Luis Alberto García / Petropavlosk-Kamchatski, Rusia
* Once husos horarios separan a esa península de Moscú.
* Escondió bases militares y fue fondeadero de submarinos nucleares.
* La región siberiana es lo mismo que “el fin de la tierra”, “el más allá”.
* Diez mil kilómetros, distancia que hay entre Kaliningrado y Vladivostok.
* Esa dimensión no es solamente política y cultural, sino geográfica.
* Acceso prohibido y campos de prisioneros, los temibles Gulags.
El distrito (krai en ruso) de Kamchatka -uno de los pocos lugares en el mundo donde es posible vivir sin sobresaltos-, fue creado el 1 de julio de 2007, posee un área protegida enorme, con volcanes que son Patrimonio de la Humanidad desde 1996 y tiene una población esencialmente rusa y una minoría de koryaks en el Norte.
Surgió de la fusión entre esa División Administrativa (óblast en ruso) y el distrito autónomo de Koriakia, aprobados mediante un referéndum organizado en octubre de 2005 entre los pobladores interesados, quienes deseaban que su tierra, tan lejana, adquiriera relevancia después de forjar una historia épica hecha a base de esfuerzos indecibles.
En la Rusia occidental, con sus ciudades rebosantes de historia como Moscú y San Petersburgo, con un pasado que las enorgullece convertido en palacios, fortalezas, templos y otros testimonios escultóricos comparables a los edificados en Roma, Viena, París, Londres, Berlín o Praga, la Rusia oriental, Siberia incluida, significa “el fin de la tierra” o “el más allá”.
Para entender a esa Rusia –y en especial a la península de Kamchatka- hay que entender su enormidad: de punta a punta hay diez mil kilómetros entre Kaliningrado y Petropávlovsk-Kamchatski, la primera a orillas del mar Báltico, la segunda al borde del mar de Bering, con el Océano Pacífico y Alaska al Noreste.
Y la distancia no es solamente política, económica y cultural, sino geográfica, muy diferente a las repúblicas que compusieron la Unión Soviética hasta 1991 y a la actual Federación Rusa, cuya capital es Moscú, construida, destruida y reconstruida en numerosas ocasiones, como en octubre de 1812, cuando Napoleón Bonaparte la encontró en llamas y vacía.
Kamchatka atesoró tantos enigmas, que hasta 1990 ni los ciudadanos rusos tenían permitido viajar hasta ella que, como último bastión, guardó secretamente bases militares y fondeaderos de submarinos nucleares, protagonistas de la Guerra Fría, además de tener varios Gulags, los temibles campos de prisioneros construidos antes, durante y después del régimen soviético.
Ahí también están las pruebas ocultas de la paranoia que se apoderó de la cúpula del Kremlin y de las Fuerzas Armadas cuando, en 1983, un Mig-18 derribó a un Boeing 747 de Corea del Sur por haber sobrevolado territorio soviético sobre aguas de Kamchatka.
Pero actualmente es posible fotografiar desde la ventanilla de los aviones comerciales los cazas de combate estacionados en sus pistas sin que a nadie le importe, puesto que ahora no hay guerras ideológicas, sino comerciales y por los recursos naturales.
“Efectivamente, esta tierra gigantesca y sus principales ciudades –Anádyr, Markovo, Kamenskoye, Palana y Ust- tuvieron prohibido el acceso durante muchísimos años, debido a la presencia de infraestructuras militares ultra secretas, si se toma en cuenta que es la puerta oriental en la estrategia de una potencia atómica”, explica Nina Menouchkina, guía oficial de visitantes extranjeros.
Larga y ancha, la península de Kamchatka es recorrida por dos cadenas de montañas volcánicas que la hacen sensible a los terremotos, igual que a su vecina, la isla de Sajalín, dañada por un sismo de 7.7 grados en la escala de Richter en 1995, auxiliada desde Moscú pese a una separación de once husos horarios.
La península está rodeada por los mares de Ojotsk y de Bering, y entre ella y el Océano Pacífico se extiende la fosa de las islas Kuriles, de diez mil 500 metros de profundidad, limitada el Norte por las regiones siberianas de Magadán y Chukotka.
Entre los recursos naturales más notables, Kamchatka cuenta con carbón, oro, tungsteno, platino, mica, pirita y gas natural, y el río Kamchatka y el valle central bordeados por grandes cadenas montañosas, que incluyen treinta volcanes permanentemente activos.
El punto más alto de la península es el Kliuchevskói; pero la cumbre más impresionante es la del volcán Kronotsky, cuyo cono perfecto lo acredita como el más bello de los volcanes del planeta, tal vez comparable al Fuji Yama de Japón; pero únicamente tres de ellos son visibles desde Petropávlovsk-Kamchatski: el Koriakski, el Aváchinski y el Kozielski, accesibles en primavera y verano.
Y si bien el clima predominante es frío y húmedo, Kamchatka presenta una variedad de temperaturas que van, de acuerdo a donde uno se ubique, desde el clima subártico hasta el templado, que es por supuesto el más disfrutable.
Tierra joven desde el punto de vista geológico -tiene nada más un millón de años de edad-, la península se formó por la erupción de la serie de volcanes que entonces aparecieron y crecen al paso del tiempo, sometida permanentemente a grandes riesgos sísmicos: además del temblor ocurrido en 1995, en la primavera de 2006 un terremoto de 7.9 grados Richter afectó al distrito de Koriakia.
“Una incesante actividad sísmica –dice Nina Menouchkina- nos permite asegurar que brutales convulsiones seguirán afectando a esta región, si recordamos que el sismo de 1952 alcanzó una magnitud de 9.0 grados de la escala Richter, uno de los más potentes de la historia”.
En el centro de Kamchatka, añade la guía, se encontraba hasta hace poco el único valle de géiseres de la unión de la placa geológica conocida como Euroasiática: “Este lugar, a dos horas en helicóptero desde Petropávlovsk-Kamchatski, era la única maravilla natural que teníamos para los visitantes”.
Con tristeza, la oficial Menouchkina cuenta que el domingo 3 de junio de 2007, hacia las 14:30 hora local, este valle que pertenecía al Patrimonio de la Humanidad, fue dañado seriamente por un deslizamiento de tierra, sepultando veinte géiseres y alrededor de doscientas fuentes termales.
Como la mayoría del casi medio millón de los habitantes de Kamchatka residen en el Sur, en su capital administrativa los sectores de mayor actividad económica se concentran en ella: son la pesca, la silvicultura, el turismo –“en pleno crecimiento”, dice la señora Menouchkina- y la industria peletera, mundialmente apreciada por la calidad de sus abrigos, estolas, botas y zapatos, únicos en un mundo que se incendia en la hoguera de la elegancia , la arrogancia y las vanidades..
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