Luis Alberto García / Cdmx
*Las turbiedades de la entidad que gobierna el futbol mundial.
* La prensa internacional criticó severamente a esa familia.
* La nieta de Joao Havelange, ex presidente de la FIFA, provocó un escándalo.
* Fue una importante dirigente de la Copa del Mundo de Brasil en 2014.
* Su padre, Ricardo Teixeira, huyó a Miami por malos manejos en la CBF.
* “Lo que tenía que robarse, ya se robó”, declaró sin denunciar a nadie.
Para poder entender los escándalos generados luego de la elección de Qatar como sede del Campeonato Mundial de 2022 y después, hay que conocer los antecedentes de un personaje de excepción, poderoso hasta el día de su muerte.
Con ello será posible poder analizar que, en el marco de la cruda mundialista finalizado el evento de 2026, éste dejó una ola de corruptelas que no solamente afectan a Argentina -subcampeón mundial- como lo ha señalado un periodista sagaz, inteligente y completo.
Juan Francisco Medina Gutiérrez, a quien conocimos desde sus primeros pasos como periodista desde 1990, actual editor en jefe de Al momento Noticias, nos hizo ver lo anterior argumentando que, sin embargo, esos latrocinios ya existían a veces ocultos a veces no.
Siempre se trató de negociados y otras maniobras disfrazadas, que no estallaron antes de cumplirse un mes de la inauguración del torneo desarrollado en ciudades de México, Canadá y Estados Unidos, promovido y organizado por la Federación Internacional de Futbol (FIFA), sino mucho antes.
Asó pasó, por ejemplo, cuando se descubrió que en 2014, con motivo del Campeonato Mundial de balompié de ese año en Brasil, la directora del Comité Organizador de la XX Copa del Mundo en su país, Joana Havelange, nieta del ex presidente de la FIFA, Joao Havelange, dijo sin más ni más que “lo que tenía que robarse, ya se robó”.
Estas polémicas declaraciones las hizo a fines de mayo de ese año mundialista, dos semanas antes de la inauguración de la FIFA Copa Brasil 2014, a través de un texto publicado en su cuenta de Instagram, en oposición a las protestas que hubo en Brasil contra el torneo, informó entonces la prensa internacional.
“No apoyo, no comparto y no me vestiré de negro en ningún día de partido de nuestro Campeonato Mundial. Quiero que se desarrolle de la mejor forma. No voy a aplaudir en contra, porque lo que tenía que robarse, ya se robó”.
Ésa fue la reveladora y sorprendente frase expresada por la hija del ex presidente de la Confederación Brasileña de Futbol (CBF), Ricardo Teixeira, quien renunció al cargo en 2012, en medio de graves acusaciones de corrupción, emprendiéndola para Miami sin mayores explicaciones.
“Si había que protestar, que se hubiera hecho antes. Quiero que quien llegue de fuera vea un Brasil acogedor, que sabe ser amable. Quiero que quien venga, quiera volver. Quiero ver un Brasil bonito”, se quejó la nieta más pequeña y bonita de Havelange.
Pero ¿ quién es Joao Havelange, el abuelo de alguien que expresó que, su protesta contra la Copa del Mundo –dijo-, sería en las elecciones en el estado de Florida.
“Además -dijo- destruir lo que tenemos hoy no cambiará lo que se hará mañana”, se leía en el mensaje original y completo, que más tarde fue borrado.
El texto de Joana fue divulgado en medio de huelgas y protestas contra el costo del evento mundialista dirigidas al gobierno de Dilma Rousseff, y por la mejora de los servicios públicos en Brasil, a pocos días del inicio de una justa deportiva que congregó a las 32 mejores selecciones nacionales del futbol mundial.
Ese sentir se hizo manifiesto entre quienes participaron en la coordinación de diversas actividades con motivo de la Copa FIFA / Rusia 2018, en especial los periodistas brasileños, que en su mayoría coincidieron en que Joao Havelange fue un símbolo de la expansión -y la corrupción- en el balompié internacional.
El abuelo de Joana falleció el 16 de agosto de 2016, y como presidente de la FIFA durante 24 años “convirtió su apellido en sinónimo de corrupción”, aseguró André Filho, cronista y narrador de “Radio Jornal” de Rio de Janeiro.
El radialista recordó que no se había dicho mucho al respecto durante los Juegos Olímpicos de la ex capital, pero el estadio olímpico de Engenhão -donde ocasionalmente juega el Botafogo, el equipo favorito de André, y donde ganó la carrera de 100 metros planos el jamaiquino Usain Bolt- se llama en realidad Joao Havelange.
O se llamaba, porque le cambiaron el nombre en 2015 para impedir un homenaje que, el otrora brasileño más poderoso del mundo deportivo había dejado de merecer, y Filho no duda en decir que su fallecimiento, durante unos Juegos que él contribuyó a traer a Río, es un cierre simbólico para una biografía que se manchó definitivamente en sus últimos años de vida, en su ancianidad.
Así fue después de haber acumulado un poder descomunal en el deporte mundial como presidente de la FIFA y miembro honorario del Comité Olímpico Internacional (COI), distinción a la que también tendría que renunciar en sus años postreros.
Havelange formaba parte del COI en 2009, cuando Río ganó los Juegos de 2016, prometiendo una gran fiesta en el barrio de Copacabana por su centésimo cumpleaños si elegían la candidatura carioca; pero entonces no esperaba que la justicia deportiva fuese a alcanzarlo a tan avanzada edad.
Las sospechas existían desde hace décadas; sin embargo él era inmune a cualquier investigación al impulsar el crecimiento del futbol dentro y fuera de los estadios, y la inyección económica resultante parecía justificar una nueva cultura de la corrupción que, sin fallar, funcionó sin ningún obstáculo durante cuatro décadas, hasta 2015.
Havelange fue el primer presidente no europeo de la FIFA y el más duradero -de 1974 a1998, con seis reelecciones- y sus logros fueron incuestionables, tal como lo dijo en una ocasión en una entrevista: “Cuando llegué me encontré una casa vieja y 20 millones de dólares en la caja; cuando me fui dejé propiedades y contratos por valor de cuatro mil millones. Tampoco está mal”.
Durante su mandato la organización creció un 30% y sobrepasó las dos centenas de países miembros: “He acumulado –dijo- 26 mil horas en el aire, el equivalente a estar tres años dentro de un avión”, afirmó en otra ocasión: “El único país que nunca visité fue Afganistán, porque no me dejaron entrar”.
Hijo de un comerciante de armas belga y de una brasileña, Havelange fue fraile, cocinero, practicó deportes de élite y representó a Brasil en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 como integrante del equipo de natación, y en 1952, en los de Helsinki, participó en waterpolo.
Después dio el salto a la administración de empresas y dirección deportiva: en 1956 alcanzó la presidencia de la desordenada Confederación Brasileña de Futbol (CBF), que medio siglo después – bajo la dirección de su yerno, RicardoTeixeira- le traería también graves problemas.
Con él al frente de la CBF, el “país do futebol” conquistó sus tres primeros Campeonatos Mundiales -1958, 1962 y 1970- bajo el liderazgo indiscutible de Edson Arantes do Nascimento, “Pelé”, otro ex deportista brasileño experto en mercadotecnia, amistad entre ambos que, también, se rompería con el tiempo.
The post “Cuestión de pelotas: viajar en un balón”: “El apellido Havelange es sinónimo de corrupción” appeared first on Almomento | Noticias, información nacional e internacional.
