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miércoles, julio 24, 2024

“La guerra en el Michoacán prehispánico”

Luis Alberto García / Morelia, Mich.

* Es la tesis doctoral de Ricardo Carbajal.
* La contraofensiva del cazonci Tzitzipandácuri.
* Conflictos bélicos, geopolíticos y religiosos.
* Rostros negros en honor de Apatzi, dios de la muerte.
* Zuanga rechazó al tlatoani Moctezuma II Xocoyótzin.

En su tesis doctoral editada y publicada por la Universidad de San Nicolás de Hidalgo en 2019, Ricardo Carbajal analiza detalladamente los acontecimientos que dieron nombre a su obra, La guerra en el Michoacán prehispánico.
En ella sostiene: “Tzitzipandácuri pronto realizó una contraofensiva e invadió el territorio ocupado por los mexicas, tomando Xicotitlán, Temascaltepec, Atlacomulco, Ixtlahuaca y Tollocan, hoy Toluca”.
Fue una experiencia bélica tal, que hizo que el gobernante fortaleciera aún más el límite con los señores de Tenochtitlán, conformando centros militares: en Cutzamala (actual Estado de Guerrero), donde el irecha purhépecha creó una guarnición de guerreros a la que llamó Apatzingani.
Como la mayoría de las guerras de ese tiempo, los conflictos geopolíticos entre mexicas y purhembes eran también enfrentamientos religiosos, cuando durante un periodo en que los guerreros de Mechuacan, desde Cutzmala, hostigaban a sus enemigos fortificados en Oztuma.
Lo hacían con los rostros pintados de negro para honrar a Apatzi (el dios de la muerte), permitiendo a otomíes y matlatzincas que habían sido expulsados de sus tierras por los mexicas, instalarse en la zona limítrofe con la condición de que ellos participaran en la defensa de sus tierras.
A partir de 1480, el gobernante Ahuizótl intensificó el conflicto con los purhes, principalmente en la Tierra Caliente, al apoyar los ataques al territorio con otros grupos étnicos aliados o subyugados por los mexicas como los matlatzincas, chontales y cuitlatecos.
Dirigidos por el irecha Zuanga, los michoaques repelieron los ataques del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, quien mandó un ejército comandado por el tlaxcalteca Tlahuicole, hasta que la expansión del imperio purhépecha se interrumpió la llegada de los españoles en 1519.
En La guerra en el Michoacán prehispánico, Carbajal enfatiza que, ante la presión mexica, los del imperio rival conformaron señoríos sumamente poderosos que estaban al servicio del cazonci que reinaba desde Tzintzuntzan.
El autor dice que el padre Pablo Beaumont identifica eso con la extensión total del imperio purhépecha, afirmación errónea -según Carbajal- al incluir los reinos de Collimán y Xalisco, en la parte más occidental de sus territorios.
“Las fronteras que cita Beaumont en su mapa Plano Etnográfico del Reino de Mechuacan y estados del Gran Cazontzi”, que se corresponden con las de esa confederación tenían límites que eran los siguientes:
“Comenzaban al sur del actual estado de Guerrero pasando por Atoyac, Tepecuacuilco e Iguala, pasando por Temascaltepec, Tlapujahua e Ixtlahuaca, luego iban hacia el norte pasando entre Querétaro y San Juan del Río, por la sierra de Xalpa, dando vuelta al noreste de Xichú hasta Apaseo.
“Luego continuaban por el río Lerma hasta Papasquiaro, de ahí hasta el noroeste a Rosario y Chiametla en Sinaloa, por lo que uno se puede percatar de las dimensiones geográficas de un imperio que, injustamente, no ha sido reconocido en su grandeza por los historiadores contemporáneos”.
El egresado de San Nicolás establece que, después de escuchar acerca de la caída del imperio mexica, el irecha Tangaxoán II Tzintzicha envió emisarios a los vencedores españoles, y algunos españoles se fueron con ellos a Tzintzuntzan, donde se presentaron e intercambiaron regalos.
Ellos regresaron con muestras de oro y la ambición desmedida de Hernán Cortés se despertó y es entonces cuando toma da decisión de mandar en 1522 a un contingente militar bajo el mando de Cristóbal de Olid fueron enviados a Tzintzuntzan en cuestión de días.
El ejército del cazonci contaba con miles de guerreros; pero en el momento crucial decidieron no luchar, así que Tanganxoán II Tzintzicha entregó el imperio a la Corona española, lo que le permitió mantener el trono en paz y en cierta autonomía.
Esto dio lugar a una extraña disposición en la que Cortés y Tanganxoán se considerarían gobernantes de Michoacán en los años siguientes hasta que, en 1530, Nuño de Guzmán asesinó al irecha; pero años antes, la población había rendido honores a los dos.
Años después, en 1529, desde Madrid formularon un juicio de residencia a Cortés, quien fue despojado del cargo de capitán general de la Nueva España y obligado a viajar a España para tratar de resolver ese asunto vergonzoso que empañaba su gloria y triunfos.
En tanto, Nuño de Guzmán, presidente de la Primera Audiencia de México, se había hecho del poder, y en 1529, ante la noticia de que Cortés volvería a México, partió hacia el occidente, lo que lo llevó a pasar por Michoacán y hacer justicia a su modo contra el irecha Tanganxoán II Tzintzicha.
Se alió con un noble, Pedro Cuinierángari, y el resultado fue un juicio sumario y la muerte de Tanganxoán II Tzintzicha, suceso infausto que dio inicio a un período de violencia e inestabilidad durante las siguientes décadas.
Los gobernantes purhépechas fueron instalados y manipulados por el régimen colonial español, y cuando Guzmán cayó en desgracia por su comportamiento inhumano, el obispo Vasco de Quiroga fue enviado a Michoacán para evangelizarlos.
En Pátzcuaro, el religioso se ganó pronto el respeto y la amistad de los nativos, que dejaron la idolatría y las hostilidades contra la hegemonía española, abriéndose así una nueva etapa en la historia del pueblo del misterio que no había sido vencido.

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