GRAN BRETAÑA.- Vanessa Bell vivió y murió a la sombra de su hermana, la gran Virginia Woolf. Lo que muchos no saben es que fue una artista multidisciplinar, intelectual, pionera del modernismo inglés y un espíritu libre de convencionalismos. Este año, la National Gallery de Londres le dedicará una exposición para recuperar la importancia de su obra.
De acuerdo con Carlota Barreda para El Confidencial, criadas entre la brisa y los acantilados salvajes de Cornualles, dos niñas inquietas, Virginia y Vanessa, crecieron rodeadas de libertad, naturaleza y un destello de grandeza inscrito en la mirada. Estaban destinadas a hacer grandes cosas, a desafiar las normas, revolucionar las mentes y hacer historia.
Hoy, el mundo entero sabe quién es Virginia Woolf, una de las escritoras imprescindibles de la literatura universal, icono del feminismo moderno y férrea defensora de las habitaciones propias; una leyenda atravesada por un suicidio prematuro y una tristeza desbordante. Sin embargo, el nombre de Vanessa Bell viene acompañado de sombras, silencios y reconocimientos a media voz.
Lo cierto es que Bell fue una mujer tan fascinante, rompedora y admirable como Woolf, con inclinación hacia la pintura y dotada de una mente brillante y un don artístico que cultivó desde la infancia. Crecieron entre comodidades burguesas y figuras intelectuales, con visitas frecuentes de poetas como lord Alfred Tennyson y estrellas prerrafaelitas de la talla de Burne-Jones. Cuando sus padres fallecieron, la joven artista se convirtió en la cabeza de familia y se mudó junto a Virginia y sus hermanos al barrio de Bloomsbury, un lugar que cambiaría su realidad.
Convirtieron su nuevo hogar en una comunidad erudita caracterizada por los lazos de amistad y la fe en las artes sobre todas las cosas; el emblemático Círculo de Bloomsbury nació gracias a Vanessa, quien, además, fundó un club exclusivo para mujeres. Su modo de vida marcó su arte: el mundo que creó junto a su hermana se alejaba de la rígida moral victoriana, pues apostaron por el pensamiento crítico, la libertad sexual, el pacifismo y la búsqueda constante de la belleza, renegando de las costumbres y los valores tradicionales.
UNA VIDA SENTIMENTAL QUE NO ENCAJABA EN LA SOCIEDAD
A ojos de la sociedad, su vida sentimental fue un auténtico escándalo que sorprendería hasta a los más poliamorosos del siglo XXI: no tardó en casarse y criar dos hijos con el crítico de arte Clive Bell, pero acordaron un matrimonio abierto durante toda su vida y tuvieron sus respectivos amantes. Vanessa mantuvo una relación paralela con Duncan Grant —un pintor bisexual con el que tuvo otra hija, a la que Clive acogió como suya— y otra aventura con el erudito Roger Fry. Todos ellos pertenecían al Círculo, e incluso llegaron a convivir juntos durante largos periodos bajo el mismo techo.
Arropada por el clima de Bloomsbury, la artista desarrolló un estilo característico, pionero y avant garde. Se movió siempre entre la modernidad y la reivindicación de la intimidad, y fue de las primeras artistas en introducir el posimpresionismo en Inglaterra. Sus obras son herederas de los colores y los contrastes de Cézanne y Matisse, centradas en crear atmósferas teñidas de emoción a través de bodegones, paisajes y retratos muy peculiares. Las pinturas históricas y las alegorías nunca le interesaron: perseguía los instantes fugaces, la complicidad del hogar y la grandeza de la naturaleza para generar un equilibrio entre la cotidianeidad, la calma y la contemplación.
Sus coloridos retratos de Virginia, sus playas, jardines y cestos de frutas no buscaban un detallismo fotográfico, un realismo extremo o una ruptura violenta con el pasado, sino una integración de la modernidad en el día a día a través de contornos marcados, tonalidades pastel y una sensibilidad arraigada.
No dudó en experimentar, tantear la abstracción y gravitar entre diferentes estilos, algo que se aprecia especialmente en sus desnudos: en La bañera, la figuración simplificada y la geometría toman el control del lienzo, mientras que Desnudo con amapolas se desliza entre la distorsión y el simbolismo. Jugando con tendencias y corrientes de las vanguardias europeas creó un estilo propio, novedoso y original.
Para Bell, el arte no se reducía a la pintura ni a los museos; ilustró las portadas de todos los libros de su hermana y también se dedicó a la decoración y el diseño de interiores. Su obra magna es la Charleston Farmhouse, una casa-estudio de ensueño en la que vivió y que transformó en obra de arte total junto a su amante Duncan Grant.
Las paredes, los jardines y los muebles —desde la chimenea o la alfombra hasta la mesa del comedor, las cerámicas, los armarios y los biombos— fueron diseñados e intervenidos a mano por los artistas durante cincuenta años en los que desdibujaron la línea entre la vida cotidiana y la creación artística. Hoy, este experimento estético es considerado una de las obras cumbre del modernismo británico.
Vanessa Bell hizo grandes cosas en vida, pero su arte fue eclipsado y para muchos ha pasado desapercibido hasta ahora. Este otoño, la National Gallery de Londres le dedicará una gran exposición compartida junto a Grant, en la que se pondrá de manifiesto su relación artística y personal, su colaboración creativa y su contribución al Círculo de Bloomsbury.
AM.MX/fm
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