Costureras de los talleres de confección: igual que hace 41 años

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CIUDAD DE MÉXICO / SEMlac.- Como si el tiempo se hubiera detenido, hay talleres de costura en el centro de la Ciudad de México donde las obreras son encerradas y obligadas a trabajar, explotadas, con malos salarios, sin seguridad social , como sucedía hace más de 40 años, cuando los talleres formales y clandestinos se cayeron durante el sismo de 1985. Situación que se repite en otras entidades del país, como Jalisco.

El 76 por ciento de las mujeres empleadas en la industria de la confección del sector textil de México se encuentran en condiciones de informalidad frente a 53 por ciento de los hombres que están en la misma situación, mientras 77 por ciento de las trabajadoras no tiene acceso a las prestaciones de la seguridad social, viven acoso y violencia; jornadas extenuantes a las que se suma el trabajo no remunerado de cuidados, no conocen a sus sindicatos –“informalidad disfrazada de formalidad”–, según un estudio elaborado por la organización UNIDAS .

“Hay un ciclo de precarización en el que las costureras enfrentan múltiples barreras, a la vez que limita su estabilidad y desarrollo laboral”, afirmó Brando Fisher, del Think Thank Ethos Innovación en Políticas Públicas, en la presentación del informe en Ciudad de México.

El estudio titulado “Hilando el cambio”, financiado por la Unión Europea y elaborado por organismos como Ethos Innovación en Políticas Públicas, Oxfam México y la organización feminista Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDesc).

Todavía hay castigos como en 1985, cuando se descubrieron las condiciones laborales de estas mujeres trabajadoras, dice a SEMlac contundente el abogado laboralista Manuel Fuentes Muñiz, y lo confirmó una de las sobrevivientes del 19 de septiembre de 1985, Leticia Olvera, quien dice que a casi 41 años de la tragedia, las condiciones laborales de las costureras son idénticas.

En 1985 se reveló la explotación de las costureras y 600 de ellas quedaron bajo los escombros. Hoy tienen hasta un monumento, “La Costurera”, localizado en avenida San Antonio Abad y Manuel J. Othón, en la colonia Obrera, que el gobierno de la Ciudad de México calificó como Patrimonio Cultural e Histórico, como colofón de una cadena de “reconocimientos” en años recientes.

En esta industria de la moda, la indumentaria o los talleres de confección, siete de cada 10 mujeres trabajan en la informalidad y ganan 42 por ciento menos que los hombres.

Pese a que la industria de la indumentaria en México constituye un sector estratégico, tanto por su inserción en cadenas globales de valor como por su peso en la producción manufacturera nacional, el subsector se caracteriza por esquemas intensivos de trabajo, bajos salarios, acceso limitado a prestaciones y alta inestabilidad laboral.

Aquí las mujeres constituyen la mayoría de la fuerza laboral y enfrentan afectaciones diferenciadas, cuyas condiciones laborales permanecen, en gran medida, invisibilizadas en la agenda pública.

Las organizaciones que suscriben el informe presentaron recomendaciones de política pública dirigidas a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), al Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral (CFCRL), al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a la Secretaría de las Mujeres y a las empresas privadas.

Brandon Fischer, especialista en Inclusión y Desarrollo Sostenible de Ethos, afirmó que “reconocer el aporte de las mujeres al sector maquila-textil, y garantizar condiciones laborales justas para todas las mujeres, es una responsabilidad compartida que requiere el compromiso del gobierno, empresas, sindicatos, organizaciones y la sociedad.”

Mientras el ingreso promedio general de la industria es de 8.121 pesos mensuales, (472 dólares al mes, 118 dólares a la semana), las mujeres perciben en promedio 5.961 pesos, (346.05 dólares), frente a los 10,281 pesos (598 dólares) que reciben los hombres. La intermitencia de acceso al IMSS provoca la imposibilidad de consolidar un crédito de vivienda en el Infonavit debido a la alta rotación laboral.

