Luis Alberto García / Cdmx
*Su población antes de los colonizadores
*La guerra de los manaos vs. los portugueses.
*Todavía se conservan imágenes de 1901.
*Auge y fiebre del caucho a fines del siglo XIUX.
*La hidroeléctrica de Cachoeira Grande data de 1890.
Antes de la llegada de los primeros exploradores portugueses, la actual región de Manaos -Manaus en portugués- estuvo habitada por pueblos indígenas, entre quienes originariamente destacaban los manaos, los banibas, los passés y los barés.
El 3 de junio de 1542, la expedición del español Francisco de Orellana descubrió el río Negro, al que le puso nombre, casi veinte años antes de la aparición del vasco Lope de Aguirre, quien se declaró en rebeldía contra el rey Felipe II al encabezar a un grupo de prosélitos con el que finalmente llegó hasta las costas de Venezuela.
Manaus comenzó como una aldea ribereña y un pequeño fuerte cuadrangular hecho de piedra y barro, y cuatro cañones, llamado Forte de São José da Barra do Rio Negro, destinado a proteger de las invasiones de holandeses y españoles, función que desempeñó durante más de cien años.
Entre 1723 y 1728 se desarrolló un conflicto entre los portugueses y la tribu de los manaos, que se negaban a ser dominados para servir como mano de obra esclava.
Las luchas cesaron cuando los militares comenzaron a vincularse con los indígenas a través de matrimonios con las hijas de los caciques, iniciándose así, un intenso mestizaje en la región, que dio origen a los caboclos.
Después de la construcción de la fortificación, en la que participó población indígena, la población había crecido tanto, que en 1695, para ayudar con la evangelización de los indios, los carmelitas, jesuitas, mercedarios y los franciscanos construyeron una capilla en las cercanías del fuerte a la que llamaron “Nuestra Señora de la Concepción” que, con el tiempo, pasó a ser la patrona de la ciudad.
La Carta Regia del 3 de marzo de 1755, creó la Capitanía de San José del Río Negro, con sede en Mariuá (actual Barcelos, municipio cercano a Manaus), pero el gobernador Lobo D’Almada temiendo invasiones españolas, trasfirió la sede nuevamente al Lugar da Barra en 1791, por localizarse en la confluencia de los ríos Negro y Amazonas, que era un punto estratégico.
La sede volvió a ser Mariuá en 1799 y en 1808 pasa a ser definitivamente el Lugar da Barra.
El día 13 de noviembre de 1832, el Lugar da Barra obtuvo la categoría de villa, con el nombre Vila de Manaus, que mantendría hasta el 24 de octubre de 1848, cuando con la ley 145 de la Asamblea Provincial Paraense, pasó a llamarse Cidade da Barra do Rio Negro.
El 4 de septiembre de 1856, el gobernador Herculano Ferreira Pena nombra definitivamente a la ciudad como Manaus, mediante ley n.º 68 aprobada por la Asamblea Provincial.
Durante el periodo imperial, surgió entre 1835 y 1840, la Cabanagem, revuelta de Tapuyas, caboclos, negros e indios liderados por Antônio Vinagre e Eduardo Angelim, que se levantaron contra la élite política para arrebatarles el poder, y como resultado de las luchas murieron cerca de treinta mil caboclos e indios.
Entre 1890 y 1910 la ciudad de Manaos vivió el auge de la llamada fiebre del caucho, lo que produjo un proceso migratorio que atrajo brasileños de otras regiones, así como extranjeros, sobre todo portugueses, ingleses, franceses, italianos y de otras partes de América.
Este proceso migratorio y el aumento de población consiguiente, tuvieron un papel importante en la transformación de la ciudad, en la que se creó el servicio de tranvías eléctricos, telefonía, energía eléctrica (la segunda red eléctrica de Brasil, (fechada en 1895), alumbrado público.
Y también un sistema de abastecimiento de aguas a partir de la construcción del reservorio del Mocó y un puerto fluvial de grandes dimensiones.
En “Las venas abiertas de América Latina”, el escritor uruguayo recuerda que se construyeron largas y amplias avenidas sobre pantanos, con calzadas de granito y piedra lioz importadas de Portugal, plazas y jardines con fuentes y estatuas, y edificios imponentes y lujosos, como el Teatro Amazonas, el Palacio de Justicia, el Mercado Municipal y el edificio de la Aduana.
Por todo este derroche de lujo, la ciudad fue conocida como el París de los trópicos, aunque en 1910, Manaus vivía todavía la euforia de los altos precios del caucho, cuando se vio sorprendida por la gran competencia que representaban las explotaciones de caucho asiáticas, que invadieron rápidamente los mercados internacionales.
El fin del dominio del negocio de las plantaciones amazónicas significó el inicio de una lenta agonía de la economía de la región. El comercio de la ciudad disminuyó, así como las importaciones de artículos de lujo superfluo.
La población disminuyó y muchos edificios y servicios públicos quedaron abandonados, y la< novela de Alberto Vázquez-Figueroa titulado “Manaos” recoge y explica esta situación que llevó al final de un ciclo económico histórico que marcó a Brasil profundamente.
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