LA COSTUMBRE DEL PODER: Queman más las palabras que el fuego



*AMLO abrevó en la personalidad y la palabra de Savonarola; descubren, ambos, que no es necesaria la hoguera para consumir a las personas y sus recuerdos, para reducir a cenizas famas y verdades que no les convienen o les incomodan. La palabra que quema y destruye deja vivos a los enemigos para que arrastren sus miserias a los ojos del mundo

 

Gregorio Ortega Molina

La declaración de Francisco Martín Moreno es una estupidez, pero las respuestas formuladas desde el Poder Ejecutivo o las patrocinadas desde Palacio Nacional son un error mayor, porque se niegan a ver la viga de sus propios errores.

     A Sócrates lo conminaron al suicidio por lo que enseñó por la palabra; al predicador Girolamo Maria Francesco Matteo Savonarola lo siguieron al pie de la letra hasta el auto de fe y la quema de libros… aunque la destrucción fue mayor, porque alcanzó a aquellas personas que no fueron condescendientes con el poder al que el fraile dominico servía, y no era precisamente el celestial. Los Medici eran muy exigentes con él. El fuego de su palabra destruyó virtudes y famas y prestigios y también a los enemigos políticos.

     Este episodio de la tontería del escritor afamado -sólo por México negro– y la cargada en su contra desde el poder, es ilustrativo para ayudarnos a discernir si AMLO abrevó en la personalidad y la palabra de Savonarola. Los resultados me obligan a pensar que así es, porque descubren, ambos, que no es necesaria la hoguera para consumir a las personas y sus recuerdos, para reducir a cenizas famas y verdades que no les convienen o les incomodan. La palabra que quema y destruye deja vivos a los enemigos para que arrastren sus miserias a los ojos del mundo.

     En Savonarola y AMLO los adjetivos perversos y aviesos colocados adecuadamente, son más dañinos y mayormente destructores que el miedo a la hoguera. Piensan, quienes los endilgan, en ¿cómo verán las hijas e hijos, las esposas o los maridos, a los denunciados por la palabra de fuego desde el púlpito del Poder Ejecutivo, o desde las tribunas del Legislativo, o desde el Pleno de la SCJN?

     Exhibir sin pruebas -poco importa el pecado civil, la corrupción oportuna, el abuso de poder cometido, la complicidad con los barones del narco- no sólo destruye al señalado, acaba con familias enteras (no con sus fortunas, pero sí con su integración y su “moral” y civilidad) y, en no pocas ocasiones, obliga a desaparecer pequeños o grandes negocios que dieron empleos a otras pocas o muchas familias.

     También destruyen el futuro de las artes, la investigación, la solidez de las instituciones, la idea de un México que pudo ser y se quedó en ese ya merito víctima de la corrupción, pero también y con mucho, de esos rencores y odios anidados en los corazones de esos políticos e historiadores que desean ser, pero no tienen ni remotamente el tamaño para alcanzar la estatura requerida para, efectivamente, transformar a México. Hasta el momento nada más lo echaron a perder más.

     Mientras decido hacer oídos sordos a las palabras de fuego lanzadas desde el púlpito presidencial, doy fin a la relectura de Memorias de Adriano, donde Marguerite Yourcenar, en el cuaderno de notas de su novela, advierte: “Lo que no significa que, como se dice con demasiada frecuencia, la verdad histórica sea siempre y en todo inasible. Lo cierto es que esta verdad, como todas las demás, es más o menos equívoca”.

     Francisco Martín Moreno se equivocó, Andrés Manuel López Obrador y Beatriz Gutiérrez Müller también.

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Crea desconcierto el INEGI, porque “informa los resultados del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) para el lapso abril-junio de 2020. Este indicador de coyuntura ofrece un panorama sobre la evolución económica de las entidades federativas del país.

     “Durante el segundo trimestre de este año, todas las entidades federativas mostraron diminuciones con cifras desestacionalizadas respecto al trimestre inmediato anterior en su actividad económica; las caídas más significativas se observaron en: Quintana Roo, Baja California Sur, Puebla, Nayarit, Guanajuato, Morelos, Zacatecas, Guerrero, Querétaro, Coahuila de Zaragoza, San Luis Potosí, Aguascalientes y Nuevo León.

     “En su comparación anual, los estados que reportaron las mayores reducciones en su actividad económica fueron: Baja California Sur, Quintana Roo, Puebla, Coahuila de Zaragoza, Morelos, Aguascalientes, Nayarit y Querétaro, en el segundo trimestre de 2020”.

     Hasta aquí lo entiendo, y comprendo la preocupación de los gobernadores aliancistas. Pero lo que me deja de a seis, es que el viernes anuncian, con bombo y platillo, que hay un salto en la economía, que el PIB DISMINUYE sus pérdidas.

www.gregorioortega.blog                                       @OrtegaGregorio

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