En estas microempresas (talleres incluso “clandestinos” en domicilio), donde predominan la informalidad, la ausencia de contratos y de acceso a la seguridad social, así como los esquemas de pago a destajo, 89 por ciento de las personas que no perciben ninguna remuneración son mujeres. En todo el sector de la confección, la representación femenina en la toma de decisiones sigue siendo marginal, ocupando solo 3.83 por ciento de los cargos de dirección o supervisión.

Violencia y sobrecarga de cuidados
Por su parte, Norma Garduño, del Colectivo de mujeres Rosa Lexemburgo, denunció la precaria situación en estas maquilas, donde la producción no se detiene y a ellas no las dejan ni ir al baño, por lo que en ocasiones se ponen pañal. No cuentan con ninguna protección de sindicatos; las únicas que las apoyan, dijo, son las organizaciones civiles.

El documento detalla la normalización de múltiples formas de violencia de género: desde acoso y hostigamiento sexual, hasta discriminación por embarazo y despidos injustificados disfrazados de “renuncias voluntarias”. Las denuncias son casi inexistentes, debido al temor a represalias, a la ineficacia de los mecanismos internos de respuesta y la poca inspección laboral.

“No son las mujeres quienes deben adaptarse al trabajo; es el trabajo el que debe adaptarse a la vida, a la dignidad y a los derechos de las mujeres”, señaló Sonia Meza, integrante de la Colectiva de Mujeres Rosa Luxemburgo (CROL), durante el lanzamiento del informe.

Mientras, la Cámara Nacional de la Industria del Vestido asegura que hasta en los últimos ocho trimestres se han perdido aproximadamente 80.000 empleos, debido a la competencia desleal de países asiáticos y al contrabando de productos textiles, escribió la periodista Patricia Carrasco, en el diario La Prensa.

Según la información de INEGI, hay en el país más de un millón 74.026 trabajadoras formales de la costura, el 1.3 por ciento del personal ocupado formalmente en toda la manufactura nacional, y confirma que los salarios mensuales no llegan más que a 6.000 pesos (349 dólares, menos de 90 dólares semanales o 1.200 pesos mexicanos semanales).

Según datos oficiales de Data México, organización del gobierno federal, en un informe denominado Acerca de Sastres y Modistos, Costureras y Confeccionadores de Prendas de Vestir, durante el primer trimestre de 2026 eran 327.000 personas, cuyo salario promedio es de 5.000 pesos mensuales (577 dólares), trabajando alrededor de 58.4 horas a la semana.

Los mejores salarios promedio que recibieron Sastres y Modistos, Costureras Confeccionadores de Prendas de Vestir fueron en Nuevo León , Baja California y Jalisco, con 58 dólares a la semana más que el promedio; mientras que en el Estado de México, Puebla y Tlascala rebasan hasta en 116 dólares más a la semana.

El estudio gubernamental dice que ganan hasta entre 30 y 50 por ciento más las mujeres que trabajan en Salones y Clínicas de Belleza, en Baños Público, en las tiendas de venta de ropa, o quienes trabajan dando mantenimiento a los equipos electrónicos.

Ser mujer costurera
En entrevista trasmitida por a MVS Noticias, Mónica Corona, directora de Inclusión y Desarrollo Sostenible en ETOS, y Sonia Ramírez, integrante de la colectiva de Mujeres Rosa Luxemburgo, analizaron las carencias sistémicas que afectan a miles de trabajadoras, principalmente en el área de la maquila de confección.

Explicaron que la mayor desigualdad es en el salario, cuya brecha es casi la mitad del salario de los hombres por el mismo trabajo, pese a que la Constitución prohíbe desde 2025 la diferenciación salarial entre hombres y mujeres.

Lo que perciben las mujeres en la confección es una precariedad y se ve agravada por la falta de seguridad social. Mónica Corona señaló que no contar con el seguro social les impide a muchas trabajadoras cotizar para una pensión o acceder a una vivienda. Se halló en el estudio lo que llamaron las entrevistadas una “informalidad disfrazada de formalidad”, pues los contratos no reflejan las condiciones reales de trabajo.

