De México a Madrid: de las carabelas a las aeronaves



Adrián García Aguirre / Ciudad de México

* ¿Cómo se ha hecho este viaje del siglo XVI a la fecha?
* Cristóbal Colón tardó más de dos meses hasta las Bahamas.
* Con escala en La Habana, se continuaba al puerto de Veracruz.
* Los barcos, escoltados, habitualmente se retrasaban por semanas.
* Los turistas vuelan menos de doce horas hasta Europa.

Imaginemos un viaje en carabela como el que hicieron Cristóbal Colón y sus tripulaciones en la Santa María y el resto de sus marinos en la Niña y la Pinta al partir del Puerto de Palos en 3 de agosto de 1492, y arribar a las actuales islas Bahamas el 12 de octubre del mismo año, haciendo un viaje de dos meses y unos días, enfrentando tormentas, incomodidades y peligros jamás intuidos.

En viajes posteriores protagonizados por conquistadores y colonizadores que tuvieron como destino el territorio de los antiguos mexicanos, se añadían unas semanas más, al adentrarse, luego de recalar en Cuba, en el Golfo de México hasta Veracruz y hacer unas semanas más: esa es la historia del trayecto entre la Ciudad de México y Madrid, capital del imperio de Carlos V.

Hoy, la ruta que conecta entre las principales ciudades de México y España dura cuando más diez horas, y hasta antes de la declaración de la pandemia de Covid 19, a mediados de marzo de 2020, era una de las más utilizadas.

Cada semana había 27 vuelos para enlazar la capital mexicana directamente con la española, para que, así, miles de personas se trasladaran cada año entre ambas naciones: un viajero, que quisiera ir de una urbe a la otra, tomaría un vuelo en el aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México y aterrizaría en Barajas después de haber pasado unas cuantas en el aire.

Sin embargo, al iniciarse los vuelos transatlánticos a mediados del siglo pasado, realizar ese trayecto no siempre fue ni tan sencillo ni tan rápido, y aunque hoy el turismo se asocia con placer, esparcimiento o negocios, en el pasado nadie viajaba si no era por obligación.

En aviones, barcos o trenes, cruzar el Océano Atlántico para ir de México a España -o viceversa- ha cambiado de manera radical en el último siglo, y a esa historia nos remitimos para evaluar y dimensionar lo que ha ocurrido desde entonces, en un pasado remoto.

La diligencia y el barco eran las únicas alternativas ante la obligación de viajar durante los años de la conquista, el virreinato, las primeras décadas de México independiente y las que siguieron hasta fines del siglo XIX, cuando entraron en uso los ferrocarriles.

La ruta completa desde la Ciudad de México era Puebla, Veracruz, La Habana, las Islas Canarias, Sevilla y Madrid, y aunque el tiempo de navegación entre América y Europa era usualmente de solamente dos meses, el viaje por lo general tomaba alrededor de tres para hacer las paradas necesarias para aprovisionar el barco y arreglar desperfectos.

Eso siempre provocaba retrasos, y además, debido a los asaltos de piratas y corsarios, era preferible hacer el viaje en convoy por razones de seguridad, así que era menester tener que esperar a que se reuniera una flota para cruzar el Atlántico, lo cual hacía que el viaje se retrasara varias semanas y a veces hasta cinco meses.

Para viajar por el interior del territorio de la Nueva España y luego en el México independiente, la mejor opción era la diligencia que, pese al costo y la incomodidad, era como podían defenderse de los bandidos que asolaban los caminos.

El primer tramo del viaje era en carruajes tirados por caballos que transportaban personas y correos, e ir de la Ciudad de México al puerto de Veracruz podía tomar unos veinte días, con paradas postas entre Puebla, Córdoba o Jalapa.

El medio de transporte cambió poco entre los siglos XVI y XIX, usándose ferrocarriles, barcos de vapor y viniera entonces el inicio del vértigo cuando, en 1873, fue inaugurada la primera ruta del ferrocarril en México.

La ferrovía conectó la Ciudad de México con Veracruz y poco a poco el transporte de diligencias desapareció: la velocidad del tren era algo que asustaba, pues la duración del viaje terrestre pasó de unas semanas a sólo un par de días, además de que las comodidades aumentaron, aunque la rapidez generó mareos y otros malestares.

La inauguración de los trayectos en buques de vapor fue otro parteaguas porque ya no se dependía del viento para impulsar los navíos y cruzar el Atlántico podía hacerse en un mes, y conforme fue mejorando la tecnología naval, ir de Veracruz a Europa llegó a tardar únicamente tres semanas o menos.

Desde 1933 se había realizado el primer intento de ir por aire de España a América Latina, el día en que avión Cuatro Vientos salió de Sevilla el 1o de junio de ese año y aterrizó en Camagüey, Cuba, después de casi dos días de vuelo.

El 20 de junio despegó de La Habana con destino a la Ciudad de México; pero tres horas después el avión desapareció y se retomó el uso de barcos de vapor para cubrir la ruta Ciudad de México – Miami – Bermudas – Azores – Lisboa – Madrid

Durante la primera mitad del siglo XX, esos barcos seguían dominando el transporte de pasajeros para cruzar los océanos; sin embargo, la Segunda Guerra Mundial impulsó el desarrollo tecnológico y los aviones empezaron a ser comunes.

En enero de 1948 se realizó el primer vuelo comercial de México a España a cargo de Guest Aerovías México, de capital estadounidense mayoritarioen un trayecto bautizado como la ruta del sol con duración de treintahoras que pasaba por Miami, Hamilton –en las Islas Bermudas-, Santa María de las Azores, Lisboa y Madrid.

Guest operó la ruta por pocos años, y entonces la ruta del sol pasó a ser manejada por Air France vía París y Nueva York, con una tecnología avanzaba rápidamente y pronto fue necesario hacer sólo una escala.

Así, en 1953 se inauguró el trayecto más directo hasta ese año: México – Miami – Madrid, con una frecuencia de tres vuelos por semana saliendo de México y llegando a Madrid al día siguiente, de donde se podía seguir hacia Roma, París o Frankfurt.

Desde 1939, Lufthansa había inaugurado el primer vuelo comercial transatlántico de la historia sin escalas, en un trayecto que conectó Nueva York con Berlín; pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de ese año cortó la continuidad de ese plan intercontinental.

Hacia 1960, las rutas directas entre Londres y Nueva York ya eran una realidad, y el 9 de mayo 1990 Aeroméxico comenzó a realizar viajes sin escalas entre la Ciudad de México y Madrid.

Los experimentados pilotos Manuel Gómez Méndez, Arturo Aguirre Linares y Marcelo Cauduro Gemoets coinciden en que, desde entonces, el tráfico aéreo no ha hecho sino crecer: actualmente es posible realizar el viaje entre estas dos ciudades en doce horas menos.

“Si de algo estamos seguros –aseguran esos veteranos-, es que los días en los que las personas viajaban únicamente por obligación han quedado muy atrás. ¡Disfruten sus vuelos! Al cabo doce horas no es para tanto después de todo. Acuérdense de Cristóbal Colón y de sus tres carabelas”.

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