CIUDAD DE MÉXICO.— Tres fragmentos de aguijones de raya marina y una espina de bagre recuperados en contextos funerarios del Tramo 1 del Tren Maya abren nuevas líneas de investigación sobre los rituales de sangrado voluntario (autosacrificio) en la cuenca del río Usumacinta, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
⇒ Las piezas fueron rescatadas en una superficie de tres hectáreas en las inmediaciones de Tenosique, Tabasco, durante las labores de salvamento arqueológico desarrolladas en junio de 2021 sobre el trayecto ferroviario de 226 kilómetros que une Palenque, Chiapas, con Escárcega, Campeche.
La investigación es encabezada por Marisol Arce, titular del Laboratorio de Zooarqueología del Proyecto Marco de Salvamento Arqueológico, en conjunto con el arqueólogo Said Amiel Luna. De acuerdo con los especialistas, el autosacrificio abarcó del periodo Preclásico Tardío al Posclásico (500 a.C.-1520 d.C.) como una práctica ejecutada por gobernantes y sacerdotes para mantener el equilibrio del cosmos.
El rito consistía en la efusión deliberada de sangre para ofrendarla a las deidades: las mujeres se perforaban la lengua —acto vinculado con la fertilidad— y los hombres el pene, símbolo de la creación. También se laceraban zonas de alta sensibilidad como lóbulos y yemas de los dedos. El fluido sagrado se recolectaba en hojas de corteza de árbol que luego eran incineradas para elevar la esencia material hacia el plano divino.

El análisis zooarqueológico arrojó que los tres aguijones provienen de especies marinas de raya látigo (Dasyatidae) y raya águila (Myliobatidae), insumos predilectos en las Tierras Bajas del Sur que denotan amplias redes de intercambio costero. Los ejemplares, con tamaños cercanos a los tres centímetros, presentan fracturas por presión sedimentaria y acabados pulidos que confirman su asociación directa con entierros humanos.
Por su parte, la espina de bagre (Ictaluridae), recuperada junto a los restos óseos de un varón adulto, representa una veta de estudio inédita. Aunque se trata de un pez de agua dulce procedente del entorno ribereño local y menos frecuente en este tipo de entierros, su morfología y filo la hacían plenamente funcional para la punción ritual, manteniendo la carga simbólica de los animales acuáticos ligados al Xibalbá o inframundo.
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EM/dsc