La “triple jornada” y el impacto en la salud
La carga de trabajo para las mujeres no termina en la fábrica. Según las expertas, las trabajadoras de la confección dedican en promedio 52 horas a la semana al trabajo del hogar y cuidados, frente a las 36 horas que dedican los hombres.

“Las mujeres tenemos doble o triple jornada de trabajo”, explicó Sonia Ramírez, detallando que muchas deben optar por turnos nocturnos o especiales para poder cumplir con el cuidado de hijas, hijos y adultos mayores. Esta sobrecarga, sumada a las extensas jornadas en la maquila, deriva en: lesiones músculo-esqueléticas graves, estrés crónico y trayectorias laborales interrumpidas por la carga de cuidados.

Acoso y discriminación: violencia en el entorno laboral
El informe destaca que las costureras deben lidiar con acoso y hostigamiento sexual, así como discriminación por embarazo. Se reportaron casos de despidos injustificados que las empresas disfrazan como “renuncias voluntarias”, para evitar responsabilidades legales.

Las entrevistadas, parte de la elaboración del estudio, consideraron como ineficaces ciertas políticas públicas. Por ejemplo, en Ciudad Juárez se implementó un centro educativo (CESI) para apoyar a las trabajadoras, pero sus horarios no coinciden con las jornadas de la maquila y su ubicación resulta inaccesible para la mayoría.

¿Qué deben hacer las autoridades?
Ante la caída del 70 por ciento en las inspecciones laborales federales en los últimos años, las invitadas urgieron a tomar medidas inmediatas:

Secretaría del Trabajo: realizar inspecciones efectivas que combatan la subcontratación encubierta y los despidos injustificados.

IMSS y Centro Federal de Conciliación: garantizar que la seguridad social sea continua y el acceso a la justicia sea oportuno y justo.

Secretaría de las Mujeres: implementar políticas contra la violencia laboral y crear centros de cuidado infantil que se adapten a los horarios y realidades de las trabajadoras.
Sector Privado: formalizar contratos escritos reales y establecer protocolos estrictos para atender la violencia en los centros de trabajo.

“Se necesita que las instituciones que vigilen el cumplimiento de la ley y garanticen el acceso efectivo a la justicia laboral”, concluyó Sonia Ramírez, enfatizando que la dignidad de las trabajadoras debe ser la prioridad.

En 1985, las costureras en la Ciudad de México enfrentaban condiciones de extrema explotación y precariedad laboral, las cuales quedaron trágicamente al descubierto tras el devastador sismo del 19 de septiembre, que destruyó más de 800 talleres clandestinos y formales. Si se compara lo descubierto por Hilando el Cambio, se ve que nada ha cambiado.

Condiciones laborales en 1985
Falta de contratos estables: solo 18 por ciento de las trabajadoras tenía base fija (de planta), mientras que 51 por ciento dependía de contratos semanales.

Talleres clandestinos: cerca de la mitad de la producción de ropa se realizaba en espacios ocultos o inadecuados, ubicados en viejos edificios saturados de maquinaria pesada y rollos de tela.
Ausencia de derechos: la gran mayoría carecía de seguridad social y desconocía la función de un sindicato, con la creencia generalizada de que los líderes sindicales protegían a los patrones.

Abuso y encierro: en varios talleres las jornadas eran extenuantes y, según testimonios, los dueños cerraban las puertas con llave durante las horas de labor.

1985: La respuesta y organización
Surgimiento del sindicato: ante el abandono del Estado y de los patrones, las sobrevivientes se organizaron junto con figuras como Evangelina Corona y fundaron el Sindicato de Costureras 19 de Septiembre en octubre de 1985.

Lucha por la dignidad: este movimiento marcó un hito en la historia laboral de México al visibilizar los abusos en la industria textil y exigir indemnizaciones justas y condiciones de seguridad básicas. En poco tiempo fueron desarticuladas, como dijo Leticia Olvera, en declaraciones para esta información.
AM.MX/lm

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