Ofrece hijo de Pablo Escobar conferencia “Una historia para no repetir” en Cancún

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CANCÚN, Q.R.— Juan Pablo Escobar Henao, desde 1994 Juan Sebastián Marroquín Santos, hijo del narcotraficante más famoso de la historia, el colombiano Pablo Emilio Escobar Gaviria ofreció esta mañana la conferencia “Una historia para no repetir” ante aproximadamente mil estudiantes de secundaria y bachillerato en el gimnasio “Kuchil Baxal”.

En su charla, “que seguramente incidirá en el valor del perdón”, el arquitecto, diseñador industrial, escritor, pacifista y conferencista, llamó a la niñez y juventud cancunense a no dejarse llevar por la apología que se hace del narcotráfico, sobre todo hoy ante “la situación tan delicada de inseguridad y proliferación que se vive en Cancún”.

“Todo mundo pensaba que me iba a convertir en el Pablo Escobar 2.0, pero elegí un camino diferente”, recordó Juan Sebastián Marroquín, nombre que le dieron las autoridades colombianas para alejarlo del acecho de los muchos enemigos que dejó su padre, sobre todo de los integrantes del cártel de Cali y los de Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar).

“Lejos de seguir la carrera para la que me creían predestinado, me dedica a dictar conferencias para evitar que muchos quieran repetir esas historias por medio de la glorificación de la actividad criminal, sobre todo por el ejemplo imitador que pueden seguir los jóvenes, fascinados por las series centradas en la figura de Pablo Escobar y otros narcos”, dijo durante su exposición.

El primogénito del gran capo, acotó que su visita “tristemente sigue siendo con el mismo motivo: invitar a la niñez y a la juventud a no repetir esas historias, a la toma de conciencia frente a la ostentación que tienen cuando las organizaciones criminales les ofrecen lo que aparentan ser oportunidades”.

Durante su exposición, invitó a los concurrentes “a reconstruir, no a destruir ni a generar más violencia. Confío en que comprendan que esto es un genuino y sincero mensaje de paz. Esa es mi intención; La paz nos trasciende como personas, nos importa más que la seguridad. Tengo 32 años y hace 16 que vivo horas extras”, señaló Marroquín Santos, quien tenía 16 años cuando murió su padre.

El hijo varón de Escobar Gaviria, quien emigró a Buenos Aires, Argentina en 1995 junto con su madre María Isabel Santos Caballero (antes Victoria Henao Escobar), y su hermana Manuela, parece estar definitivamente alejado de la frase que pronunció de adolescente a una televisora, cuando se enteró de la muerte de su padre: “Yo mismo voy a matar a todos esos hijos de puta, malparidos”.

En su plática, añadió que el perdón es el comienzo de un proceso de liberación del ser humano:

“Mi esposa me ha marcado a lo largo de esta búsqueda; el odio nos ata al pasado, y al victimario también. Se perpetúa el dolor infinitamente y nos enfermamos de violencia, y yo no quiero estar ahí”.

Marroquín Santos aseguró a los niños y adolescentes presentes en el gimnasio que “en realidad, prestar oídos a las ofertas de los criminales es el camino para destruir su futuro; la intención es, con apoyo de las autoridades generar estas acciones de prevención para que por medio de testimonios reales como el mío puedan inspirarse para pacificar su entorno para el bien de la sociedad”.

Juan Sebastián visitó por primera vez Cancún hace cuatro años y medio, en septiembre de 2015, cuando en entrevista antes de presentar su libro “Pablo Escobar, mi padre”, en el que cuenta cómo vivió con su familia los peores años de la violencia generada por su padre, agradeció a los cancunenses su hospitalidad.

“Me llevo la belleza de sus paisajes, la de su gente, el carisma y la calidad de su gente; me siento en familia y Cancún y Quintana Roo siempre van a contar conmigo, y México para llevar mi mensaje de paz a todos los rincones. Creo que seguimos viviendo un clima de violencia generado por el narcotráfico no sólo en México, sino en Latinoamérica entera y no podemos claudicar; hay que hacer mucha tarea de prevención, Quiero evitar que los jóvenes sigan el ejemplo de mi padre y lo glorifiquen”, concluyó.