingresos de los libros escritos por humanos.

La paradoja central

Según este paper, que analiza 14.419 títulos de ficción de género autopublicados en Amazon entre enero de 2023 y marzo de 2026, con seguimiento diario de ventas hasta fines de junio de 2026, el reparto queda así:

Los libros con IA sustancial —más del 25 % del texto— son el 20 % del catálogo, pero solo el 12,1 % de las ventas y el 11,3 % de la facturación; Los libros sin IA detectada son el 62,9 % de los títulos y concentran el 71,7 % de las ventas y el 72,5 % de la facturación; Los de IA leve, el 17,1 % de los títulos, venden en proporción a su presencia.

Individualmente, entonces, el título asistido rinde peor. Pero el problema no está en cada libro, sino en cuántos hay.

El catálogo crece más rápido que el dinero

Entre el primer trimestre de 2023 y el primero de 2026, la cantidad de libros lanzados se multiplicó por 38,3. La facturación trimestral, por 8,9. Toda la distancia entre ambas curvas es dilución. El efecto se mide en la única unidad que le sirve a un editor. Un título sin IA detectada facturaba en promedio 23.877 dólares en 2023 y 19.739 en 2025: una caída del 17,3 %, en siete de los ocho géneros analizados. El paper descompone ese descenso para descartar la explicación fácil: no responde a una guerra de precios, sino a que cada título vende menos ejemplares. El lector no pagó menos; se repartió entre más opciones.

En las posiciones de cabecera el desplazamiento es más nítido. Los libros con IA sustancial pasaron de ocupar prácticamente ninguna posición del top 25 a comienzos de 2023 a cerca del 18,7 % en el primer trimestre de 2026, y llegaron a representar el 31 % de los nuevos ingresantes al top 25 en el segundo trimestre.

Un segundo estudio, del National Bureau of Economic Research, amplió la escala a unos 60.000 libros y encontró que el 53 % de los publicados en 2025 contenía texto generado con IA, frente al 23 % en 2023.

El estudio no fue diseñado para detectar libros

Acá está el punto que Jane Friedman (una analista del sector que solemos recomendar habitualmente) señaló en The Bottom Line (su newsletter) y que casi todos los que comentaron el caso pasaron por alto. El trabajo no se llama “cómo detectar ficción escrita con IA”. Se llama “La IA generativa inunda y diluye el mercado del libro”, y los investigadores declaran su objetivo en el título y en la conclusión: demostrar que la obra generada o asistida produce dilución de mercado.

Esa expresión no es descriptiva. Es uno de los factores que los tribunales estadounidenses ponderan para determinar si el uso de un libro para el entrenamiento de un modelo de IA constituye fair use, y es justamente el que quedó sin resolver en los fallos recientes. La metodología confirma el propósito: el panel de ventas proviene de una editorial del Big Five y cubre unos 500.000 ASIN, más del 95 % del volumen diario de ebooks. La conclusión está redactada para ser citada en un tribunal.

El caso en el que todo se puso a prueba

Un artículo de Will Oremus en The Atlantic llevó ese conjunto de datos hasta sus últimas consecuencias. La novela Daggermouth, de H. M. Wolfe, transcurre en un Estado de vigilancia gobernado por una élite enmascarada y sigue el romance entre el hijo del presidente y la asesina contratada para matarlo.

Wolfe la autopublicó como ebook, se volvió viral en TikTok y entró en la lista de best sellers de USA Today. Simon & Schuster pagó siete cifras por los derechos del libro y de su secuela. Se acusó a la autora de haber generado el libro con inteligencia artificial luego de que este fuera analizado con diferentes herramientas.

Wolfe niega el uso de IA de manera categórica. En una declaración enviada por su abogada sostuvo que escribió el libro ella misma, que se manifestó públicamente en contra de la IA generativa y de lo que le está haciendo a escritores y artistas, y que no cree que tenga lugar en el proceso de escritura; agregó que las acusaciones de este tipo tienen consecuencias reales sobre los autores y no deberían formularse sobre la base de una tecnología reconocidamente poco confiable. Simon & Schuster respaldó el libro y señaló que atravesó el mismo proceso editorial y de producción que el resto de su catálogo.

Cada eslabón de la cadena resuelve el asunto a su manera

Una investigación de Alexandra Alter publicada por The New York Times completa el cuadro con lo que hace cada actor de la cadena cuando se encuentra ante una situación de este tipo.

Amazon actualmente no prohíbe la venta de estos títulos. Pide a los autores que declaren el uso de IA ante la compañía, pero no exige que esa información llegue al lector, y limita las cargas a diez títulos por semana y por autor.

Barnes & Noble atravesó una polémica en mayo, cuando su CEO, James Daunt, dijo no tener “ningún problema” en vender libros generados con IA si están etiquetados; después precisó que la cadena toma medidas activas para excluirlos de su catálogo online y que nunca los encarga a sabiendas, aunque los venderá si aparece una demanda clara. Habría que ver qué piensan otras cadenas similares en Iberoamérica.

Bookshop (plataforma presente principalmente en Estados Unidos y Reino Unido, de la que ya hemos hablado en más de una ocasión) le pide a Ingram (la distribuidora) que filtre estos títulos antes de que lleguen a la plataforma, aunque su fundador, Andy Hunter, admite que con más de 800.000 libros autopublicados disponibles es una tarea muy difícil.

Rakuten Kobo absorbe el costo en su proceso de admisión: durante el último año rechazó el 45 % de los libros recibidos y el 85 % de esos rechazos se debió a que fueron identificados como generados con IA.

La discusión sobre detección viene ocupando la agenda y es la que menos se puede resolver hoy. La declaración jurada de originalidad falla por diseño. Al plantear la pregunta en formato binario —se usó IA o no se usó—, obliga a responder con un sí o un no ante un proceso que admite grados y produce exactamente los dos resultados que se observan: autores que ocultan el uso de IA y sospechas que arruinan reputaciones sin pruebas. Un contrato que distinga entre generación, expansión, edición asistida y corrección de estilo le da al autor un lugar donde decir la verdad y a la editorial un criterio propio para decidir qué acepta, en lugar de una casilla que nadie puede verificar.
AM.MX/fm

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