Los Románov: historias criminales jamás contadas

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Rajak B. Kadjieff / Moscú

 

*El destino de los asesinos del último zar y la familia imperial rusa.

*Yákov M. Yurovski respondía al Comité Político de los Urales.

*No hubo ningún castigo inmediato y todos quedaron impunes.

*Firmes convicciones ideológicas de revolucionarios que los mataron.

*El escenario escogido fue la casa Ipátiev de Ekaterinburgo.

 

La madrugada del 17 de julio de 1918 marcó el final de un imperio dinástico fundado por Mijaíl Románov en 1613, en espera de poco más de tres siglos para que se escribieran las páginas más siniestras, sangrientas y estremecedoras de la historia universal contemporánea.

En esta narración aparecen seres humanos que no lo parecían, fanatizados y llenos de odio político e ideológico que obedecieron a las señales de un tiempo violento e irracional teñido de resentimiento y males larvados de larguísima data.

Es el recuento de muchos daños y hechos con nombres y apellidos, realizados en lugares que transitaron los principales ejecutores de la familia Románov, liderados por alguien que se llamó  Yákov Mijáilovich Yurovski.

Comandaba y obedecía al Comité Político de los Urales, con órdenes precisas e inapelables de la superioridad omnímoda de los bolcheviques, sin que sufrieran castigo inmediato, puesto que la mayoría de ellos continuó sirviendo al nuevo régimen de los sóviets en cargos diversos y bien pagados.

Todos eran integrantes y militantes de un grupo en el cual estaba firme la convicción política-ideológica como un deseo de entrega a una revolución que arrasaría a un sistema despótico, insensible, anquilosado.

Se sabía que, mientras unos otros tuvieron muertes naturales, otros cayeron en desgracia durante las purgas estalinistas de la década de 1930, ocultando su participación en el regicidio de Ekaterinburgo.

¿Qué pasó con los ejecutores materiales y el destino de los cuerpos del zar Nicolás II, de su esposa Alejandra, de sus hijos, del doctor Evgueni Botkin y de dos acompañantes más, todos asesinados a tiros, golpes de bayoneta y cuchilladas, a excepción de “Joy”, el perro del zarevich Alexis?

Yákov Mijáilovich Yurovski, líder del pelotón de homicidas fue el principal responsable, quien tras la ejecución se encargó de la incineración y desaparición de los cuerpos en el bosque de Koptyakí.

Murió de causas naturales en 1938 como funcionario del régimen soviético del dictador Iósif Stalin, en tanto Pyotr Ermákov, otro de los ejecutores que remataron a las cuatro hijas de los zares a tiros de fusil y con bayonetas, se convirtió en figura destacada de la seguridad política en la región de los Urales y murió en 1950.

Nikolai Yermákov falleció debido a alguna enfermedad en la misma época, mientras el resto del pelotón -la mayoría de los guardias y enterradores- continuó sus carreras dentro de la policía secreta, la Cheka, o en el ejército rojo.

Hubo encubrimiento por parte del gobierno bolchevique que, está confirmado, ocultó la verdad durante décadas, difundiendo información falsa sobre la muerte de la familia del zar, lo que generó teorías de conspiración sobre supuestos supervivientes.

Sobre los restos y el lugar, hay testimonios de que los cuerpos fueron desnudados, mutilados con granadas y ácido, y enterrados en fosas comunes en un área conocida como Porosiónkov y en una mina cercana a ese sitio.

A principios de la década de 1980, Yuri Andrópov, entonces jefe del KGB y posteriormente máximo jerarca soviético, todavía escuchaba los testimonios grabados de los regicidas, según detalla la investigación; pero cuando el gobierno abrió una causa penal en 1993, nadie fue procesado debido a que los perpetradores ya estaban muertos.

La casa Ipátiev, donde ocurrió el crimen, fue demolida en 1977, y en ese lugar se construyó un templo para honrar a los Románov y a sus acompañantes, muertos esa madrugada de julio de 1918 en una ejecución sumaria, considerada una decisión política ejecutiva.

Los opositores al régimen bolchevique vencedor de la revolución de 1917, reconocieron que los hechos fueron impulsados por el deseo de venganza de Vladímir Ilich Uliánov, Yákov Sverdlov y sus seguidores en contra de la monarquía del pasado.

En 1918 los bolcheviques fusilaron y pretendieron ocultar los restos de los once asesinados -siete de ellos, miembros de la familia Romanov-, sabiéndose que los principales implicados en aquel pelotón de ejecución ostentaron con impunidad posiciones relevantes dentro de la jerarquía soviética.

Después del asesinato o regicidio de la familia Románov, no se sabe a ciencia cierta cuántos asesinos estuvieron involucrados en los acontecimientos, y según algunas versiones, fueron ocho los implicados en la masacre de la casa Ipatiev.

Los que desempeñaron un papel más importante en el pelotón de ejecución fueron Yákov Yurovski, Mijaíl Medvédev, Piotr Ermákov e Igor Kudrin, este último autor de unas memorias en las que describió detalles ocurridos la noche del asesinato colectivo.

Todos se sentían orgullosos de su papel en la historia, y hasta el final de sus vidas ostentaron altos cargos en la administración comunista y disfrutaron de posiciones privilegiadas en los círculos políticos y de influencia dentro de los gobiernos soviéticos.

En 1918, Yákov Mijáilovich Yurovski (1878-1938) mandaba en la casa Ipátiev, en Ekaterimburgo -Sverdlovsk, en tiempos soviéticos-, en donde se mantenía bajo arresto a la familia real, y fue quien dirigió al pelotón de fusilamiento que acabó con la vida del último emperador de Rusia, junto con su esposa y sus cinco hijos.

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